Más que nunca, vivimos en un mundo en transformación y disrupción. La Cuarta Revolución Industrial ya está aquí y, aunque las personas de todo el planeta acogen con entusiasmo la nueva convergencia entre los mundos físico, digital y biológico, también hay incertidumbre y preocupación. Las empresas se están quedando rezagadas ante el ritmo del cambio. No es de extrañar que los líderes empresariales busquen nuevas reglas y nuevos mantras del éxito.
Al observar esta transición de cerca y en primera persona, desde el ojo de la tormenta tecnológica, creo que debemos mirar más a fondo, dentro de nosotros mismos y quizá también hacia nuestro pasado. ¿Podrían ser las reglas y los mantras que buscamos aquellos antiguos que hemos dejado atrás? Al retomar hoy el debate sobre el liderazgo responsable y receptivo, hay lecciones de liderazgo en el rico legado de escrituras intemporales de la India que merece la pena volver a examinar.
Según la filosofía védica, los negocios son parte integral de la sociedad y deben generar riqueza para ella mediante las acciones correctas. El Arthashastra, y los Chanakya Sutras escritos por Kautilya (también conocido como Chanakya) alrededor del año 300 a. C., abordan el mayor dilema al que nos enfrentamos hoy: la aparente contradicción entre ser responsables con nuestra gente y responder a la profunda transformación que tiene lugar a nuestro alrededor. Sorprendentemente, según los principios de lo que se considera el libro más antiguo sobre gestión, no existe tal contradicción.
Estos libros se escribieron como guía para gobernar un imperio, para el emperador Chandragupta, primer gobernante del Imperio maurya. Hace un siglo se descubrió y tradujo al inglés un ejemplar del tratado, escrito en hojas de palma. Desde entonces, numerosos investigadores han extraído conclusiones de estas ricas escrituras, que abarcan temas como el arte de gobernar, la gobernanza, la política económica, la política, la estrategia militar y, en particular, el liderazgo.
Uno de los principios básicos, aplicado al contexto actual, indica que responder sin responsabilidad es ineficaz y que la responsabilidad sin capacidad de respuesta es ineficiente.
Sukhasya Moolam Dharma,lo que significa que la felicidad nace de hacer lo correcto;
Dharmasya Moolam Artha, lo que significa que hacer lo correcto (a mayor escala) requiere riqueza;
Arthasya Moolam Raajyam, lo que significa que el medio para obtener riqueza es una empresa rentable.
Entonces, ¿cómo se puede hacer lo correcto y, al mismo tiempo, cultivar una empresa rentable?
Estas son las tres poderosas lecciones de liderazgo del Arthashastra que refuerzan un liderazgo responsable y receptivo:
Responsabilidad hacia todas las partes interesadas
Poner primero a los empleados
Desarrollar una cultura capaz de aprender, desaprender y volver a aprender
Responsabilidad hacia todos
En su esencia, estas escrituras ofrecen una perspectiva del liderazgo que parte del interior y, en vez de orientar a los líderes sobre cómo inspirar a otros para que los sigan, establecen principios para el propio líder. El Arthashastra sostiene que una organización puede obtener beneficios y mantener una ventaja a largo plazo si su líder dirige la empresa de forma ética y socialmente responsable, y asume su responsabilidad hacia todas las partes interesadas. Si un líder fuera ágil y respondiera al cambio sin tener presente su responsabilidad hacia todas las partes interesadas, el beneficio para la empresa sería efímero. A su vez, si un líder fuera consciente de esta responsabilidad, pero reaccionara con lentitud ante el cambio, podría perder beneficios y, por tanto, carecer de los recursos necesarios para cumplir con esa responsabilidad.
Responder a todas las partes interesadas y ser responsable con ellas no es fácil, y esto nos lleva a la siguiente lección...
Poner primero a los empleados:
De todas las partes interesadas, poner primero a los empleados es la decisión que debe tomar un líder para responder a las necesidades y ofrecer resultados responsables a todas las partes interesadas. Las escrituras establecen que la satisfacción de un líder reside en el bienestar de su gente, y que este principio fundamental debe guiar sus decisiones. Lo he observado de cerca durante las últimas dos décadas y siempre ha dado lugar a mejores resultados empresariales. Chanakya subraya que la satisfacción de un líder reside en el bienestar de su gente, y que este principio fundamental debe guiar sus decisiones. Mientras los líderes de hoy se esfuerzan por encontrar el camino adecuado para adoptar nuevas tecnologías, este principio puede ofrecerles una guía sencilla pero poderosa.
Poner a los empleados en el centro para aportar valor a todas las partes interesadas exige que volvamos a examinar cómo identificamos y cultivamos las fortalezas de nuestros empleados.
Desarrollar una cultura capaz de aprender, desaprender y volver a aprender
Para tener éxito a largo plazo, las escrituras también destacan que un líder y sus equipos deben reservar conscientemente tiempo para el aprendizaje continuo. Deben aprender cosas nuevas, familiarizarse con lo que ya han aprendido y escuchar una y otra vez aquello que aún no han aprendido. En el vertiginoso ritmo de cambio actual, no podría haber mejor momento para que los líderes reflexionen sobre este principio.
Encuentro una clara analogía entre las enseñanzas de Chanakya y la cita de Alvin Toffler“Los analfabetos del siglo XXI no serán quienes no sepan leer y escribir, sino quienes no sepan aprender, desaprender y volver a aprender.”
Lo que inculco en mis equipos es la necesidad constante de aprender y volver a aprender en nuestro negocio disruptivo, porque el conocimiento, unido a la convicción de que debemos procurar el bien común, nos ayuda a transformar nuestras inquietudes en una fortaleza inherente y nuestros desafíos en oportunidades.
La aplicabilidad de estas enseñanzas antiguas en los tiempos cambiantes de hoy recibe cada vez más reconocimiento, no solo en los negocios, sino también en todo el ámbito del liderazgo. Estas enseñanzas siguen siendo pertinentes porque nuestra naturaleza humana permanece inalterada.



