El término «ascenso excesivo» no es algo que estemos acostumbrados a oír, pero creo que es seguro decir que la mayoría de nosotros hemos conocido a alguien a quien han ascendido demasiado. Alguien que nos hace pensar: «¿Cómo conseguiste este trabajo?». La mayoría de los blogs sobre el tema de los ascensos se ciñen a la promesa de que puedes hacer cualquier cosa y llegar a cualquier lugar si te lo propones. No soy pesimista ni digo que eso no sea cierto, pero, tras 30 años trabajando en selección de personal con gente de todos los ámbitos, he aprendido un par de cosas sobre los peligros de promocionarse en exceso y ascender demasiado al personal.
Ayer alguien me preguntó cuál había sido el mayor error que había cometido en los negocios, y eso me hizo reflexionar. Siempre digo que cada error que cometemos es un paso hacia la dirección correcta, porque, si no aprendemos de esos errores, ¿cómo vamos a tener éxito? Después de mucho reflexionar, mi respuesta a esta pregunta se redujo a los ascensos excesivos.
Yo invierto en personas; eso es lo mío. Durante mi etapa en el Den, invertí en algunos negocios muy insólitos y todo el mundo siempre me preguntaba por qué. La verdad es que me encantan los emprendedores realmente apasionados y decididos. Siempre me interesaba escuchar la historia detrás del producto y entender por qué el aspirante a emprendedor pensaba que tendría éxito, porque esa es la mitad de la batalla. Si de verdad crees que puedes hacer algo, has investigado, existe una necesidad en el mercado (y tu idea no es completamente ridícula), es probable que puedas conseguirlo.
Fue por eso, y por mi gusto por aceptar retos, que una vez invertí en una sandwichería llamada Benjy’s. Si pudiera volver atrás en el tiempo, le diría a mi yo más joven: James, piénsalo: no sabes nada de la industria alimentaria, no tienes contactos ni experiencia, no has investigado; ¡tómate tu tiempo! Cuando compré el negocio, tenía enormes deudas y, aunque al principio pensé que podía hacerles frente, acabé perdiendo mucho dinero y lo vendí de nuevo en menos de seis meses. Me decepcionó mucho, porque me di cuenta de que podría haber evitado el error si hubiera recordado mis principios: invertir dinero en cosas que no entiendes nunca es una buena idea.
Siempre que he cometido errores ha sido porque no entendía lo suficiente como para tomar una decisión bien meditada. No tuve en cuenta las implicaciones y los riesgos asociados a mi nuevo cargo. Como ya me consideraban una persona de éxito, simplemente di por sentado que también podía asumir aquello. En esencia, me ascendí a mí mismo demasiado pronto.
Me encuentro con ascensos excesivos con demasiada frecuencia y diría que es uno de los errores más grandes y recurrentes que comete la gente.
Todos hemos oído el dicho «un gran poder conlleva una gran responsabilidad», y esto es especialmente cierto cuando se trata de preparar tu carrera para el futuro.
Es natural que, cuanto más éxito tengas, más trabajo acabes asumiendo. Pero antes de comprometerte a hacerlo realidad, aprende de mi error y piensa en las consecuencias.
En primer lugar, evita ser un adulador y nunca aceptes algo si no puedes cumplirlo. Tanto si eres emprendedor como empleado, es fácil dejarse llevar por la emoción de un ascenso y subestimar la responsabilidad que conlleva. Veo a mucha gente que dice que sí a todo, asume demasiado trabajo y luego se da cuenta de que no puede cumplir con los resultados acordados. Al final, decepciona a clientes, compañeros, responsables y, lo que es peor, a sí misma.
Como responsable, debes pensar con mucho cuidado antes de ascender a tu personal. Por supuesto, quieres que tu equipo progrese y quieres demostrar que aprecias el valor que aporta al negocio, pero debes asegurarte de que sus integrantes estén preparados para la transición.
Por ejemplo, imagina que tu mejor vendedor se acerca a ti para pedir un ascenso: quiere ser gerente, pero, en el fondo, sabes que no está preparado para dirigir su propio equipo. ¿Qué haces? Si lo asciendes de todos modos, le costará rendir y te encontrarás en una situación en la que no quieres estar. No podrías degradarlo, pero, al mismo tiempo, no puedes seguir como si todo estuviera bien. Al final, ambos salen perdiendo.
Deberías haber tenido la firmeza necesaria para decirle desde el principio lo que no quería oír. O debes estar preparado para apoyarlo durante la formación necesaria para que tenga éxito. La moraleja de la historia es que siempre hay que tomar esas decisiones difíciles desde el principio. No dejes que los problemas se enquisten y se conviertan en algo mayor, porque las consecuencias serán mucho peores.
Los ascensos excesivos son una pendiente resbaladiza. Que yo tuviera éxito en selección de personal no significaba que pudiera dirigir una sandwichería. Que tengas un excelente asesor de ventas no significa que pueda dirigir un equipo, y que estés en racha no significa que puedas comerte el mundo. No te pongas trabas. El fracaso forma parte del camino, pero eso no significa que tengas que buscarlo activamente.
Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: James Caan CBE es un emprendedor en serie.
Imagen: Las decisiones difíciles sobre si un empleado está preparado para un ascenso deben tomarse desde el principio. REUTERS/Francois Lenoir


