Abordar las violaciones de los derechos humanos es fundamental para una vida sostenible en el mar y en tierra

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  • Al conmemorar el Día de los Derechos Humanos, no debemos olvidar las violaciones que se producen en el mar.

  • La inmensidad del océano hace que sea demasiado grande para vigilarlo. Como nuestros hábitos de consumo influyen en las actividades en el mar, las violaciones que se producen en el océano están más relacionadas con nosotros de lo que pensamos.

  • Estas son cuatro maneras de mejorar los derechos humanos en el océano, entre ellas invertir en herramientas tecnológicas para vigilar las violaciones y colaborar con la sociedad civil y apoyarla.

Tradicionalmente, el Día de los Derechos Humanos se ha centrado en las violaciones de los derechos humanos que se producen en tierra: esclavitud moderna, tratos crueles e inhumanos y condiciones laborales desfavorables, por mencionar algunas.

Sin embargo, cada vez más, las comunidades dedicadas a los derechos humanos y a la justicia ambiental han arrojado luz sobre los vínculos entre estas violaciones y las relacionadas con la frontera más extensa del mundo, que cubre el 70% de la superficie de nuestro planeta: el océano.

Cada vez está más claro que, para lograr un océano justo, debemos dejar de mirar únicamente el océano

Priya Vithani

Violaciones de los derechos humanos en el mar

El océano define nuestro planeta. Más de la mitad del oxígeno que respiramos proviene de la vida marina. Estabiliza nuestro clima, absorbe gran parte del carbono y el calor que producimos y proporciona alimentos, empleos y medios de subsistencia a más de tres mil millones de personas. También es el escenario de atroces violaciones de los derechos humanos.

Como dijo con acierto el periodista de investigación Ian Urbina, el océano es, en sus palabras: «Una frontera demasiado vasta para vigilarla; el océano alberga una criminalidad y una explotación desenfrenadas, que incluyen inimaginables violaciones de los derechos humanos y esclavitud». Estas violaciones están más cerca de casa de lo que pensamos. El 90% de todos los productos que consumimos llega en barco, por lo que nuestros hábitos de consumo influyen en las actividades en el mar.

Las historias actuales de esclavitud en el mar ponen de relieve condiciones humanas espantosas, con trabajadores separados de sus familias y obligados a vivir en condiciones deplorables, a menudo sin poder regresar a casa o con impedimentos para hacerlo. Hoy, 40 millones de personas viven en condiciones de esclavitud moderna, y el 39% de los productos del mar procede de países que presentan un alto riesgo de esclavitud. Se calcula que, de los 152 millones de niños que trabajan, la gran mayoría se encuentra en el sector agrícola, incluidas labores peligrosas de pesca y acuicultura.

La creciente prevalencia del transbordo, es decir, el intercambio de mercancías en destinos intermedios o en el mar, dificulta especialmente saber con transparencia de qué embarcación proceden los productos y qué prácticas se utilizaron a bordo. Las actividades ilícitas e ilegales en el océano —frecuentemente organizadas y transnacionales— también suelen incluir falsificación de documentos, tráfico de drogas, personas y armas, otras formas de contrabando y blanqueo de capitales.

Además de los abusos generalizados en el mar, la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada perjudica el bienestar económico y social de las comunidades pesqueras locales, sobre todo en países donde las comunidades costeras dependen en gran medida de la pesca para obtener alimentos y medios de subsistencia. La sobrepesca y la explotación pesquera cerca de estas comunidades las hacen especialmente vulnerables.

Como observa el Grupo de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible, un océano saludable puede mejorar la vida de algunas de las personas más pobres y vulnerables del mundo y contribuiría a alcanzar todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible, no solo el ODS 14 (el «Objetivo del Océano»). Cada vez está más claro que, para lograr un océano justo, debemos dejar de mirar únicamente el océano

Hay ámbitos claros en los que una mayor cooperación entre múltiples partes interesadas y la acción para abordar las violaciones de los derechos humanos en el océano pueden acercarnos a un océano saludable y más justo y, a su vez, contribuir a objetivos de desarrollo mundial más amplios.

Image: ODS 14+: adaptación del informe del Grupo de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible: Soluciones oceánicas que benefician a las personas, la naturaleza y la economía

1. Llenar el vacío de gobernanza.

La falta de gobernanza, aplicación de la ley y procedimientos para dar seguimiento a las actividades ilegales en el mar ha tenido a menudo consecuencias desastrosas para comunidades inocentes. Algunas empresas del sector de los productos del mar y de su cadena de suministro están actuando con la diligencia debida para garantizar que estos productos estén libres de esclavitud y contribuir a llenar este vacío.

En Suecia, Orkla ha desarrollado una marca de atún sostenible, certificada y trazable que permite vincular una lata de atún con el capitán del barco del que procede. La adopción por parte de las empresas de compromisos más firmes y de mayor alcance en materia de transparencia y trazabilidad en las cadenas de suministro de productos del mar, junto con incentivos de la comunidad internacional y los gobiernos, permitirá una conducta empresarial responsable en el mar.

En otros ámbitos, la gobernanza internacional ha limitado y cuestionado las prácticas que vulneran los derechos humanos. En 2015, la Unión Europea prohibió las importaciones de productos pesqueros de Tailandia; la prohibición solo se levantó recientemente después de que el Gobierno tailandés adoptara varias medidas para abordar su historial de abusos, entre ellas modificar su marco jurídico pesquero de conformidad con el derecho internacional.

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2. Adoptar y aplicar medidas para abordar las causas fundamentales de los abusos en el mar

Se necesitan con urgencia leyes aceptadas internacionalmente para prevenir las formas modernas de esclavitud, especialmente en aguas internacionales, donde no hay supervisión. Un primer paso clave en este proceso es abordar la pesca INDNR, que facilita considerablemente la esclavitud y el trabajo forzoso en el mar. Esto puede lograrse mediante la adopción y aplicación universales del Acuerdo sobre medidas del Estado rector del puerto, el primer acuerdo internacional vinculante dirigido contra la pesca INDNR.

Del mismo modo, un mayor apoyo a la Declaración Internacional contra la Delincuencia Organizada Transnacional en la Industria Pesquera Mundial» (la Declaración de Copenhague) podría contribuir considerablemente a combatir la delincuencia en el mar. Aunque adoptar estas medidas es un primer paso importante, su aplicación y seguimiento a escala nacional y local son fundamentales.

3. Invertir en herramientas tecnológicas para vigilar y rastrear los abusos en el mar

En una frontera tan vasta, la regulación, vigilancia y denuncia de las violaciones de los derechos humanos son muy limitadas. Una mayor dedicación a estos asuntos, reforzada por la aparición de nuevas tecnologías que los gobiernos y la sociedad civil puedan utilizar razonablemente en las zonas más afectadas, permitirá: 1) conectar mejor a los consumidores con el origen de los productos del océano y rastrear la actividad de los barcos; y 2) impulsar la transparencia y la rendición de cuentas, tan necesarias en una frontera donde los abusos son generalizados.

Las colaboraciones tecnológicas como las anunciadas recientemente por Global Fishing Watch y Vulcan Inc. constituyen un primer paso importante y también permiten a los gobiernos acceder a nuevos productos y capacidades tecnológicas para combatir la pesca INDNR y lograr una gobernanza oceánica más eficaz. Sin embargo, si algo nos han enseñado los últimos años es que la tecnología puede tener consecuencias imprevistas, y que su uso o adaptación puede afectar de distintas maneras a las comunidades. Los avances tecnológicos en el radar y la pesca, por ejemplo, también han facilitado un comercio ilícito de productos del mar que genera unas ventas anuales estimadas de 160.000 millones de dólares. También se necesita una mayor supervisión y comprensión del uso de estos productos tecnológicos y de sus repercusiones en los derechos humanos.

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4. Colaborar con la sociedad civil que rastrea los abusos en el mar y apoyarla.

Por supuesto, no puede aumentar la exigencia de respeto a los derechos humanos sin que consumidores y usuarios presten atención a los vínculos entre las violaciones de estos derechos y el océano. A escala internacional y local, la sociedad civil se ha movilizado para hacer estos vínculos más visibles y comprensibles para los consumidores de a pie. Organizaciones de la sociedad civil como la Iniciativa Blue Justice, Minderoo, Fundación para la Justicia Ambiental, Freedom United, Human Rights at Sea y otras siguen promoviendo iniciativas esenciales de incidencia, recomendaciones e informes sobre violaciones de los derechos humanos e injusticias en el mar, y actúan como vigilantes del océano.

La libertad de las organizaciones de la sociedad civil para vigilar, investigar y denunciar estas prácticas es esencial para lograr un océano saludable y justo. A menudo, quienes observan y exponen los abusos en el mar son también blanco de represalias, violencia y, en algunos casos, desapariciones. Pese a los riesgos y desafíos, el aumento de la documentación de lo que ocurre en el mar, tanto en video como por escrito, ha permitido trazar un panorama más claro de la magnitud de las violaciones de los derechos humanos en mar abierto. Deben mantenerse el apoyo y la protección a estos grupos si queremos estar al tanto de las mayores amenazas a los derechos humanos que se producen en la frontera menos regulada del mundo.

Lanzado en 2018 durante la Reunión Anual de Davos, Friends of Ocean Action sigue movilizando a una comunidad informal de múltiples partes interesadas para impulsar y ampliar soluciones en favor de un océano saludable y justo, con el entendimiento de que hacerlo ofrece respuestas a muchos otros desafíos relacionados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, incluidas algunas de las violaciones de los derechos humanos más atroces del mundo.

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