Los países del hemisferio norte pueden esperar olas de calor estivales más largas, así como más días consecutivos de lluvias intensas con consecuencias perjudiciales, si no se cumplen los objetivos acordados internacionalmente para limitar el calentamiento global, advirtieron los científicos el lunes (19 de agosto).
Un estudio publicado en la revista Nature Climate Change señala que si el mundo se calienta 2 grados Celsius (3,6 °F) por encima de los niveles preindustriales, los días más cálidos de lo habitual se agruparían, lo que prolongaría la duración de los futuros episodios de calor.
Las temperaturas globales ya han aumentado alrededor de 1 °C y se encaminan a un incremento de al menos 3 °C si los Estados reducen las emisiones que provocan el cambio climático de acuerdo con los planes que han formulado hasta ahora.
«Nuestro estudio reveló que, si el mundo se calienta 2 °C por encima de los niveles preindustriales, podríamos observar un cambio significativo en las condiciones meteorológicas estivales respecto de los patrones que conocemos hoy», afirmó el autor principal, Peter Pfleiderer, del grupo de investigación Climate Analytics y la Universidad Humboldt.
«Los fenómenos meteorológicos extremos serían más persistentes: los períodos cálidos y secos, así como los días consecutivos de lluvias intensas, se alargarían.»
A medida que las olas de calor y las sequías se prolonguen, los daños que causan a la salud, los ecosistemas, la agricultura y la economía aumentarán «significativamente», afirmaron los científicos, mientras que los múltiples días de lluvias intensas incrementan el riesgo de inundaciones graves.
En 2018, varios episodios de clima cálido y seco, cada uno de ellos de varias semanas de duración, provocaron pérdidas de trigo del 15 % en Alemania, señalaron.
Y en Estados Unidos, los últimos 12 meses han sido los más lluviosos registrados, con regiones centrales que han experimentado semanas de lluvias casi continuas que han inundado extensas zonas de tierras de cultivo.
Los investigadores comprobaron que, si las temperaturas aumentan 2 °C, la probabilidad de episodios de calor que duren más de dos semanas aumenta un 4 % en comparación con la actualidad en las latitudes medias del norte, que incluyen gran parte de Europa, Norteamérica y Asia Central y del Norte.
La probabilidad de al menos siete días consecutivos de lluvias intensas sería un 26 % superior en esa misma zona.
El coautor Carl-Friedrich Schleussner afirmó que el estudio demostró que limitar el calentamiento a 1,5 °C, el límite inferior que los gobiernos acordaron procurar alcanzar en el Acuerdo de París sobre el clima de 2015, reduciría «considerablemente» esos efectos, lo que pone de relieve la necesidad de una «acción urgente» para reducir aún más las emisiones que calientan el planeta.
El secretario general de la ONU, António Guterres, dio recientemente la voz de alarma ante nuevos datos que muestran que julio de 2019 fue el mes más cálido registrado. Instó a los líderes a asistir a una cumbre que él acogerá en septiembre, con propuestas concretas para reforzar la acción climática.
Las ciudades han sufrido olas de calor récord este verano en Europa, y varios países, desde Gran Bretaña hasta Alemania y Francia, han registrado nuevos máximos de temperatura.
Los Países Bajos informaron de casi 400 muertes adicionales debidas al calor extremo, que es especialmente peligroso para las personas mayores, los bebés y quienes padecen enfermedades preexistentes, como las cardiovasculares y la diabetes.
Planificación urbana
Roop Singh, del Centro Climático de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, afirmó que existe una «enorme laguna de investigación» sobre los niveles a partir de los cuales las temperaturas elevadas empiezan a afectar a la salud en contextos locales, especialmente en el mundo en desarrollo.
«Si no entendemos cómo el calor extremo afecta a las personas, resulta más difícil empezar a planificar frente a él y convencer a la gente (para que actúe)», declaró a los medios en una sesión informativa sobre las olas de calor y las ciudades celebrada la semana pasada.
El mes pasado, la Cruz Roja lanzó una guía para ayudar a las ciudades en rápida expansión a advertir a sus residentes de forma más eficaz cuando se prevea calor extremo y a reducir al mínimo los daños para la salud pública.
La guía insta a las ciudades a elaborar un plan de acción frente al calor y a adoptar medidas como abrir edificios públicos como «refugios frescos», habilitar líneas telefónicas de ayuda y visitar a las personas vulnerables en sus domicilios.
Se recomienda a las ciudades incorporar los riesgos de calor en sus planes urbanos a largo plazo, plantar más árboles para proporcionar sombra, pintar los tejados de los edificios en colores claros para reflejar mejor el calor y designar zonas libres de automóviles, entre otras medidas.
La Red Mundial de Información sobre Salud y Calor (GHHIN, por sus siglas en inglés), que reúne a organizaciones que trabajan en este problema, señaló que, a nivel nacional, solo alrededor de una cuarta parte de los países cuentan con planes de acción para limitar el impacto del calor en la salud.
Kate Strachan, responsable de cambio climático de la rama africana de ICLEI, organización que trabaja con los gobiernos locales en materia de sostenibilidad, afirmó que la mayoría de las ciudades de su región carecían de planes formales frente al calor.
No obstante, algunas, como Ciudad del Cabo, estaban introduciendo cambios más pequeños, como la instalación de fuentes de agua, aspersores y más árboles, señaló.
En el futuro, según añadió, los riesgos de calor deberían incorporarse a los planes nacionales de adaptación al cambio climático, y las ciudades necesitan nuevos enfoques para las zonas de barrios marginales, que hasta ahora han sido desatendidas y carecen de los recursos para hacer frente al aumento de las temperaturas.
Hunter Jones, de la GHHIN, afirmó que los científicos del clima prevén que las olas de calor no solo se volverán más intensas con el calentamiento global, sino que también durarán más y se producirán con mayor frecuencia, además de darse antes o después en la temporada de lo que ocurre actualmente.
«Todas estas cuestiones son motivo de preocupación y están empezando a causar más problemas, ya que estamos aumentando la intensidad y la duración de estas olas de calor», advirtió.




