A principios de este mes, el Banco Mundial publicó su Informe sobre el desarrollo mundial (WDR) 2015 sobre la mente, la sociedad y el comportamiento. Sus conclusiones fueron tres: las personas piensan de forma automática, piensan socialmente y desarrollan modelos mentales para comprender mejor su entorno.
Abundan los ejemplos de las dos primeras conclusiones. ¿Alguna vez ha tomado una decisión basándose en una corazonada o en la intuición, porque simplemente «le pareció la opción correcta»? La mayoría también conocemos el poder de la influencia social; en un mundo de Instagram, WhatsApp y los retos del cubo de agua helada, nuestras normas y redes sociales forman parte de nuestra identidad.
Sin embargo, el tercer hallazgo puede sorprender a muchas personas, incluso a quienes estudian economía conductual: la cultura en la que crecemos. Esta puede tener consecuencias para nuestra manera de relacionarnos con el mundo. Por ejemplo, una investigación realizada con madres alemanas y madres nso de Camerún muestra que los bebés alemanes reciben más interacción cara a cara. En Alemania, a menudo se lleva a los bebés mirando hacia quien los carga y, hasta cierta edad, distinguen mejor las expresiones faciales que los bebés nso de Camerún, a quienes se lleva mirando hacia fuera y que desarrollan más rápidamente las habilidades motoras y un mayor sentido de comunidad.
El informe WDR 2015 señala que «los modelos mentales nos proporcionan supuestos predeterminados sobre las personas con las que interactuamos y las situaciones a las que nos enfrentamos». Sin embargo, dado el alcance del informe, el lector podría quedarse con la idea de que los modelos mentales solo difieren entre las sociedades en desarrollo y las desarrolladas. Desde luego, no es así: en un estudio parecido al anterior, se observó que las madres estadounidenses dedicaban el doble de tiempo a interactuar cara a cara con sus hijos que las madres japonesas. Es importante tener presente que el hecho de que un modelo mental sea distinto del nuestro no significa que sea más o menos eficiente.
Al hacernos mayores, damos por sentada nuestra visión del mundo. Cuesta imaginar que se pueda pensar en el tiempo y el espacio, conceptos tan abstractos, de otra manera que no sea aquella a la que estamos acostumbrados. Sin embargo, antropólogos y psicólogos transculturales llevan décadas observando estas diferencias entre modelos mentales. La manera en que las personas describen los colores y entienden el espacio y clasifican los objetos e incluso razonan puede variar de una cultura a otra. En una serie de estudios transculturales, Cole y Scribner analizan el efecto de la escolarización formal y la educación informal, y concluyen que, si bien la escolarización formal mejora el razonamiento lógico, la educación informal es igual de importante (si no más) para las tareas prácticas de la vida diaria.
El WDR destaca modelos mentales que parecen correlacionarse con la pobreza porque están «desfasados» con respecto al mundo real. Los distintos modelos analizados se presentan como problemas que podrían corregirse aplicando conocimientos de la economía conductual. Imagino que esto se debe al enfoque del informe en el desarrollo, pero habría sido mejor señalar que no todos los modelos mentales presentes en los países en desarrollo están desfasados con respecto al mundo real, aunque sí lo estén con respecto al mundo desarrollado.
En gran parte de la literatura sobre ciencias del comportamiento publicada hasta la fecha, casi el 96 % de los participantes estudiados proceden de países WEIRD (occidentales, con educación, industrializados, ricos y democráticos). Al estudiar el comportamiento humano y la toma de decisiones mediante modelos observados en Estados Unidos y Europa occidental, corremos el riesgo de desarrollar teorías que no describan a la mayoría de la población mundial.
Cuando una persona o una organización intenta cambiar un comportamiento concreto, es importante comprender y diagnosticar el problema. El contexto es importante para entender el comportamiento, y las empresas que aplican enfoques de ciencias del comportamiento suelen tener en cuenta el contexto cultural cuando realizan experimentos controlados específicos del problema que abordan (un lujo del que a menudo no disponen los académicos, presionados para publicar hallazgos generalizables y con grupos limitados de participantes).
Colaborar con especialistas locales para diseñar los experimentos y desarrollar las intervenciones permite cambiar comportamientos, a menudo con éxito. Sin embargo, al interpretar los resultados, académicos y profesionales deben basarse en teorías previas, que se han probado, sometido a revisión por pares y publicado, todo ello en un contexto WEIRD.
Es probable que la industria de la economía conductual desempeñe un papel inestimable en el futuro de este campo, porque su metodología suele estar a la altura de la de los laboratorios académicos. Sin embargo, sus temas son más diversos y sus proyectos se centran más específicamente en los problemas que abordan. A medida que las empresas de consultoría conductual se expanden a distintos países, surge la oportunidad de actualizar la comprensión de la toma de decisiones publicando sus resultados en revistas académicas, poniendo a prueba las teorías aceptadas en contextos transculturales y desarrollando nuevas teorías desde una perspectiva global.
Los laboratorios académicos también deberían trabajar para ampliar sus alianzas internacionales. El costo de realizar experimentos transnacionales a gran escala está disminuyendo y los conjuntos de datos globales son cada vez más accesibles. No todos los estudios requieren una muestra transcultural, pero los que afirman describir el comportamiento humano deberían poner a prueba sus hipótesis con distintos modelos mentales.
El informe del Banco Mundial destaca la importancia de mirar al exterior, además de al propio país, para obtener una imagen más completa del comportamiento humano. Puede que sea el Informe sobre el desarrollo mundial de mayor impacto que hayan publicado y probablemente dará lugar a muchas conversaciones y proyectos. Pero el enfoque no debería limitarse a comparar los países más pobres del mundo con las sociedades industrializadas. El contexto es importante para entender las decisiones y el comportamiento, y la cultura forma parte de ese contexto y no puede pasarse por alto.
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Autor: Rafael Batista es estudiante de una maestría en Ciencias del Comportamiento y Economía en la Universidad de Warwick. Estudió psicología transcultural en la Universidad Koç de Estambul como becario de Ciencias Sociales de la Universidad Estatal de Florida y tiene títulos en Psicología y Asuntos Internacionales, ambos de la Universidad Estatal de Florida. Sígalo en Twitter @RafMBatista
Imagen: Una mujer camina con sus dos hijos al atardecer cerca de la costa en Bengasi, el 29 de abril de 2014. REUTERS/Esam Omran Al-Fetori
