Al mirar hacia el futuro, me entusiasma lo que veo: una tecnología con potencial para responder algunas de nuestras preguntas más importantes, resolver algunos de nuestros desafíos más difíciles y ayudarnos a comprender mejor el mundo que nos rodea.
Estamos empezando a experimentar un mundo en el que todo procesa información, impulsado por tecnologías como el Internet de las cosas (IoT). Entre bastidores, en casi todas las industrias, se están llevando a cabo grandes esfuerzos para conectar nuestros mundos físico y digital, dando paso a lo que muchos llaman la Cuarta Revolución Industrial.
La tecnología nos brinda la oportunidad de resolver problemas con mayor rapidez, inteligencia y eficacia. Por ejemplo, los sensores y los macrodatos pueden generar conocimientos y medidas para combatir el cambio climático, mejorar la seguridad pública y fortalecer los resultados en materia de salud. Las empresas manufactureras utilizan el IoT industrial para crear las fábricas del futuro y construir aeronaves en realidad virtual, con robots y personas trabajando codo con codo.

La Cuarta Revolución Industrial, como sus predecesoras, sin duda traerá enormes cambios a nuestra vida cotidiana, pero de manera positiva. El optimismo que muestran los jóvenes en la encuesta del Foro Económico Mundial Global Shaper Survey da fe de ello. Una abrumadora mayoría, el 86 % de todos los encuestados, cree que, aunque esperan que la tecnología repercuta en el empleo, también será la tecnología la que cree nuevos puestos de trabajo.
La historia ha demostrado que, aunque estas tecnologías revolucionarias acabarán brindando mayores oportunidades al mundo —mejorando la forma en que aprendemos, trabajamos, nos comunicamos y nos gobernamos—, primero debemos superar importantes disrupciones.
Tomemos uno de los temas más comentados de este año: los coches autónomos. Las repercusiones sociales de esta tecnología emergente son enormes. En lo que respecta al empleo, los conductores profesionales darán paso a la automatización, tal como ocurrió hace décadas con los trabajos manuales en las fábricas. Pronto las ciudades se apresurarán a implantar la infraestructura adecuada para que esta innovación sea segura para la ciudadanía y beneficie a nuestros sistemas de transporte. Los gobiernos se verán obligados a replantearse todo su conjunto de normativas automovilísticas, ya que las políticas actuales pronto quedarán obsoletas y las infraestructuras de TI, que ya tienen dificultades para gestionar los datos generados hoy por miles de millones de dispositivos conectados, tendrán que prepararse para manejar aún más.

Los prototipos actuales de coches autónomos producen aproximadamente un gigabyte de datos por segundo. Esto significa que un coche autónomo promedio produciría unos dos petabytes al año. Apenas 25 de estos coches generarían en un año tantos datos como todas las obras escritas de la humanidad desde el comienzo de la historia documentada. ¿Se imaginan cuando haya millones de ellos? Por ello, los líderes tecnológicos trabajan con rapidez para desarrollararquitecturas informáticas completamente nuevasque permitan gestionar este flujo de datos, cada vez mayor, y las consiguientes demandas de energía y de nuestros escasos recursos energéticos mundiales.
Las nuevas formas de computación son solo un ejemplo de cómo tendremos que transformar por completo nuestros sistemas para afrontar los desafíos de esta era. Aunque estos desafíos son abrumadores, las organizaciones que se adapten rápidamente a nuestra nueva realidad tendrán éxito, siempre que cuenten con el apoyo adecuado en todos los sectores.
En educación, el 65 % de los niños que hoy comienzan la escuela primaria acabará trabajando en tipos de empleos completamente nuevos que aún no existen, según un informe del Foro Económico Mundial. Surgirán profesiones totalmente nuevas. La Cuarta Revolución Industrial no tendrá clases ni edades y afectará a personas de distintos puestos y entornos, desde quienes realizan trabajos manuales hasta quienes ejercen profesiones administrativas consolidadas. Es fundamental transformar tanto lo que enseñamos a nuestros hijos en la escuela como la manera de hacerlo, y fomentar el aprendizaje a lo largo de toda la vida, para que todos adquieran las competencias necesarias para prosperar en la fuerza laboral del futuro.
Más que nunca, las empresas de todos los sectores deben ser ágiles. Eso significa realizar inversiones estratégicas en I+D, adoptar nuevos modelos de negocio y situar a las personas adecuadas en puestos de liderazgo. Un estudio reciente reveló que las empresas a la vanguardia de la innovación tecnológica experimentan un aumento de la productividad. No hay mejor momento que el presente para invertir en innovación: si creen que el panorama tecnológico es disruptivo hoy, esperen 10 años.
El año pasado nos mostró que los gobiernos deben escuchar las inquietudes y expectativas de la gente y ofrecer un camino a seguir. Pero los líderes gubernamentales no pueden hacerlo solos. Al asociarse con expertos del mundo académico y de la industria, pueden comprender mejor las tendencias emergentes y hacer realidad el mundo impulsado por el IoT que esperan sus ciudadanos, con servicios como Wi-Fi público, sistemas de transporte eficientes y un menor consumo de energía.
De hecho, en esta nueva era ninguna organización puede salir adelante por sí sola. Como líder empresarial, siempre he destacado la importancia de priorizar las alianzas. Tendrán éxito si crean un sólido ecosistema de socios que les permita centrarse en lo que su organización hace mejor.
Apenas estamos empezando a descubrir lo que es posible en la Cuarta Revolución Industrial y, como líderes mundiales, tenemos la responsabilidad de guiar al mundo a través de los desafíos y las oportunidades que se avecinan. Será necesaria una sólida colaboración entre los sectores público y privado para aprovechar la tecnología en beneficio de todos y garantizar que la Cuarta Revolución Industrial ponga a las personas en primer lugar. Los líderes que se unan desde los ámbitos empresarial, gubernamental y académico conocerán nuevas herramientas para ayudar a sus grupos de interés a prosperar y obtener información y conocimientos más útiles a partir de los datos, con el fin de tomar mejores decisiones.
La tecnología consiste en abrir puertas para hacer posibles cosas nuevas. A medida que el mundo se conecta más, debemos adoptar una actitud proactiva y estar abiertos a nuevos enfoques que ayuden a nuestras instituciones fundamentales a dar forma a la manera en que usamos la tecnología, y no al revés.


