Los conductores de estas ciudades pasan más de 8 días al año atrapados en el tráfico

Cars and public buses are seen in a traffic jam along a main street ahead of local elections in Bogota, October 20, 2015. The local elections in Colombia will be held on Sunday October 25 amid outrage over chaotic transport, increased insecurity, dirty streets and corruption in the capital. Picture taken on October 20, 2015. REUTERS/Jose Miguel Gomez - GF20000028264
Traffic piles up on Bogota, the world's most congested city.Image: REUTERS/Jose Miguel Gomez
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Pregunte a cualquier conductor por la congestión del tráfico y le contará historias de largas colas, tiempo perdido y frustración creciente. Es un problema mundial: algunas de las grandes ciudades del planeta también albergan algunos de los mayores atascos.

Una de las peores ciudades del mundo en cuanto a congestión del tráfico y tiempo perdido es la capital colombiana, Bogotá, donde el año pasado los conductores pasaron una media de 272 horas atrapados en el tráfico.

Los conductores de Roma perdieron 254 horas por la congestión, lo que la convierte en el mejor lugar de Europa para quien quiera perder el tiempo sentado en un atasco. Dublín le sigue de cerca, algo que probablemente solo sorprenda a quienes nunca han vivido la hora punta en la capital irlandesa; allí, los conductores perdieron 246 horas debido al tráfico parado.

Según el INRIX 2018 Global Traffic Scorecard, que analizó datos de 200 ciudades de 38 países de Europa y América, estos fueron en 2018 los tres peores lugares para conducir con prisa.

Image: INRIX/Statista

Europa es un foco de congestión del tráfico, en gran medida porque la mayor parte de su territorio se desarrolló antes de la era del automóvil. Los centros urbanos densamente poblados, las calles que se cruzan en múltiples direcciones y las distintas normativas de planificación han hecho que muchas localidades y ciudades se expandan más allá de la capacidad de sus redes viarias. El sistema en cuadrícula que estructura las calles de la mayoría de las ciudades estadounidenses ofrece un interesante punto de comparación.

El gran volumen de tráfico es responsable de una elevada contaminación atmosférica, una situación que la congestión agrava: las colas de vehículos con el motor al ralentí emiten gases nocivos durante más tiempo. Los gases de escape diésel son uno de los principales factores de la contaminación atmosférica peligrosa, pues contienen, entre otros contaminantes, óxido de nitrógeno, dióxido de nitrógeno, monóxido de carbono, dióxido de carbono, hidrocarburos y aldehídos.

En toda Europa, se calcula que los costes sanitarios de la contaminación atmosférica relacionada con la congestión ascienden a unos 79.000 millones de dólares. Esa cifra incluye la pérdida de productividad, el diagnóstico y tratamiento de enfermedades y la inversión en iniciativas de salud pública.

Por suerte, aunque en algunas de sus ciudades los atascos son cada vez mayores, Europa está a la vanguardia de diversas medidas progresistas para que la gente deje el coche y opte por alternativas como el transporte público y la bicicleta. Así se reducen la congestión y la contaminación, se acortan los desplazamientos al trabajo y mejora la salud de las personas. En Copenhague, la capital danesa, hay más de cinco bicicletas por cada coche y casi un tercio de todos los trayectos por la ciudad se hacen en bicicleta.

China también ha estado abordando el problema de la congestión del tráfico, aunque con un enfoque más tecnológico. En la ciudad de Hangzhou, un sistema de gestión del tráfico impulsado por inteligencia artificial mantiene la circulación fluida. «City Brain», desarrollado por Alibaba, utiliza datos de cámaras y plataformas sociales para supervisar el flujo del tráfico. Hangzhou solía estar entre las cinco ciudades chinas más congestionadas. En el último recuento, había caído hasta el puesto 57 de la clasificación.

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