Muchas variedades de bambú están listas para cosecharse en tres años y, a medida que crece, absorbe carbono de la atmósfera; una hectárea de bambú secuestra unas 17 toneladas de carbono al año.
A diferencia de los materiales de construcción convencionales, como el hormigón y el acero, que emiten toneladas de carbono durante su fabricación, el bambú sigue almacenando gran parte de su carbono incluso cuando se convierte en edificios, puentes y muebles.
El bambú es un material de construcción duradero, asequible, sostenible y atractivo que forma parte del Climate Smart Forest Economy Program.
El bambú, oficialmente una hierba, es la planta de crecimiento más rápido del planeta. Muchas variedades están listas para cosecharse en tan solo tres años; se cortan hasta la base, desde donde vuelven a brotar. A medida que crece, el bambú absorbe carbono de la atmósfera; una hectárea de bambú secuestra unas 17 toneladas de carbono al año. Y, lo que es fundamental, a diferencia de los materiales de construcción convencionales, como el hormigón y el acero, que emiten toneladas de carbono durante su fabricación, el bambú sigue almacenando gran parte de su carbono incluso cuando se convierte en edificios, puentes y muebles.
El Banco Mundial prevé que la población urbana mundial aumentará un 150 % para 2045. La demanda de vivienda en estas zonas crecerá en proporción. Por ello, muchos países con poblaciones urbanas en rápido crecimiento están fomentando el uso de materiales sostenibles de origen biológico, como el bambú, en la construcción. Si se gestiona adecuadamente, el bambú puede ayudar a satisfacer parte de la demanda de viviendas asequibles y dignas y, si se cultiva y cosecha de forma sostenible, contribuir también a los objetivos de cero emisiones netas.
El bambú es un material de construcción duradero, asequible y atractivo
El bambú también tiene otras propiedades que lo hacen tan atractivo como los materiales de construcción habituales, o incluso más. Es barato y ligero, por lo que es más fácil de transportar y más seguro para trabajar. Además, como sus fibras son extremadamente resistentes, puede alcanzar una resistencia a la tracción muy elevada.
Quizá resulte sorprendente, pero, debido a su alto contenido de agua, el bambú también tiene una resistencia natural al fuego. Los tratamientos orgánicos mejoran esta resistencia y le permiten soportar temperaturas de hasta 400 grados Celsius. También resiste condiciones meteorológicas extremas.
Viviendas de bambú resistentes al cambio climático
El Climate Smart Forest Economy Program trabaja en varias iniciativas Breakthrough que promueven el uso de bambú sostenible en la construcción. Una de ellas, CASSA en Guatemala, está creando un kit de herramientas de bricolaje para construir viviendas de bambú asequibles. Cada vivienda está diseñada para resistir los efectos del cambio climático, y cuando la tormenta tropical Julia azotó la zona en octubre de 2022, demostró estar preparada para ello.
«Las casas de bambú de CASSA fueron algunas de las pocas que quedaron intactas tras la tormenta. Las estructuras de bambú resistieron los vientos extraordinariamente fuertes y, como están construidas sobre pilotes, no se inundaron», explica Kagisho Koza, consultor de la firma de asesoría estratégica Dalberg Advisors, quien está adscrito al CSFEP.

El bambú se utiliza en todo el mundo. Otra iniciativa Breakthrough, en colaboración con la Aga Khan Agency for Habitat en India, busca ahora diversificar sus materiales de construcción, pasando de la madera maciza a incluir el bambú. Por su parte, African Bamboo, una iniciativa Breakthrough etíope, está creando elementos decorativos de bambú para viviendas, como suelos, revestimientos y tarimas, y experimenta con el bambú de ingeniería.
Convertir el bambú en un material de construcción mundial
A medida que se materializan más proyectos de bambú a pequeña escala con buenos resultados, otros países podrían animarse a poner en marcha sus industrias del bambú y crear una cadena de valor sostenible. Hay indicios de que esto empieza a ocurrir. China convirtió el desarrollo de su industria del bambú en una prioridad nacional en 2012. Para impulsar la comercialización del bambú, Kenia lo clasificó como cultivo en 2020. Y Etiopía espera convertirse en el principal productor de bambú de África para 2030, con un plan ambiental estratégico que promueve las plantaciones de bambú y respalda las actividades que añaden valor.
Crear una industria sostenible del bambú
Las iniciativas Breakthrough están diseñadas para apoyar economías forestales locales inteligentes desde el punto de vista climático, a fin de que alcancen todo su potencial climático y contribuyan a una economía forestal mundial sostenible. Por ejemplo, se espera que, en cinco años, las cuatro hectáreas de plantaciones de bambú que abastecen a CASSA produzcan suficiente bambú sostenible para construir 40 viviendas al año, además de generar empleo y formación para la comunidad local y tener un impacto climático positivo.
«Las personas a las que formamos para construir viviendas han ofrecido su tiempo y sus conocimientos para ayudar a construir nuevas viviendas de bambú resistentes al cambio climático para otras dos familias cuyas casas quedaron inhabitables a causa de la tormenta tropical Julia. Estamos convencidos de que una economía forestal del bambú inteligente desde el punto de vista climático ayudará a transformar Punta Brava en un referente de acción climática. Utilizaremos este maravilloso material de construcción con balance negativo de carbono para construir una comunidad resiliente al clima, donde vivir en un mundo más cálido y turbulento», afirma Tono Aguilar, presidente de CASSA.
Koza añade: «Ayudamos a todas nuestras iniciativas Breakthrough con la contabilidad del carbono. Les ayudamos a calcular los beneficios climáticos positivos netos de sus programas, a garantizar que no haya consecuencias negativas involuntarias para el medioambiente, los ecosistemas o las comunidades locales, y a comprender claramente las posibles estrategias de mitigación».
El apoyo del CSFEP se centra en zonas donde el bambú crece de forma autóctona. Por ejemplo, gran parte del bambú que utiliza African Bamboo procede del bosque de Sidama, en las tierras altas de Etiopía. En Guatemala, en cambio, las plantaciones de bambú se establecen en terrenos degradados.
«Ayudamos a nuestros socios locales a garantizar que su trabajo sea inteligente desde el punto de vista climático. Para ello, incorporamos a un evaluador externo que examina la situación sobre el terreno, recomienda las especies de bambú más adecuadas para el entorno local y las condiciones del suelo, y asesora sobre cómo mantener la planta bajo control, porque puede ser invasiva si su diseño y gestión son inadecuados», afirma Koza. «Apoyamos a nuestros socios locales e intentamos abarcar todos los aspectos de la cadena de suministro del bambú para garantizar que sea sostenible y siga aportando beneficios».



