Así es como las empresarias ayudan a los agricultores a alimentar a América Latina

Close-up on a very colourful fruit stall.
Women entrepreneurs are working to boost small-scale and organic farming.Image: Unsplash/Nadine Marfurt
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  • Crece el temor a una crisis alimentaria mundial, mientras los efectos del cambio climático y los bloqueos de las cadenas de suministro causados por la guerra en Ucrania se hacen sentir en todo el mundo.

  • Estas empresarias no solo ayudan a los agricultores a alimentar a América Latina, sino que también ofrecen a los agricultores orgánicos mejores medios de vida.

  • Desde la innovación en tecnología financiera hasta los métodos de agricultura orgánica, estas son las mujeres que están transformando la agricultura a pequeña escala en América Latina.

Los brasileños están acostumbrados a episodios de alta inflación, pero cuando hacer la compra se convirtió en una «experiencia dolorosa», Priscilla Veras decidió averiguar qué ocurría con los precios durante el trayecto de la granja al supermercado.

A través de su antiguo trabajo en una organización sin fines de lucro dedicada a la ayuda humanitaria, Veras entró en contacto con pequeños agricultores de todo Brasil y otros lugares de América Latina. La mayoría culpaba a los intermediarios de llevarse sus ya escasas ganancias, mientras los consumidores pagaban más.

«¿Y quiénes eran los que más sufrían por culpa de los intermediarios? Los agricultores orgánicos, los agricultores familiares», dijo Veras a la Fundación Thomson Reuters.

Vislumbró una oportunidad de negocio: si podía prescindir de los intermediarios que compraban productos como papas y cebollas a los productores y los transportaban a las tiendas, podía beneficiar tanto a los agricultores como a los consumidores.

Su idea se convirtió en Muda Meu Mundo, que significa «Cambia mi mundo» en portugués: una empresa emergente que conecta a pequeños agricultores familiares con grandes cadenas de supermercados de Brasil, gestionando la logística y el transporte, y ofreciendo crédito y asistencia técnica para ayudar a los productores a aumentar su producción.

Los precios mundiales de los alimentos alcanzaron un máximo histórico en marzo, cuando el conflicto en Ucrania agravó las preocupaciones sobre el suministro vinculadas a la incertidumbre climática y la pandemia de COVID-19, según los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Los pequeños agricultores producen alrededor de un tercio de los alimentos del mundo, según la FAO, y están soportando el impacto más duro del aumento de los costos de los fertilizantes, ya que las sanciones contra Rusia y Belarús, importantes productores, reducen la oferta mundial.

Clientes consultan los precios en un supermercado de Río de Janeiro, Brasil.Image: REUTERS/Sergio Moraes

Ayudar a los pequeños productores a superar la crisis será fundamental para evitar una crisis alimentaria mundial, afirman expertos. Algunos piden replantear a fondo las desigualdades sociales en la agricultura y la sostenibilidad de los fertilizantes minerales y químicos.

En el caso de Veras, eso significa capacitar a su red de unos 350 agricultores familiares y ayudarlos a aumentar la producción de cultivos mientras usan menos recursos, como fertilizantes y agua.

Innovación en tecnología financiera

La nutricionista Constance Oderich adoptó un enfoque distinto para alcanzar su objetivo de aumentar los ingresos de los agricultores del sur de Brasil: en vez de eliminar a los intermediarios, creó una empresa emergente que prescinde de los bancos y las tarjetas de crédito.

Papayas, la empresa que cofundó en 2019, permite a los clientes de las dos ferias agroecológicas más grandes del estado sureño de Rio Grande do Sul comprar directamente, a través de una aplicación, productos de granjas orgánicas y pequeñas explotaciones familiares.

Los agricultores pagan menos comisiones bancarias y reciben el pago en una semana, aunque por lo general lo reciben el mismo día, en lugar de tener que esperar un mes. La empresa amplió su base de clientes asociándose con compañías locales que ofrecían a su personal vales de comida en la aplicación.

«Hoy en día, estamos en casi el 100 % de los puestos», dijo Oderich y añadió que unos 600 agricultores familiares del estado participan en las dos ferias agroecológicas. «Más de 4.000 personas usan nuestra aplicación».

Más recientemente, se asociaron con las autoridades del estado sudoriental de Minas Gerais. Esperan que al menos el 30 % de los alimentos que compran las escuelas, prisiones y hospitales del estado se adquieran a agricultores familiares a través de la aplicación.

Se ve un terminal para tarjetas de crédito junto a los alimentos de un puesto en el mercado Feira Livre de São Paulo.Image: REUTERS/Nacho Doce

El vasto sector agroindustrial de América Latina sigue dominado por los hombres. Según un informe de 2019 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las mujeres son cofundadoras de apenas el 11 % de las empresas emergentes agrícolas de la región.

Para algunas, como Veras y Oderich, el objetivo principal es empoderar a los pequeños productores, pero un número cada vez mayor de empresarias está convirtiendo sus empresas emergentes en importantes protagonistas.

En la selva amazónica montañosa de Ecuador, brindar apoyo financiero y técnico a los agricultores familiares está dando frutos para Maria Del Carmen Narvaez, quien cofundó en 2001 un negocio de plátano verde, Agroapoyo, junto con su hermano.

El año pasado, Barnana, con sede en Estados Unidos, compró su empresa. Ahora Narvaez dirige Barnana Ecuador, la filial local de Barnana en Ecuador, que apoya a miles de agricultores indígenas de plátano verde y banana, muchas de ellas mujeres.

«Es una oportunidad para que las mujeres obtengan ingresos que van directamente a sus hijos y les ayudan a ir a la escuela», dijo Narvaez.

Agricultura orgánica

Narvaez trabaja con más de 1.700 agricultores de comunidades indígenas de la selva, principalmente kichwas, y dirige iniciativas para animarlos a adoptar métodos de agricultura orgánica, que pueden aumentar hasta un 200 % los ingresos mensuales de un agricultor.

Barnana compra plátano verde directamente a los agricultores a intervalos regulares, pagando un 30 % más que el precio de mercado y proporcionando así ingresos estables a las familias agricultoras.

Una mujer camina junto a un familiar mientras tira de su carrito lleno de compras desde un mercado feira livre.Image: Reuters/Nacho Doce

Gracias a las subvenciones y los préstamos que Agroapoyo proporcionó hace cinco años, las comunidades agrícolas obtuvieron la certificación orgánica tras un proceso de 12 a 18 meses que costó unos 10.000 dólares; la certificación se renueva anualmente.

«Cuando empezamos a comprar a los agricultores, descontábamos uno o dos centavos por cada plátano verde comprado para recuperar el préstamo. Eso no les iba a generar un gran impacto», dijo Narvaez.

«Esto ha funcionado muy bien; de lo contrario, las comunidades no habrían podido hacerlo». Aunque pocas empresas agroindustriales están dirigidas por mujeres, estas representan alrededor de una cuarta parte de la fuerza laboral agrícola de América Latina y cerca del 40 % a escala mundial.

Sin embargo, las agricultoras suelen ganar menos y obtener rendimientos de los cultivos entre un 20 % y un 30 % inferiores a los de los hombres, principalmente por las barreras que enfrentan para acceder a préstamos, seguros y semillas de calidad, así como por la falta de derechos sobre la tierra, equipos, instalaciones de almacenamiento y capacitación.

Investigaciones de las Naciones Unidas y el Banco Mundial muestran que las iniciativas centradas en las mujeres, como Barnana Ecuador, ayudan a reducir la pobreza rural.

Narvaez dijo que había visto de primera mano cómo proyectos de este tipo pueden mejorar los resultados educativos y de salud, porque es más probable que las mujeres destinen sus ingresos a sus hijos y los reinviertan en sus negocios.

«El impacto que se logra con las mujeres es mayor porque ellas distribuyen mejor sus ingresos y conocimientos», dijo.

Esta historia forma parte de una serie respaldada por la Iniciativa de Financiación para Mujeres Emprendedoras

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