A pesar de su ubicuidad, la creatividad sigue siendo un concepto controvertido y mal definido, con una larga historia de propuestas y disputas.
En el mejor de los casos, existe un amplio consenso en que la creatividad implica un proceso humano que conduce a un producto innovador. Gran parte de la controversia en torno a la definición del proceso creativo se debe al lugar central que se concede a un acontecimiento significativo: el llamado «salto creativo», una intuición repentina que casi de inmediato se reconoce como la clave para crear algo nuevo.
El problema es que, en la mayoría de los casos, el reconocimiento es necesariamente retrospectivo y, por consiguiente, poco fiable: incluso el creador que sabe que ha tenido lugar un acto creativo quizá no pueda explicar cómo (o por qué) ocurrió. Keith Richards sacó de la nada el riff de Satisfaction , al parecer.
Mira antes de saltar
La idea de un salto sugiere cruzar una brecha, con el corolario implícito de que se trata de un salto hacia lo desconocido. En términos más formales, un salto creativo se refiere a una asociación inesperada que atraviesa distintos dominios del conocimiento.
Parece haber pocas dudas de que, en primera instancia, el proceso creativo es tanto cognitivo como afectivo.
Al principio, el proceso de formación de ideas implica proposiciones y respuestas (enunciados «si-entonces») que recurren al conocimiento existente. Pero crear algo nuevo no solo implica saltos creativos, sino también cognición y razonamiento, además de cierto nivel de capacidad experta.
Si te parece que el cubismo de Picasso es ridículo, probablemente te gustarán (y te sorprenderán) sus obras anteriores, mucho más representativas. Él se refiere a ese período inicial como «aprender su oficio». La obra creativa llegó después.
Experiencia y creatividad
Aprender el oficio generalmente significa dominar aquello que se espera que los artistas sepan hacer, aunque no siempre opten por hacerlo.
Se espera que los artistas tengan un nivel de experiencia acorde con su arte, aunque no siempre se espere que los expertos sean artistas.
Los expertos saben identificar la estructura subyacente de un problema y seleccionan fácilmente los procedimientos adecuados para resolverlo si el problema se encuentra dentro de su área de especialización. Esta experiencia se adquiere mediante la práctica repetitiva, que establece vías neuronales y/o memoria muscular.
La creatividad, por otro lado, implica acceder a conocimientos de distintos dominios y a pasos procedimentales que no se habían probado antes. Los expertos poseen, y pueden consultar fácilmente, subdominios amplios y muy integrados en sus áreas de especialización, mientras que una persona no experta tendrá un dominio mayor y menos sofisticado.
Aquí se hace evidente la escala de la creatividad: desde un salto creativo de un experto tan pequeño que solo otros expertos lo reconocerán como tal, hasta epifanías decisivas que cambian el mundo para siempre. No obstante, cada uno es un salto y cada uno es creativo, en la medida en que se desvía de un procedimiento estandarizado.
Pensamiento creativo
Por lo general, aceptamos que el pensamiento creativo comprende tanto un aspecto afectivo o generativo como uno cognitivo o evaluativo. El primero implica asociar ideas aparentemente aleatorias y dispares como posibles soluciones; el segundo, valorar el probable éxito de esa asociación.
Se considera que el componente afectivo es intuitivo y artístico, mientras que el aspecto cognitivo se vincula estrechamente con el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la toma de decisiones, el juicio y la evaluación.
Sin embargo, el pensamiento, como función neurológica inclusiva, no distingue por sí mismo entre los aspectos cognitivos y afectivos. Como la creatividad se centra fundamentalmente en el producto, el creador emite constantemente juicios evaluativos y selectivos, y a veces hace concesiones.
Ese proceso depende tanto de plantear una posibilidad como de evaluar su probable eficacia, y termina con un producto (o sin él) que suele someterse a la crítica pública (en el sentido hegeliano).
¿Es realmente «creativo» el proceso creativo?
En este punto, la creatividad tropieza con un obstáculo. ¿Cómo puede algo ser «creativo» si, como sostiene el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi , la creatividad no es más que un acuerdo consensuado a posteriori entre quienes son reconocidos como expertos, y no una aspiración individual?
El analista político estadounidense Thomas Frank es otro que sostiene que la innovación y la creatividad existen «solo cuando la mente colmena con las credenciales adecuadas está de acuerdo en que existen».
Por tanto, la creatividad dista mucho de ser fija: no depende ni del creador ni de la creación. Desde luego, la historia está plagada de obras cuyo valor creativo ha subido y bajado según cambian la opinión y el espíritu de la época.
Es bien sabido que las pinturas de Vincent van Gogh no convencieron a los críticos de su época; ese juicio se revirtió posteriormente.
Puede que no sepa mucho de arte, pero si alguien quiere regalarme un Picasso o un van Gogh, estoy dispuesto a ceder a la presión de mis pares y aceptar que su obra es muy, muy creativa.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Andrys Onsman es profesor del Centre for Studies of Higher Education de la University of Melbourne.
Imagen: Un hombre posa para las fotos mientras se ve un halo solar en el cielo de Brasilia el 30 de septiembre de 2011. REUTERS/Ueslei Marcelino.
