Los métodos convencionales de acuicultura oceánica pueden dañar los ecosistemas y contaminar el agua.
La permacultura es un conjunto de principios para crear sistemas alimentarios sostenibles que funcionan en armonía con la naturaleza.
Entre los posibles beneficios de la permacultura marina se encuentran la restauración de ecosistemas, la reducción de la contaminación y el empoderamiento de las comunidades locales.
A medida que los peces silvestres y otras especies marinas escasean por la sobrepesca y crece la demanda de ‘alimentos azules’ en todo el mundo, la acuicultura oceánica crece rápidamente. Hoy se cultivan ampliamente peces, algas kelp, langostinos, ostras y muchas otras especies. El mundo ya consume más productos marinos de cultivo que de captura silvestre.
Estas granjas están proliferando en las costas y en aguas oceánicas de todo el mundo. Los australianos conocen bien la industria del salmón de Tasmania, las granjas de ostras de Nueva Gales del Sur y las granjas de algas a lo largo de la costa sur. La acuicultura ya es mayor que la pesca en Australia. La explotación marina se considera una fuente vital de alimentos y biomasa, esencial para reducir el daño que causamos a nuestros océanos y para ayudar a alimentar a una población en crecimiento.
Sin embargo, la pujante “economía azul” no es una panacea. Las granjas de peces pueden contaminar el agua. Los manglares suelen talarse para dar paso a granjas de langostinos. Las soluciones de hoy podrían convertirse en problemas del futuro. No podemos simplemente pasar de una forma de explotación ambiental a otra.
Existe una alternativa: la permacultura. Este enfoque ha demostrado su eficacia en tierra firme como forma de combinar la agricultura con ecosistemas sanos. ¿Y si pudiera hacer lo mismo en el agua?
Mejorar la acuicultura
Muchos de los problemas más acuciantes de la actualidad, desde el cambio climático hasta la pérdida de biodiversidad y la contaminación, están vinculados a la forma en que producimos alimentos en tierra firme. Crear nuevas tierras de cultivo suele implicar eliminar hábitats, destruir árboles y añadir fertilizantes y plaguicidas sintéticos.
Desde que la humanidad comenzó a cultivar hace unos 12.000 años, hemos ampliado nuestra actividad hasta el punto de que ahora controlamos activamente alrededor del 70 % de la superficie terrestre libre de hielo de la Tierra para producir alimentos, construir ciudades y otros muchos usos.
En tierra, somos agricultores que cuidan especies domesticadas. Pero en el mar hemos sido cazadores que buscan poblaciones silvestres. Ahora, los mares deben cultivarse. Deberíamos hacerlo de forma que no dañe estos ecosistemas.
No podemos permitirnos aplicar en los océanos los mismos métodos intensivos de cultivo que hemos aplicado en tierra. Dado el deterioro en que se encuentran ya muchos sistemas oceánicos del mundo por la sobrepesca, las floraciones de algas provocadas por el exceso de nutrientes y la pérdida de hábitats, hay muy poco margen de error.

¿Qué es la permacultura marina?
La permacultura, tal como la conocemos, se desarrolló en la década de 1960 por los australianos Bill Mollison y David Holmgren. Este último es coautor de la investigación en la que se basa este artículo.
El objetivo era sencillo: crear formas de cultivo que beneficien al suelo y a los ecosistemas, utilizando herramientas como la agricultura sin labranza, los cultivos asociados y los bosques comestibles. En los últimos 50 años, agricultores de todo el mundo las han adoptado.
La permacultura se articula en torno a tres éticas –el cuidado de la Tierra, el cuidado de las personas y el reparto justo–, cuyo objetivo es generar beneficios y distribuir los costes de forma equitativa entre las personas y la naturaleza.
Entonces, ¿cómo sería la permacultura de los mares? Aunque aún no se ha articulado por completo, muchos avances recientes en la producción y la gobernanza oceánicas guardan fuertes paralelismos con el trabajo que los practicantes de la permacultura llevan décadas realizando.
Muchos creen ahora que los sistemas de acuicultura pueden no solo tener un bajo impacto, sino también contribuir a restaurar ecosistemas perdidos o dañados. Imaginemos granjas de ostras que recuperen lentamente los arrecifes naturales de ostras que en otro tiempo cubrían las aguas costeras poco profundas, o granjas de langostinos rodeadas de manglares en regeneración que protejan la costa de la erosión.
Existen fuertes paralelismos entre el enfoque de ciclo cerrado que aplica la permacultura en tierra y un enfoque emergente de cultivo marino denominado acuicultura multitrófica integrada. En este enfoque, especies con distintas funciones ecológicas se cultivan juntas, lo que produce más alimentos en la explotación y fortalece los servicios ecosistémicos naturales.
En estos sistemas, los residuos alimentarios de los consumidores son reciclados por algas y moluscos, que a su vez proporcionan alimento y hábitat a las especies de peces de cultivo. Si el diseño es adecuado, estos beneficios se extienden más allá de la granja.
La influencia de la permacultura también se aprecia en el diseño inspirado en la naturaleza y el biomimetismo, que utiliza formas naturales para potenciar la naturaleza. Entre los trabajos australianos en este ámbito figuran los esfuerzos por restaurar arrecifes rocosos mediante la creación de estructuras con los recovecos y huecos que necesitan los pequeños organismos marinos.

Desde la base
En la actualidad, un puñado de empresas tiene un nivel de control desproporcionadamente alto sobre la pesca y la acuicultura. En parte, esto se debe a que los superarrastreros, barcos nodriza, y las grandes granjas de peces en aguas oceánicas abiertas son costosas.
Si, en cambio, adoptáramos un enfoque de permacultura marina para la economía azul, buscaríamos devolver el poder a las personas que viven y trabajan en la orilla del agua, una versión de la permacultura equivalente a la pesca artesanal.
Un enfoque localizado de la acuicultura tiene un beneficio real. Las personas y las comunidades podrían desarrollar sus propias versiones de la permacultura marina que funcionen en su zona, adoptando soluciones de diseño utilizadas en otros lugares o simplemente experimentando y ensayando.
Si algo no funciona o genera consecuencias en cadena, la gente puede observar lo que ocurre y responder con rapidez.
Las granjas marinas de pequeña escala tienen menos probabilidades de causar daños y, además, deberían aumentar la resiliencia invirtiendo en beneficios sociales y ambientales locales.
¿Cómo hacemos realidad esto?
Por su parte, los gobiernos pueden contribuir creando marcos normativos que fomenten a los productores de pequeña escala, especialmente a aquellos capaces de demostrar resultados sociales y ecológicos positivos.
Los gobiernos tienen un papel esencial en la elaboración de planes integrales de ordenación espacial para orientar la acuicultura en una zona o región. Esto es importante, ya que elimina la incertidumbre y evita conflictos entre distintos usos.
Los investigadores pueden contribuir desarrollando medidas de éxito y probando nuevas técnicas que orienten a las nuevas comunidades que se formarán para cultivar el mar.
Durante el último medio siglo, la permacultura en tierra firme se ha convertido en un movimiento diverso que desafía la sabiduría convencional sobre cómo producir alimentos.
Necesitaremos esa misma energía creativa e intensa para hacer realidad la permacultura marina. Es perfectamente posible diseñar paisajes marinos productores de alimentos que devuelvan al mar lo que le quitan, al tiempo que permiten a los pequeños productores marinos prosperar.



