A los océanos del mundo les falta el aliento. En los últimos 50 años, hemos perdido casi la mitad de nuestros arrecifes de coral y bosques de manglares, y las poblaciones marinas se han reducido a la mitad. Un tercio de las poblaciones mundiales de peces ya está agotado.
Si estas tendencias continúan, se estima que no quedarán poblaciones de peces para la pesca comercial en 2048 únicamente en la región de Asia-Pacífico. Para 2050, los océanos podrían contener más plástico que peces en peso y podría perderse el 90 % de los arrecifes de coral.
Se estima que la «economía azul», que incluye los medios de vida y otros beneficios económicos derivados de los océanos, representa entre 3 y 6 billones de dólares al año en todo el mundo. Los océanos contribuyen significativamente al producto interno bruto de muchos países en desarrollo: hasta un 13 % en Indonesia y un 19 % en Viet Nam.
Treinta y cuatro millones de personas en la región de Asia-Pacífico se dedican a la pesca comercial. Tan solo en el Sudeste Asiático, el valor de las exportaciones del pescado capturado en 2015 fue de 19.500 millones de dólares. Sin embargo, el coste de la sobrepesca supera con creces esa cifra. En 2012, la sobrepesca redujo en 83.000 millones de dólares el beneficio neto agregado de la pesca mundial, y dos tercios de esta pérdida se produjeron en Asia.
Un plan de rescate integral «desde el origen hasta el mar»
Con el futuro de tantas economías y medios de vida en juego, salvar nuestros océanos degradados es un desafío clave para el desarrollo. El deterioro de la salud de los océanos del mundo no afecta únicamente a una industria, un país o un sector; representa una amenaza para todo el planeta y para quienes lo habitan. Por tanto, la solución también debe ser amplia y de gran alcance.
Esto requiere estrategias que abarquen múltiples sectores y países de la región, con un enfoque integral «desde el origen hasta el mar». Los gobiernos, las ONG, las empresas y otras partes interesadas deben hacer su parte. Esto incluye reducir la contaminación marina desde su origen y, al mismo tiempo, proteger y restaurar los ecosistemas costeros y marinos, así como los ríos.
Es necesario crear oportunidades alternativas de medios de vida y de negocio. Ya es hora de modernizar la infraestructura portuaria y costera. Se necesitan urgentemente infraestructuras respetuosas con los océanos, como sistemas integrados de gestión de residuos sólidos, instalaciones portuarias ecológicamente sensibles y tratamiento de aguas residuales y efluentes municipales e industriales. También son cruciales las empresas agroindustriales sostenibles que reduzcan la escorrentía de fertilizantes, agroquímicos y residuos, así como la erosión del suelo, junto con un sector acuícola sostenible.
Atraer el volumen de financiación necesario
El principal desafío para aplicar estas soluciones de gran alcance es la financiación. Se necesitan inversiones a gran escala para respaldar estos proyectos, y el sector privado es la única fuente con los ingentes recursos financieros necesarios. Sin embargo, puede ser difícil atraer a inversores privados para proyectos relacionados con la salud de los océanos.
El sector privado necesita obtener un rendimiento de su inversión, que suele lograrse mediante el cobro a una base de «usuarios», ya sean beneficiarios o contaminadores. Sin embargo, como ocurre con otros bienes públicos mundiales, a menudo es imposible asignar cargos directos a un proyecto (por ejemplo, los destinados a combatir la erosión costera) porque no se ha identificado una base de usuarios. Además, cuando se pueden aplicar cargos a los usuarios, su cuantía está limitada por consideraciones de asequibilidad, como sucede en los proyectos municipales de aguas residuales. Esto da lugar a un modelo de ingresos volátil o, como mínimo, incierto, lo que reduce la viabilidad financiera y limita los flujos de capital privado.
Los «fondos azules» tienen un enorme potencial para ayudar a superar estos desafíos. Organizados por gobiernos o instituciones de financiación del desarrollo, podrían proporcionar a los proyectos el refuerzo crediticio tan necesario en forma de «créditos azules». Estos créditos son similares a los créditos de carbono, ya que ofrecen respaldo a los ingresos basado en el valor de los costes evitados al llevar a cabo un proyecto de gran impacto. Estos fondos también podrían respaldar la emisión, por parte de los promotores de los proyectos subyacentes, de bonos azules más solventes para captar capital competitivo a largo plazo en los mercados.
Los bancos multilaterales de desarrollo pueden contribuir elaborando criterios para seleccionar proyectos azules y marcos normativos, creando instrumentos y productos financieros, fondos azules u otros mecanismos financieros similares, movilizando financiación en condiciones favorables y preparando carteras de proyectos financiables.
La financiación verde ya ha allanado el camino que puede seguir la financiación azul. Los instrumentos verdes buscan agrupar proyectos para diversificar los riesgos y ampliar el acceso a la financiación mediante la captación de capital en los mercados a través de acciones y bonos verdes. Al mejorar la viabilidad financiera de un proyecto, estos instrumentos pueden fomentar el aumento de las inversiones en energías renovables, reforestación, gestión de cuencas hidrográficas, calidad del aire y transporte limpio.
Las inversiones en financiación azul pueden marcar la diferencia
El Banco Asiático de Desarrollo (ADB) ha emitido bonos por valor de 2.200 millones de dólares en bonos verdes desde 2010. Con apoyo adicional, las inversiones azules pueden tener un éxito similar. Dada la urgencia y la magnitud del problema, estas inversiones deben cobrar impulso rápidamente. Aún no se conocen bien y actualmente se perciben como lentas y arriesgadas, por lo que podrían pasar décadas antes de que sus beneficios para la conservación se materialicen, verifiquen y moneticen.
Pero hay motivos para esperar que no haga falta tanto tiempo. Los fondos azules ofrecen una manera de colaborar con los gobiernos para mejorar los perfiles de riesgo y rentabilidad de los proyectos y estructurar productos de inversión agrupados que permitan movilizar capital privado. Para que la financiación azul se generalice, es necesario convencer a los gobiernos y al público en general de la urgencia de financiar proyectos que apoyen la salud de los océanos. Los socios para el desarrollo, como el ADB, pueden ayudar a cuantificar los costes y beneficios reales de las inversiones azules tanto para los gobiernos como para el sector privado. A medida que se comprendan mejor estos beneficios, esperamos que haya más disposición a financiar los costes asociados.
El conocimiento local de las organizaciones de desarrollo, así como sus sólidas relaciones con los gobiernos nacionales y municipales y otros socios para el desarrollo, será fundamental para garantizar que se realicen las inversiones azules adecuadas en la región. Por eso, el ADB ha puesto en marcha un nuevo Plan de Acción para unos Océanos Saludables y unas Economías Azules Sostenibles.
La limpieza a fondo de nuestros océanos es una tarea enorme, y su coste será igualmente elevado. La financiación azul ofrece una manera de repartir el coste de estas iniciativas, pero debemos actuar ahora, mientras aún estamos a tiempo.




