¿Cuál es la vía más segura para salir de la pobreza y llegar a la clase media?

Farmers carry saplings in a paddy field on the outskirts of Ahmedabad, India, February 1, 2017.
The ownership rights to an estimated 70% of property in emerging economies is not legally documentedImage: REUTERS/Amit Dave
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¿Cuál es la vía más segura para salir de la pobreza y llegar a la clase media?

La respuesta a esta pregunta depende del lugar del mundo donde vivas.

En el Norte Global solemos olvidar el papel central que desempeñó la propiedad de la tierra para ayudar a las personas a superar sus humildes orígenes y alcanzar el «sueño americano».

En Estados Unidos, por ejemplo, la Ley de Asentamientos Rurales del siglo XIX y, más tarde, las políticas gubernamentales posteriores a la Segunda Guerra Mundial para hacer más asequible la vivienda a quienes compraban su primera casa ofrecieron vías fundamentales para mejorar la situación económica e impulsaron una economía más inclusiva. Un estudio concluye que la brecha entre la clase media y los sectores más desfavorecidos de la población afroamericana está determinada por si sus antepasados, después de la Guerra Civil, eran propietarios de tierras.

Una y otra vez, la propiedad de la tierra fue un hito clave para acceder a oportunidades y movilidad económica, y generó beneficios durante generaciones; este efecto solo se atenuó cuando la economía estadounidense dejó atrás sus raíces agrícolas.

Siempre que la mayoría de las personas depende de la tierra para alimentar a sus familias y prosperar, la propiedad de la tierra es la vía más poderosa para acceder a oportunidades. La propiedad de la tierra no solo proporciona acceso seguro a alimentos e ingresos, sino que es una fuente de riqueza, poder y estatus, además de una puerta de acceso a los servicios gubernamentales y una herramienta de ahorro y protección financiera.

Sin embargo, las políticas gubernamentales sobre la tierra en muchas economías emergentes, desde Camboya hasta Costa de Marfil, socavan su potencial para sacar a las personas de la pobreza. La falta de buenas políticas sobre la tierra y de una gobernanza adecuada en muchos países ha impedido que cientos de millones de familias accedan a tierras o consigan derechos de propiedad sobre las que utilizan. Esto bloquea su mejor vía potencial para llegar a la clase media y frena un crecimiento económico de base amplia.

Basta con considerar un dato: no están documentados legalmente los derechos de propiedad de aproximadamente el 70 % de los bienes inmuebles en las economías emergentes. Esta falta de documentación hace que los «propietarios» se sientan menos seguros y estén menos dispuestos a invertir, los vuelve más vulnerables al acaparamiento de tierras, reduce el valor de estas y dificulta su compra y venta, así como su uso como garantía para obtener préstamos.

Imagina por un momento que intentas vender tu casa sin tener la escritura. No habría muchos interesados. Y no conseguirías un buen precio.

Sin derechos seguros sobre la tierra distribuidos ampliamente y mercados de tierras que funcionen, las personas y comunidades enteras tienen escasas oportunidades económicas.

Podemos y debemos hacer más para ofrecer mayor igualdad de oportunidades —distinta de la igualdad de resultados— a quienes se encuentran en la base de la sociedad.

Sin embargo, ofrecer oportunidades reales para que las personas saquen a sus familias de la pobreza y las incorporen a la clase media exige comprender el papel fundamental que desempeñan los derechos sobre la tierra en el mundo. Con demasiada frecuencia, los responsables de las políticas gubernamentales, los donantes internacionales e incluso las organizaciones dedicadas al desarrollo internacional pasan por alto esta perspectiva.

Consideremos el caso de la India, donde mi organización ha descubierto que más de la mitad de los agricultores de algunas zonas no cuentan con documentación adecuada de sus derechos sobre la tierra. En algunos casos, sus nombres no figuran en los registros de tierras del gobierno; en otros, nunca recibieron un título de propiedad sobre las tierras que cultivan. En ambos casos, cultivan la tierra sin seguridad jurídica y, por lo tanto, se muestran reacios a invertir en ella para mejorar las cosechas y sus vidas. En esas circunstancias, proyectos de desarrollo que, sin saberlo, aumentan el potencial agrícola de la tierra pueden permitir que intereses más poderosos se la arrebaten a quienes debían beneficiarse de ellos.

La situación es aún más sombría para las decenas de millones de familias indias que carecen de tierras. Muchos de los mayores programas gubernamentales de lucha contra la pobreza presuponen que las personas son propietarias de tierras. Por ejemplo, el gobierno concede pequeñas subvenciones para la construcción a familias rurales sin hogar, a fin de ayudarlas a comprar materiales y construir su propia vivienda, presuponiendo que ya tienen el terreno donde construirla. El gobierno también proporciona a las personas pobres semillas y fertilizantes subvencionados para que puedan cultivar sus propios alimentos, presuponiendo que ya tienen tierras para cultivar.

Cada vez más países reconocen que la propiedad de la tierra es una poderosa herramienta para crear oportunidades.

Más recientemente, varios estados de la India han presentado diversos modelos tanto para documentar los derechos sobre la tierra como para proporcionársela a quienes carecen de ella, algunos con el apoyo de donantes internacionales como la Bill & Melinda Gates Foundation, IKEA Foundation, google.org y el Banco Mundial. Mientras vivía en la India el año pasado, visité a innumerables nuevos propietarios de tierras que me contaron cómo la propiedad segura de este valioso activo había transformado sus vidas. Entre ellos está Shridevi, beneficiaria de uno de esos programas en Telangana, quien, aunque era analfabeta, pudo ayudar a su hijo a cursar estudios de posgrado gracias al aumento de sus ingresos y a la confianza que obtuvo de su tierra.

Durante la última década, el Gobierno de Ruanda puso en marcha un programa nacional de registro de tierras con el apoyo del Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido. El programa otorgó títulos de propiedad sobre 11 millones de parcelas en el país y aplicó políticas para fortalecer los derechos de las mujeres a poseer y heredar tierras. Un estudio del Banco Mundialconcluyó que estas iniciativas mejoraron el acceso de las mujeres a la tierra, garantizaron que los derechos de las niñas a heredarla quedaran registrados sin sesgo y tuvieron un impacto muy importante en la inversión en medidas de conservación del suelo cuando las familias, especialmente las mujeres, gozaban de derechos más seguros sobre la tierra. Con la seguridad de la tenencia, las familias invirtieron en la salud a largo plazo de su nuevo activo: la tierra.

Myanmar está poniendo en marcha actualmente un programa histórico, con el apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, para proporcionar a las familias sin tierras derechos seguros sobre una pequeña parcela. Este programa en Myanmar debería ayudar a hasta cuatro millones de las familias más pobres del planeta a dar sus primeros pasos para salir de la pobreza extrema, apoyar un crecimiento económico amplio y profundizar la notable transformación democrática del país.

Estos programas deberían recibir apoyo y ampliarse para crear oportunidades de movilidad social ascendente. Porque cuando las oportunidades de éxito no se distribuyen ampliamente, tanto en Estados Unidos como en otros países, todos salimos perdiendo.

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