Un nuevo estudio sugiere que el trabajo en equipo no siempre es la mejor forma de hacer las cosas.
Muestra que, mientras que las tareas difíciles se completan con mayor eficacia en equipo, las tareas sencillas las realizan mejor las personas por separado.
Los directivos deberían tener en cuenta esta nueva información al asignar tareas.
A la hora de hacer las cosas, dos cabezas piensan mejor que una. Salvo cuando no es así.
Un nuevo estudio del profesor de Operaciones, Información y Decisiones de Wharton Duncan Watts profundiza en la cuestión de si es mejor que los empleados trabajen en equipo o por su cuenta, y la respuesta podría sorprender a los directivos que tratan de encontrar la mejor forma de asignar tareas.
En su investigación, Watts y sus coautores descubrieron que la respuesta depende de la complejidad: las tareas sencillas las realizan mejor las personas por separado, mientras que las difíciles se completan con mayor eficiencia en grupo.
«Los grupos son tan rápidos como la persona más rápida y más eficientes que la persona más eficiente cuando la tarea es compleja, pero no cuando es sencilla», escribieron los investigadores en su artículo titulado «La complejidad de las tareas modera la sinergia grupal», publicado el mes pasado en Proceedings of the National Academy of Sciences.
Los coautores son Abdullah Almaatouq, profesor de tecnología de la información en la MIT Sloan School of Management; Mohammed Alsobay, estudiante de doctorado en la MIT Sloan School of Management; y Ming Yin, profesor adjunto de informática en la Universidad Purdue.
Watts, profesor Penn Integrates Knowledge y director del Laboratorio de Ciencias Sociales Computacionales de Penn, afirmó que el estudio es único porque es el primero que realiza una comparación equivalente en un entorno de laboratorio. Los investigadores crearon un experimento que les permitió manipular la complejidad de una misma tarea, en lugar de limitarse a asignar a los participantes distintos tipos de tareas, como se había hecho en la mayoría de los estudios anteriores.
«Un directivo se encuentra un poco atascado porque en realidad no sabe cómo evaluar la complejidad de la tarea que tiene delante. En esta investigación, resolvimos ese problema identificando una clase de tareas cuya complejidad podíamos variar de forma clara, sistemática y fundamentada, sin cambiar nada más», dijo Watts en una entrevista con Wharton Business Daily en SiriusXM. (Escuche el pódcast arriba).
Eficiencia de los equipos
En su experimento, se asignó a los participantes —tanto a personas individuales como a grupos— un problema del mundo real: distribuir estudiantes en habitaciones de residencias universitarias. Una tarea que empezó siendo sencilla se volvió más complicada a medida que los investigadores añadieron restricciones, como más estudiantes, menos habitaciones, estudiantes que no podían ser vecinos ni compartir habitación, y estudiantes que debían ser vecinos o compartir habitación.
Al final del experimento, quedó claro que todos los participantes necesitaban más tiempo a medida que la tarea se volvía más difícil. Sin embargo, los grupos acabaron siendo más eficientes para completarla, aunque llegaran al mismo resultado que la persona que trabajaba sola.
«Curiosamente, descubrimos que los equipos destacan sobre todo por su eficiencia», dijo Watts. «En una tarea compleja, los equipos podían rendir casi tan bien como la mejor persona, pero lo hacían mucho más rápido. Esto se debe a que avanzaban mucho más deprisa, generaban más soluciones y soluciones más rápidas, y exploraban un abanico más amplio de posibilidades».
Eso no significa que los grupos no sufran ciertas dinámicas negativas.
«Cuando te reúnes en grupo, pierdes tiempo, compites con los demás y caes en malos hábitos, como el pensamiento grupal», dijo Watts. «Así que hay buenas razones para tomar en serio la posibilidad de que las personas puedan ser [mejores que] un equipo».
Una forma de que los directivos eviten las dinámicas grupales negativas es asignar un líder que mantenga a todos avanzando en la dirección correcta, señalaron los coautores. También indicaron que los directivos quizá quieran guardar las mejores soluciones grupales para poder «volver a cargarlas y modificarlas si es necesario en pasos posteriores», de forma similar a lo que ocurre con los programas de productividad personal.
Hoy se da mucha importancia a los equipos en los lugares de trabajo, pero el estudio muestra que los directivos no deberían dar por sentado que son la solución óptima para todos los problemas. A veces, dijo Watts, una sola persona puede ser igual de eficaz.
«Según si la tarea es sencilla o compleja, y según si lo que te importa es obtener la mejor puntuación posible o conseguir algo bastante cercano a la mejor puntuación posible de forma eficiente, tomarás una decisión distinta como directivo», afirmó.



