El innovador modelo de financiación climática que ha protegido más de 120 millones de hectáreas de ecosistemas

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  • Es necesario duplicar la financiación climática para proteger la naturaleza.

  • El modelo Project Finance for Permanence (PFP) ofrece más garantías a los inversores de que los gobiernos cumplirán sus compromisos ambientales.

  • El PFP ARPA for Life de Brasil, que protege 62 millones de hectáreas en la Amazonía, demuestra el potencial a largo plazo del modelo.

Cada vez más gobiernos de todo el mundo reconocen que las agendas del clima y de la pérdida de naturaleza están indisolublemente entrelazadas. Una no puede resolverse sin la otra. El desafío es la financiación.

La financiación anual para iniciativas positivas para la naturaleza se sitúa entre $124 000 millones y $143 000 millones de todas las fuentes. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente pide duplicar los flujos de financiación para restaurar la naturaleza de la que todos dependemos. Esto solo será posible apoyando compromisos ambiciosos a nivel internacional, nacional y comunitario, y combinando todos los tipos de financiación: pública y privada, nacional e internacional, y nuevos modelos de financiación innovadores, incluidas soluciones de carbono de alta calidad basadas en la naturaleza, la reestructuración de la deuda y los pagos por servicios ecosistémicos. Mientras todos los actores públicos y privados movilizan más recursos financieros, todos los gobiernos deberían revertir, eliminar y suprimir gradualmente los incentivos perversos, subsidios y políticas que son perjudiciales para la biodiversidad. Hacerlo reduciría sustancialmente el coste de la conservación y la restauración.

Observamos que se otorga un valor especial a las iniciativas arraigadas en lugares y comunidades, que respaldan el liderazgo y los derechos locales y que se evalúan con mecanismos basados en resultados y con una rendición de cuentas real.

Consideremos algunas de las plataformas de clima y naturaleza más recientes que están ganando impulso a nivel mundial. Tomemos, por ejemplo, la Alianza de Líderes Forestales y Climáticos, lanzada el año pasado en la COP27 para ayudar a cumplir un compromiso de 145 países de detener y revertir la pérdida de bosques para 2030, con Estados Unidos y Ghana como copresidentes este año. Hace hincapié en la rendición de cuentas y en los informes anuales con evaluaciones independientes de los avances hacia los objetivos de la alianza.

Un modelo de financiación climática que funciona

En la cumbre de París del mes pasado para un nuevo Pacto Financiero Mundial, un conjunto de líderes mundiales pidió un uso nuevo y ampliado de instrumentos financieros creativos. Estos abarcan desde soluciones basadas en la naturaleza de alta integridad y confianza, hasta la reestructuración de la deuda para aliviar la carga que supone para los países en desarrollo y convertirla en un flujo de financiación para la conservación, pasando por los pagos por servicios ecosistémicos, y más.

Estamos entusiasmados con un modelo en particular: Project Finance for Permanence (PFP). El PFP es una herramienta que permite a los gobiernos y a las comunidades locales, en colaboración con financiadores y ONG, aprovechar un conjunto de instrumentos financieros y asegurar una gestión y una financiación a largo plazo para redes de áreas de conservación. Están diseñados para resistir los cambios en el liderazgo nacional y se adaptan al contexto social, político y ambiental de cada lugar concreto.

Así funcionan habitualmente los acuerdos PFP. Un gobierno nacional presenta a los inversores un plan para gestionar de forma eficaz sus áreas protegidas. Los inversores crean entonces un «fondo puente» para ayudar al gobierno a asumir gradualmente el coste total de la conservación durante un período de al menos 10 años. El gobierno debe alcanzar una serie de hitos basados en el desempeño para seguir recibiendo fondos. El fondo no entra en vigor hasta que los inversores reúnen compromisos suficientes para cubrir la brecha de financiación del gobierno, lo que significa que ningún inversor corre el riesgo de respaldar un plan destinado a quedarse por debajo de su objetivo, y que el gobierno sabe que cuenta con financiación fiable mientras siga cumpliendo los hitos.

Este modelo ya se ha aplicado a iniciativas de conservación en Bután, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica y Perú. En conjunto, estos proyectos han financiado la protección de más de 120 millones de hectáreas, en beneficio de las comunidades locales, la biodiversidad y el clima.

Nuevas pruebas de resultados

La prueba más llamativa de la durabilidad del modelo PFP procede de Brasil. Allí, un PFP llamado ARPA for Life, puesto en marcha en 2014 para financiar el Programa de Áreas Protegidas de la Región Amazónica ha resistido los cambios políticos a lo largo del tiempo. El programa abarca 62 millones de hectáreas en la Amazonía, una superficie mayor que Francia. Esto lo convierte en la mayor iniciativa del mundo para la conservación de los bosques tropicales. El acuerdo PFP establecido en 2014 aportó 215 millones de dólares para garantizar la protección a largo plazo de las áreas de conservación incluidas en ARPA. Es la columna vertebral de la conservación en todo el país, lo que permite que el valor de la naturaleza esté por encima de las visiones políticas partidistas. Garantizó que el orgullo soberano que las comunidades sienten por sus grandes ecosistemas perdurara a través de las elecciones y de los cambios en las prioridades políticas.

Según un estudio reciente publicado en la revista Biological Conservation y realizado por investigadores de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), WWF-Brasil, el Fondo Brasileño para la Biodiversidad (FUNBIO) y la Universidad de Bonn, importantes zonas de la Amazonía brasileña han seguido registrando niveles más bajos de deforestación pese a las enormes presiones y amenazas. Los autores analizan el impacto del programa ARPA en la reducción de la deforestación y en la evitación de emisiones de CO2 en la Amazonía brasileña entre 2008 y 2020.

El estudio revela que, durante el período supervisado, las áreas protegidas y las tierras indígenas de la Amazonía redujeron la deforestación en un 21 % (según la diferencia entre la deforestación observada y la deforestación estimada que se habría producido si las zonas no hubieran estado protegidas). Las áreas protegidas respaldadas por ARPA evitaron casi 260 000 hectáreas de deforestación. Esto equivale a evitar 104 millones de toneladas de emisiones de CO2, cifra aproximadamente equivalente a las emisiones totales de Bélgica en 2021.

El secreto para lograr esta constancia es la combinación de compromisos gubernamentales, las condiciones correspondientes de cierre y desembolso de fondos y una institución brasileña local dinámica, FUNBIO, que custodia los fondos y los desembolsa en función del avance a lo largo del tiempo, no solo de la protección de la naturaleza, sino también de la provisión de beneficios, recursos y empleos para las comunidades locales.

Escalar para proteger la naturaleza

El Foro Económico Mundial estima que la transición hacia una economía positiva para la naturaleza podría generar oportunidades empresariales anuales por valor de 10 billones de dólares y crear 395 millones de empleos para 2030. Lo que necesitamos es diseñar e implementar mecanismos financieros innovadores que ayuden a asegurar paisajes y ecosistemas marinos a la escala necesaria para hacer realidad estos beneficios. Ha llegado el momento de ampliar los mecanismos basados en el desempeño, como los PFP, y plataformas como la alianza Enduring Earth se han establecido para ayudar. Nuestras organizaciones están dispuestas a colaborar con líderes nacionales interesados en proteger su patrimonio natural.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial frente al cambio climático?

Si trabajamos con socios gubernamentales dispuestos a poner en marcha estos acuerdos, estamos más seguros que nunca de que resistirán la prueba del tiempo. Y, en última instancia, lograremos los resultados a largo plazo necesarios para proteger la naturaleza y revertir la crisis climática.

Este texto representa una visión compartida de los siguientes líderes mundiales en conservación: Carter Roberts, presidente y director ejecutivo de World Wildlife Fund en Estados Unidos (WWF-US); Avecita Chicchón, directora de programa, Andes-Amazonía, Gordon and Betty Moore Foundation; Rosa Lemos de Sá, directora ejecutiva, Fondo Brasileño para la Biodiversidad (FUNBIO); Jennifer Morris, directora ejecutiva, The Nature Conservancy (TNC); Carlos Manuel Rodríguez, director ejecutivo y presidente, Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF); Cristián Samper, director general y líder de Soluciones para la Naturaleza, Bezos Earth Fund; y Sue Urahn, presidenta y directora ejecutiva, The Pew Charitable Trusts.

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