Desde hace más de 20 años, Cuba desarrolla un sofisticado sistema alimentario urbano y suburbano que produce alimentos saludables, mejora el medio ambiente y ofrece empleo.
Pero ¿cómo sobrevivirá el sector si la economía se abre al comercio y la inversión agrícola e industrial de EE. UU.?
Nacida de las dificultades
Las primeras granjas urbanas surgieron espontáneamente en Cuba a raíz de las dificultades de comienzos de la década de 1990. Los habitantes de pueblos y ciudades empezaron a cultivar terrenos urbanos baldíos y a criar pequeños animales como estrategia para hacer frente a la situación.
Posiblemente, el primer esfuerzo coordinado fue el proyecto de Santa Fe, en el noroeste de La Habana, iniciado en 1991. Aprovechando los recursos disponibles en la comunidad, se recuperaron espacios urbanos vacíos para producir alimentos y ayudar a superar el suministro irregular e insuficiente de alimentos.
Se emplearon los principios de la agricultura orgánica o agroecológica para superar la falta de fertilizantes químicos y pesticidas. Entre ellos figuraba la elaboración de compost con recursos locales: estiércol, lombricultura y residuos alimentarios. En este caso, agricultura orgánica y agroecológica son sinónimos y significan, básicamente, cultivar en armonía con la naturaleza.
Pronto, el Gobierno cubano reconoció el potencial de la agricultura urbana y la incorporó al Plan Nacional de Acción Alimentaria. Le brindó apoyo poniendo tierras a disposición, ofreciendo servicios de extensión que proporcionaban formación, semillas y otros recursos, y organizando la comercialización.
En 1994, el Gobierno creó un Departamento de Agricultura Urbana, que en 1997 pasó a ser el Programa Nacional de Agricultura Urbana y a formar parte del Ministerio de Agricultura.
Agricultura suburbana: ¿la gran esperanza para alimentar a las ciudades?
Los logros del movimiento de agricultura urbana de Cuba durante los 20 años anteriores se examinaron en la Conferencia Internacional sobre Agricultura Urbana y Suburbana y Agricultura Familiar, celebrada en La Habana en abril de 2015 y organizada por el Centro Internacional de Investigación Fundamental sobre Agricultura Tropical (INIFAT).
Ha mantenido tres principios básicos: un enfoque agroecológico; el uso de recursos locales; y la comercialización directa de los productos al consumidor. En 2013 se añadió la agricultura familiar al programa.
Pero cada vez se hace más hincapié en cultivar alimentos en zonas «suburbanas» (o periurbanas), la zona agrícola justo a las afueras de la ciudad, que cuenta con suelos más profundos y más tierras disponibles.
La agricultura urbana está limitada por el espacio y proporciona principalmente hortalizas para ensalada, algunas frutas, animales pequeños y hierbas aromáticas. Sin embargo, las granjas periurbanas pueden ofrecer toda la gama de alimentos —incluidos cereales, ganado y tubérculos— y mantenerse lo bastante cerca como para entregar productos frescos sin elevados costos de distribución.
Los datos presentados en la conferencia de abril mostraron que el Programa Nacional de Agricultura Urbana y Suburbana abarca ahora 12.600 kilómetros cuadrados en todo el país (el 14 % de las tierras agrícolas), incluida una franja de 10 km alrededor de La Habana y de cada capital provincial, de 5 km alrededor de cada capital municipal y de 1-2 km alrededor de cada asentamiento de más de 1.000 habitantes.
En total, el sector ha creado más de 350.000 empleos, de los cuales algo menos de la mitad están ocupados por mujeres y jóvenes. En 2013 produjo algo más de la mitad de la producción nacional total de cultivos hortícolas, es decir, 1 millón de toneladas.
Esto ha permitido quintuplicar el consumo de verduras frescas entre 1997 y 2013. El objetivo es suministrar 460 g de alimentos frescos por persona al día, conforme a las directrices del Ministerio de Salud Pública de Cuba.
Un modelo innovador, con implicaciones más allá de Cuba
La agricultura urbana y periurbana de Cuba contrasta claramente con los sistemas de producción centralizados y a gran escala. Estos aún existen en cierta medida en las zonas rurales del país y predominan en todo el mundo.
Mientras que en otros países la agricultura periurbana puede acercar la agricultura convencional a la ciudad, Cuba está extendiendo su modelo de producción urbana orgánica al campo.
El modelo cubano de agricultura urbana y periurbana toma constantemente métodos extranjeros y los adapta. Actualmente, el énfasis está en la eficiencia y la rentabilidad, y crece la conciencia sobre las cadenas de valor, las múltiples partes interesadas y los consumidores diferenciados, factores que lo hacen más pertinente para las estructuras económicas y de mercado de otros países. Sin embargo, sigue basándose en los principales objetivos del sistema cubano: mejorar la seguridad alimentaria y fortalecer la soberanía.
El aprendizaje y el intercambio son un proceso bidireccional: el INIFAT, con sede en Cuba, presta asistencia técnica en agricultura urbana a más de diez países, principalmente de América Latina.
La experiencia única de Cuba ofrece ahora uno de los ejemplos más claros y avanzados de cómo podemos alimentar de manera sostenible a las ciudades en expansión del mundo.
La apertura de EE. UU.: ¿amenaza u oportunidad?
Pero el modelo cubano de agroecología urbana y periurbana podría verse amenazado por el avance hacia la normalización de las relaciones económicas entre EE. UU. y Cuba.
Las empresas estadounidenses ya se preparan para exportar productos químicos agrícolas y alimentos procesados a Cuba. Pronto podrían empezar a llegar inversionistas extranjeros en busca de oportunidades para la agricultura de exportación.
Las importaciones más baratas, la nueva financiación y el desarrollo del comercio agrícola de exportación cambiarían la economía de la producción alimentaria cubana. Generarían presión para modificar los métodos agrícolas, el uso de la tierra, la distribución y los patrones de consumo. Viene a la mente el drástico impacto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en los pequeños agricultores mexicanos .
Sin embargo, dos factores protegen el modelo cubano de agricultura urbana.
El primero es que se ha consolidado. Los agricultores comprenden los principios agroecológicos y se han comprometido con ellos, al menos en las zonas urbanas y periurbanas. Por parte del Gobierno, el modelo ha demostrado que puede cumplir las prioridades de desarrollo y está consagrado en las políticas.
El segundo aspecto positivo es que la apertura internacional será gradual. En la conferencia de abril, los representantes de empresas cubanas de exportación agrícola no parecían muy preocupados. Uno de ellos, al preguntársele qué diferencia supondría para sus planes, resumió la actitud así: «No, no hemos planeado nada; no sabemos, esperaremos a ver qué pasa».
La normalización plena de las relaciones económicas entre Cuba y EE. UU. requiere la aprobación del Congreso estadounidense y no ocurrirá de la noche a la mañana. Los limitados cambios introducidos hasta ahora por EE. UU. han fomentado vínculos con cooperativas y socios estadounidenses para la agricultura sostenible, lo que podría fortalecer el modelo agroecológico. Por ahora, esta respuesta lenta y evolutiva podría ser la más adecuada.
Pero, con el tiempo, tanto los agricultores como el Gobierno cubano tendrán que encontrar la manera de resistir las presiones del mercado internacional. De lo contrario, podría desaparecer el modelo único y productivo de agricultura urbana y periurbana de Cuba.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autores: Julia Wright es investigadora sénior de Agroecological Futures en Coventry University. Emily Morris es investigadora asociada del Institute of the Americas en UCL.
Imagen: Un comerciante minorista sirve frijoles rojos en su tienda. REUTERS/Amit Gupta.
