Por qué el auge de la agrotecnología no es una disrupción tecnológica cualquiera

A worker inspects vertical farming beds growing a variety of baby greens beneath light emitting diode (or "LED") lamps and using a patented growing algorithm of controlled light, nutrients and temperatures at an AeroFarms Inc. indoor vertical farming facility in a former indoor paintball arena in Newark, New Jersey, June 24, 2016. Picture taken June 24, 2016. REUTERS/Mike Segar - S1AETMNOEIAA
As populations expand, we need a digital revolution in farming sooner rather than later.Image: REUTERS/Mike Segar
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Hace cinco años, casi nadie sabía qué era la agrotecnología. Dentro del sector, ni siquiera sabíamos cómo llamar a lo que hacíamos. Pero avancemos hasta hoy, y la tecnología agrícola —desde la agricultura vertical hasta la ciencia de datos y los drones agrícolas— es la nueva sensación en los círculos inversores. La Investment Corporation of Dubai por sí sola acaba de invertir 203 millones de dólares en agrotecnología; otros 200 millones de dólares procedieron del gigante holding japonés SoftBank; y fondos de capital riesgo especializados están centrando su atención en el potencial del sector. En 2017, la inversión total superó los 1.500 millones de dólares: un nuevo récord para el sector que sienta las bases de un crecimiento explosivo.

Pero, a diferencia de muchas de las disrupciones tecnológicas actuales —desde los teléfonos inteligentes hasta las redes sociales—, esta tiene menos que ver con la comodidad o el entretenimiento de los consumidores que con algo mucho más apremiante: nuestra supervivencia colectiva. La realidad es que debemos llevar la agricultura de la era industrial a la digital con rapidez y eficiencia.

En este sentido, el creciente interés de los inversores en la agrotecnología no debería sorprender. El potencial de mercado es prácticamente ilimitado, precisamente porque también lo son nuestros apetitos. Todos necesitamos comer y la población crece rápidamente.

9.800 millones de personas a las que alimentar

Con una población mundial prevista de 9.800 millones para 2050, tendremos que averiguar cómo alimentar a una población mucho mayor, y hacerlo pronto. Los estudios indican que quizá debamos producir hasta el doble de alimentos que hoy, simplemente para evitar problemas de seguridad alimentaria y una disrupción social generalizada. Ya hoy, más de 3 millones de niños mueren en todo el mundo cada año porque no reciben suficiente alimento. Al mismo tiempo, el cambio climático dificulta alimentar al mundo por medios convencionales; de hecho, al ritmo actual de rendimiento de los cultivos, solo habrá alimentos suficientes para la mitad de la población prevista.

Las predicciones apocalípticas sobre la incapacidad de alimentar al mundo existen desde la época de Thomas Malthus, y no pretendo añadir más aquí. Pero es fundamental señalar que producir suficientes alimentos será una tarea nada sencilla en los próximos años, y que la agricultura que se practica hoy —basada en conceptos de uso de la tierra y productividad propios de la era industrial— no está preparada para lograrlo.

Aquí es donde la tecnología digital tiene un papel fundamental. No me refiero a desarrollar nuevos productos químicos sintéticos para aplicar en los campos ni a construir explotaciones corporativas cada vez más grandes. En esencia, la agrotecnología consiste en usar herramientas avanzadas de monitoreo y análisis de datos para lograr más con menos: encontrar maneras de aumentar el rendimiento sin sobrecargar recursos ya sometidos a una gran presión, como la tierra y el agua.

En la actualidad, empresas emergentes innovadoras utilizan una combinación de tecnologías y disciplinas —desde sensores, inteligencia artificial y macrodatos hasta biotecnología y robótica— para aumentar el suministro mundial de alimentos. Por ejemplo, Hortau aumenta la eficiencia del riego mediante un monitoreo inteligente, lo que a su vez mejora el rendimiento de los cultivos. Phytech optimiza la producción agrícola con su «Internet de las cosas para las plantas»: dispositivos inteligentes en los campos que envían a los teléfonos inteligentes alertas sencillas codificadas por colores, con recomendaciones y advertencias. Mientras tanto, la empresa israelí CropX utiliza hardware y software para medir la humedad, la conductividad y la temperatura del suelo, lo que permite a los agricultores ahorrar agua.

No me cansaré de insistir: esta disrupción es tan singular precisamente porque es absolutamente necesaria. A diferencia de la necesidad constante de Apple de convencer a los consumidores para que compren nuevos productos mediante la obsolescencia programada, el mercado de la agrotecnología crecerá de forma orgánica —y, de hecho, exponencial— con el tiempo, lo que dará ventaja a quienes se incorporen pronto y acceso a una base de clientes cada vez mayor.

Tecnología para que la agricultura vuelva a ser viable

Además de la apremiante necesidad de garantizar que tengamos alimentos, la agrotecnología aborda otro problema crucial: mantener la agricultura viable para la próxima generación de personas que producen nuestros alimentos.

Los agricultores nunca han dudado en adoptar nuevas tecnologías: la rueda, los tractores y los compuestos químicos de los fertilizantes son solo algunos ejemplos que han marcado una gran diferencia a lo largo de los siglos. Sin embargo, en las últimas décadas ha surgido una enorme brecha tecnológica en la agricultura, con consecuencias reales. En nuestra gestión de la tierra, el uso de recursos, la mano de obra, el transporte y otros ámbitos, seguimos firmemente anclados en un modelo industrial obsoleto: priorizamos las grandes explotaciones y una producción masiva a cualquier costo, e ignoramos las externalidades, desde el impacto ambiental hasta las repercusiones financieras y el costo humano.

Un ejemplo claro: la agricultura convencional sigue siendo viable en gran medida porque se sostiene con cuantiosas subvenciones públicas. Actualmente, Estados Unidos paga alrededor de 25.000 millones de dólares al año a los agricultores. Pero incluso con esa inyección de dinero, la situación sigue siendo difícil para los agricultores actuales. La profesión más importante del mundo tiene márgenes notoriamente estrechos y a menudo no resulta rentable. (Por ejemplo, las uvas generan apenas 6 dólares de beneficio por acre, y se consideran un cultivo de mayor rentabilidad). No es de extrañar que los jóvenes ya no se incorporen al sector (el Reino Unido incluso afronta una escasez de agricultores).

En suma: nuestros métodos actuales de agricultura comercial nos han llevado hasta aquí, pero la manera en que cultivamos hoy no es sostenible a largo plazo para el planeta, las personas ni las sociedades. La agrotecnología ya contribuye a reducir las pérdidas y los gastos generales, y aporta más previsibilidad y rentabilidad al trabajo.

Por ejemplo, Cainthus, un software de reconocimiento facial con IA para vacas, permite a los pequeños agricultores mantener rebaños más grandes y hacer seguimiento de la salud de cada animal, hasta saber cuánto ha comido cada día y cuánta leche ha producido. Por su parte, aWhere es una versión de nueva generación del Farmer's Almanac que monitorea y pronostica el tiempo con gran precisión gracias a una red mundial de 1,4 millones de estaciones meteorológicas. Los drones y robots de empresas como Farmbot ayudan a cubrir la falta de mano de obra agrícola, con interfaces de arrastrar y soltar que permiten a los agricultores crear secuencias de acciones para los equipos o establecer ciclos de cultivo recurrentes. Blue River Technology, adquirida recientemente por John Deere, utiliza cámaras e inteligencia artificial para aplicar herbicidas con mayor precisión y solo cuando hace falta.

Satisfacer los gustos cambiantes de los consumidores

Además de estos factores de atracción, hay un importante factor de impulso detrás del auge de la agrotecnología: la demanda de alimentos más limpios por parte de los consumidores. La reciente adquisición de Whole Foods por Amazon es una señal clara de que las grandes empresas responden al interés de los consumidores por los alimentos naturales. Walmart también se ha sumado al sector de los productos orgánicos y ahora es uno de los mayores supermercados de productos orgánicos de Norteamérica. De hecho, la demanda es tan alta que nos cuesta producir lo suficiente: actualmente, menos del 1 % de las tierras agrícolas nacionales cuenta con certificación orgánica, y los estadounidenses gastan 1.000 millones de dólares al año en importar alimentos orgánicos.

Un porcentaje cada vez mayor de compradores (el 58 % solo en Estados Unidos) exige alimentos orgánicos o limpios. No se trata simplemente de que los millennials sean exigentes. Ya sea que nos preocupen los pesticidas y el cáncer, las reacciones alérgicas, el aumento de la celiaquía o el temor a que el agua de riego contaminada provoque brotes de enfermedades, nuestra salud depende cada vez más de tener acceso a alimentos seguros y confiables.

La tecnología tendrá que cubrir esa brecha.

Para rastrear los alimentos, la tecnología de ripe.io traza su recorrido desde el campo hasta los estantes de las tiendas, para que minoristas, chefs y consumidores sepan que sus compras son verdaderamente sostenibles. Mi propia empresa, Terramera, está desarrollando un control natural de plagas basado en la «inteligencia vegetal» para aumentar el rendimiento sin recurrir a pesticidas químicos. En el ámbito de la agricultura vertical, Mirai utiliza iluminación LED y automatización para apilar cultivos en espacios interiores, aprovechar al máximo cada metro cuadrado de superficie productiva y reducir al mínimo el trabajo manual.

Hay una diferencia entre la revolución de la agrotecnología y las muchas disrupciones tecnológicas que la precedieron: la mayoría no notaremos que está ocurriendo. La digitalización de la agricultura es necesaria simplemente para mantener la situación actual. Si queremos seguir yendo de compras y llenando nuestras cestas con alimentos saludables y asequibles, debemos replantearnos a fondo cómo practicamos la agricultura. Entre bastidores, se necesita un cambio radical para transformar nuestros sistemas alimentarios y aprovechar al máximo lo que tenemos ante una población creciente. De lo contrario, una compra de alimentos cualquiera podría pronto convertirse en algo muy distinto.

Karn Manhas (@karnmanhas) es el fundador de Terramera, empresa centrada en utilizar la tecnología para producir alimentos limpios y asequibles para todos.

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