Escapar del sofocante calor y la humedad de una ola de calor en Manhattan para llegar al campus arbolado y fresco de la Universidad de Columbia, Earth Institute situado río arriba del Hudson, fue un alivio bienvenido. Pero ese respiro fue breve, pues me encontré en un aula con el Foro Económico Mundial Global Leadership Fellows analizando otro peligro natural: los terremotos.
Aunque la intención no era necesariamente asustarnos, Jim Gaherty, profesor de sismología del Earth Institute que estudia las profundidades del planeta para comprender mejor el desplazamiento de las placas tectónicas, nos informó con calma de que cada año se registran miles de terremotos de magnitud moderadamente alta (según el Servicio Geológico de Estados Unidos, en 2011 hubo 2.477 terremotos de magnitud igual o superior a 5 en la escala de Richter). De hecho, un fuerte terremoto de magnitud 6,4 sacudió la costa occidental de la isla de Sumatra, en Indonesia, mientras yo escribía este blog.
Aunque no todos los terremotos causan pérdidas de vidas humanas ni daños, no es fácil olvidar los megaeventos, como el terremoto de Haití de 2010 y el terremoto y tsunami de Japón de 2011, que nos recuerdan los peligros —o los procesos naturales— que acechan bajo tierra.
Pero solo tenemos que preocuparnos por los grandes, ¿no? Falso, afirma Gaherty. Existe una correlación muy débil entre la magnitud de un terremoto y el número de víctimas mortales, y una correlación igualmente débil con las pérdidas económicas. La Tierra es un sistema dinámico muy complejo y, aunque la tecnología y la investigación ayudan a elaborar mapas de peligrosidad sísmica, predecir y cuantificar el impacto real de un terremoto sigue sin ser una ciencia exacta. Pero con más información científica, buenos escenarios de riesgo y voluntad política, es posible mitigar parte del peligro.
Según Arthur Lerner-Lam, subdirector del Lamont-Doherty Earth Observatory del Earth Institute, quien nos habló de los terremotos y la reducción del riesgo, las personas estarán expuestas a peligros naturales en algún momento del futuro: no es cuestión de si, sino de cuándo y dónde. Por eso la resiliencia ante desastres se está convirtiendo en una llamada a la acción.
Aunque el Foro Económico Mundial no se dedica a la ciencia, sí se dedica a reunir al mayor número posible de partes interesadas —científicos, gobiernos, ONG y el sector privado— para identificar, vigilar y mitigar los riesgos globales. Esta es la labor de la Risk Response Network , cuyo objetivo es facilitar una respuesta colectiva a riesgos globales complejos e interrelacionados, ya sean de origen ambiental, como un terremoto, u otros como los económicos, geopolíticos, tecnológicos o sociales.
En la edición más reciente del informe del Foro Global Risks 2012 , se dedica una sección especial a las lecciones importantes extraídas del terremoto y el tsunami de Japón de 2011 y la posterior crisis nuclear de Fukushima. Las lecciones se centran en el papel del liderazgo, los retos para una comunicación eficaz y los modelos de negocio resilientes ante crisis de una magnitud imprevista.
Más de un año después, las imágenes de aquel día, 11 de marzo de 2011, siguen muy presentes: a las 14.46 un terremoto de magnitud 9,0 sacudió la región de Tohoku, en el noreste de Japón, provocando un tsunami que alcanzó la costa del país en menos de media hora. Se estimó que las olas llegaron a alcanzar casi 40 metros (unas 16 plantas) e inundaron una zona de más de 500 kilómetros cuadrados, cobrándose la vida de más de 15.800 personas y arruinando la vida y el sustento de miles de otras.
¿Qué podemos aprender del gran terremoto del este de Japón?
Sobre todo, la flexibilidad y la resiliencia de las estructuras de respuesta, los beneficios de una resiliencia sistémica que tenga en cuenta múltiples peligros, la necesidad de distribuir la responsabilidad entre la sociedad en lugar de dejarla únicamente en manos del sector público, y el valor de comprender cómo los sistemas creados por el ser humano pueden amplificar o minimizar los riesgos de los desastres naturales.
Intentando sobreponerse al pesimismo de un futuro con más peligros naturales, la Global Leadership Fellow Abigail Noble planteó una pregunta poco convencional y estimulante: ¿existe algún beneficio asociado a los terremotos? Aunque parece que no hay beneficios evidentes (todavía no se ha inventado ninguna técnica de ciencia ficción capaz de aprovechar la enorme energía que liberan los terremotos), sí hay enormes beneficios en prepararse para lo peor: salvar vidas.
Mark Schulman es editor de World Economic Forum USA
Foto de Stefano Rellandini / Reuters


