Líderes empresariales: esta es nuestra llamada de atención

Commuters make their way across the Millennium Bridge as the sun rises over London, Britain November 30, 2016.
Image: REUTERS/Dylan Martinez
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Como sociedad, nos enfrentamos a verdades difíciles. Las recientes elecciones en todo el mundo han puesto de manifiesto la profunda frustración y desesperación que sienten muchas personas. La profunda falta de oportunidades económicas para quienes se han quedado atrás a causa de la globalización ha creado una brecha cada vez mayor entre quienes tienen y quienes no tienen. Y los votantes han enviado un mensaje inequívoco: el statu quo ya no es aceptable.

Líderes empresariales: esta es nuestra llamada de atención. Debemos analizar detenidamente qué papel desempeñamos en esta situación. Las empresas —en particular, las grandes empresas— han tenido un papel innegable en la creación de esta situación insostenible. Estamos tomando medidas para abordarla. Cada vez más empresas han empezado a asumir su papel como ciudadanas corporativas, asociándose con gobiernos y organizaciones sin ánimo de lucro para promover cambios en sus comunidades. Así que avanzamos en la dirección correcta. Pero podemos hacerlo mejor.

En general, el sector empresarial todavía no ha salido de su zona de confort. Hemos dado más importancia a «devolver a la sociedad» en la agenda corporativa, pero no lo hemos asumido plenamente como un principio fundamental de nuestra manera de operar. Y creo que ese es el elemento que falta. Las empresas deben empezar a actuar como si tuvieran algo en juego, porque así es.

Lo cierto es que las empresas no pueden prosperar si la sociedad fracasa. Pensemos en las consecuencias de operar en un entorno donde la gente no tiene dinero para comprar lo que se vende; donde las crecientes desigualdades se manifiestan en disturbios civiles y mayores índices de delincuencia; donde la gente no tiene acceso a la educación necesaria para realizar los trabajos que hacen falta.

Así que sí, todos tenemos una obligación moral con las comunidades en las que vivimos y trabajamos, pero para el sector empresarial también es una cuestión de supervivencia.

Y debemos actuar ahora. El nivel de discordia y división en nuestras comunidades refleja una sociedad al borde del colapso. Como ocurre con cualquier problema complejo, las soluciones serán múltiples, y el sector empresarial no puede esperar a que los gobiernos y las ONG lideren en todos los frentes. Debemos convertirnos en líderes capaces de responder por iniciativa propia. En cuanto a cómo hacerlo, creo que podemos empezar planteándonos tres preguntas difíciles:

  • ¿Buscamos continuamente maneras de cuidar mejor de nuestra gente?

  • ¿Estamos haciendo lo suficiente para desarrollar las competencias del futuro?

  • ¿Tenemos un modelo de negocio capaz de hacer algo más que generar beneficios?

Dar prioridad al bienestar de nuestra gente

Consideremos la primera pregunta. Todos hemos leído noticias sobre empresas que han reducido los salarios y recortado las prestaciones. ¿De verdad se benefician las empresas si sus comunidades sufren? No lo parece. De hecho, las empresas están dejando de obtener ciertos beneficios porque no dan prioridad al bienestar de su gente. Pensemos en ello: innumerables estudios han demostrado que los trabajadores más felices son más productivos. Por eso, al cuidar mejor de su gente, las empresas pueden mejorar la atención al cliente, fortalecer la reputación de la marca y cambiar la manera en que sus empleados las perciben: como empleadores para desarrollar una carrera profesional y no solo para tener un empleo. El año pasado, algunos bancos destacados y grandes minoristas de Estados Unidos tomaron nota y aumentaron los salarios y las prestaciones de sus empleados, con excelentes resultados.

Tony Jiang posa con sus tres hijos en su casa de Shanghái el 16 de septiembre de 2013. Image: REUTERS/Aly Song

En Deloitte también hemos redoblado nuestros esfuerzos en este ámbito al introducir un nuevo programa de licencia familiar. Ahora ofrecemos hasta 16 semanas de licencia remunerada al año para que los profesionales de Deloitte radicados en Estados Unidos, tanto hombres como mujeres, puedan centrarse en las necesidades de sus familias. Esto incluye cuidar de un bebé recién nacido, de un cónyuge o pareja enfermo, de un hermano o hermana, o de un padre o madre de edad avanzada. Con el nuevo programa, podemos ofrecer a nuestra gente la flexibilidad que necesita para seguir aprovechando oportunidades profesionales mientras atiende sus responsabilidades familiares. Esto, a su vez, nos ayuda a atraer y conservar a los mejores talentos, que contribuyen a brindar un mejor servicio a nuestros clientes.

Evidentemente, medidas como estas requieren que la empresa aumente su inversión. Pero eso forma parte del cambio de mentalidad que, en mi opinión, las empresas deben adoptar. Tenemos que superar el instinto de anteponer los resultados económicos a todo lo demás. Debemos elegir prosperar haciendo el bien.

Desarrollar las competencias del futuro

Esto me lleva a la segunda pregunta: ¿estamos haciendo lo suficiente para desarrollar las competencias del futuro? Muchas empresas han intensificado sus esfuerzos en materia de desarrollo del talento e invierten en programas diseñados para ayudar a las personas a desempeñar su trabajo con mayor eficacia y eficiencia. Pero ¿estamos mirando lo bastante lejos y con suficiente amplitud? Solo por lo que se avecina en el ámbito de la tecnología, sabemos que los requisitos de los puestos de trabajo cambiarán drásticamente. Las empresas deberían invertir ahora en programas de formación que ayuden a las personas a desarrollar sus competencias al ritmo de las necesidades cambiantes de las empresas. Aunque todavía no sabemos cuáles serán los trabajos del mañana, hay ciertas competencias que sabemos que resistirán el paso del tiempo, como el pensamiento crítico, la comunicación eficaz, las matemáticas y las ciencias, y la alfabetización tecnológica.

Siemens es un ejemplo de empresa que claramente «lo entiende». En 2011, inauguró en Charlotte, Carolina del Norte, la planta de fabricación de turbinas de gas más avanzada del mundo. Para crear una cantera de trabajadores con las competencias que necesitaba, se asoció con un centro universitario comunitario local para establecer un programa de aprendizaje de tres años y medio dirigido a estudiantes de último curso de secundaria. Se contrata a los estudiantes en Siemens y se espera que asistan a clases durante sus períodos de descanso. El programa no solo fomenta el desarrollo de la fuerza laboral local, sino que también nutre la cantera de talento de Siemens con empleados cualificados y ofrece formación en el puesto de trabajo para los empleos de hoy y de mañana. Además, apenas el año pasado, Siemens dio un paso más en sus iniciativas al conceder a la Universidad de Clemson, en Carolina del Sur, una subvención en especie de software por valor de 357 millones de dólares para ayudar a formar una fuerza laboral cualificada para los empleos de alta tecnología del futuro.

Hay otro aspecto importante que conviene señalar. Las oportunidades para desarrollar competencias deben extenderse a personas ajenas a los grupos de talento tradicionales. Entre ellas podrían estar jóvenes en situación de riesgo, veteranos que se reincorporan al mercado laboral o inmigrantes que luchan por abrirse camino en una cultura extranjera. El proceso de creación de riqueza debe comenzar creando oportunidades para todos.

Refugiados muestran sus habilidades en trabajos de procesamiento de metales durante una visita de prensa a un taller para refugiados organizado por el grupo industrial alemán Siemens en Berlín, Alemania, el 21 de abril de 2016. Image: REUTERS/Fabrizio Bensch

Cambiar nuestra manera de hacer negocios

Por último, las empresas deben preguntarse si tienen un modelo de negocio capaz de hacer algo más que generar beneficios. La mejor manera de ayudar a cerrar la brecha de riqueza es poner las competencias centrales de la empresa al servicio de esos esfuerzos. En concreto, creando un modelo de negocio que amplíe de forma inherente las oportunidades para los sectores de la sociedad excluidos de la prosperidad económica. Aunque, sin duda, es más difícil para las grandes empresas consolidadas innovar dentro de sus modelos de negocio existentes, es absolutamente posible.

Por ejemplo, Unilever se ha asociado con ONG, gobiernos y bancos para vender en India un jabón muy fácil de transportar y respetuoso con el medioambiente, con el fin de fomentar el lavado de manos en zonas donde el saneamiento es una preocupación constante. Al principio, 17 mujeres vendían el jabón, lo que les proporcionó una fuente de ingresos y reconocimiento. Mediante la colaboración con empresas locales en un programa de microcréditos, Unilever amplió su red hasta alcanzar las 43.000 personas y atender a 3 millones de hogares en India.

Las preguntas que he planteado son un punto de partida. Crear un cambio fundamental en la manera en que las empresas abordan su papel en la lucha contra las desigualdades sociales llevará tiempo. Como sociedad, debemos volver a centrarnos en crear una economía que funcione para todos. Creo que el sector empresarial está en la mejor posición para liderar el camino.

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