Cuando me presento como estudiante de doctorado en química, a menudo percibo miedo e incomprensión en la mirada de la gente: suelen imaginar a los químicos como científicos locos, como el Dr. Maru de Wonder Woman, haciendo magia negra y provocando explosiones. Al parecer, muchos de los temores del público se basan en malentendidos sobre la ciencia.
Por eso quiero abordar cinco de las ideas erróneas más comunes sobre la química y, con suerte, explicar cómo contribuye a la vida cotidiana.
La palabra sustancia química puede considerarse sinónimo de materia: una sustancia química es cualquier cosa que tenga masa. Esto incluye sustancias cotidianas como el agua, la cafeína y el azúcar. Los elementos que aparecen en la tabla periódica son sustancias químicas, al igual que las moléculas pequeñas, como la cafeína, las moléculas grandes, como el ácido desoxirribonucleico (ADN), y las cadenas casi infinitas llamadas polímeros, como los plásticos.

Idea errónea n.º 1: Los productos sin sustancias químicas son más seguros
Los elementos son los componentes básicos que forman el mundo que nos rodea. Tanto si se encuentran de forma natural como si son de origen artificial, las sustancias químicas están en todas partes. No existen productos sin sustancias químicas: todo lo que se puede tocar es materia y, por tanto, una sustancia química. Los productos anunciados como «libres de sustancias químicas» pueden dar a entender que no contienen sustancias químicas peligrosas, pero las empresas se aprovechan del miedo de la gente a la química en sus anuncios, lo que aumenta la desconfianza de los consumidores.
Idea errónea n.º 2: Si no puedes pronunciarlo, es malo para ti
Los nombres de las sustancias químicas suelen sonar aterradores y dar la impresión de que no son seguras. El nombre de una sustancia química no está relacionado con su peligrosidad ni con su origen. ¿Alguna vez has consumido ácido acetilsalicílico o hidrogenocarbonato de sodio? Quizá sí, si has tomado aspirina o comido algo que se preparó con bicarbonato de sodio.
A veces se usan nombres comunes para las sustancias químicas. El monóxido de dihidrógeno (H₂O) se conoce simplemente como agua; 1,3,7-trimetilxantina suena complicado, pero se conoce coloquialmente como cafeína. A veces, los químicos muestran un gran sentido del humor al poner nombre a elementos y moléculas…

Idea errónea n.º 3: Los productos orgánicos > los sintéticos
¿Sabías que los químicos pueden producir productos naturales de forma sintética en el laboratorio? ¿Sabías que, desde el punto de vista de la química, la gasolina es una sustancia orgánica?
En 1789, el químico francés Antoine Laurent Lavoisier escribió en Traité élémentaire de chimie que «nada se pierde, nada se crea, todo se transforma». Para inventar sustancias químicas nuevas, los químicos tienen que transformar las que ya existen. Siempre utilizan materiales de origen natural como materias primas para crear nuevas moléculas. Las sustancias químicas producidas en laboratorios pueden tener su origen en la naturaleza (petróleo, madera, etc.) y a menudo son orgánicasporque contienen principalmente átomos de hidrógeno, carbono y oxígeno.
El peligro es inherente a cada sustancia química, y es la «dosis la que hace el veneno». Esto significa que no hay que temer las pequeñas cantidades de cianuro presentes de forma natural en las manzanas, y que una barbacoa con la comida carbonizada no provocará cáncer. Sin embargo, beber hasta seis litros de agua o 175 cafés exprés podría ser mortal.
Los productos sintéticos creados en laboratorios no son necesariamente más ni menos peligrosos que las sustancias químicas que se encuentran en la naturaleza. Tanto si se trata de una molécula artificial innovadora como de un producto natural de origen artificial, el peligro depende de su estructura, no de su origen. También hay muchos venenos naturales producidos por plantas y animales. Aun así, los químicos dedican la mayor parte de su tiempo a diseñar nuevas moléculas que beneficien a la sociedad y al medio ambiente, ya sean moléculas nuevas para medicamentos o baterías nuevas para coches eléctricos.
Idea errónea n.º 4: Las nanopartículas son inocuas
Las nanopartículas son pequeños grupos de átomos de entre 1 y 100 nm (1/10 000 del grosor de un cabello humano) que se encuentran en muchos productos cotidianos. Son tan pequeñas que resultan invisibles al ojo humano, pero no a los ecosistemas. De hecho, ahora se sabe que las nanopartículas son tóxicas para la vida acuática.
Como no podemos percibir su presencia en el entorno, a menudo no nos damos cuenta de la gran cantidad de nanopartículas que nos rodea y pasamos por alto su impacto.
Las nanopartículas, de plástico o metálicas, están presentes en muchos productos de cuidado personal, como pastas de dientes, exfoliantes y cremas solares. Se utilizan principalmente para la protección solar, como agentes antimicrobianos y aditivos y colorantes.
Por desgracia, las plantas de tratamiento de agua no pueden filtrarlas, así que terminan en arroyos, lagos y océanos y, finalmente, sirven de alimento a la fauna marina, ascendiendo por la cadena alimentaria hasta acabar en tu plato.
La industria química ha empezado a reducir el número de productos que contienen nanopartículas, pero muchas pinturas y cremas solares siguen siendo posibles fuentes de contaminación. Aun así, las nanopartículas se perfilan como una opción prometedora para la medicina y el tratamiento del cáncer, por ejemplo.

Idea errónea n.º 5: Los químicos son malvados
Los químicos tienen la responsabilidad ante la sociedad de desarrollar productos que sean perjudiciales para el medio ambiente y la salud humana. Han logrado grandes avances en el desarrollo de productos más limpios y ecológicos. Sin embargo, la industria y los consumidores han sido lentos en adoptar estas alternativas más ecológicas, salvo que sean más baratas y al menos igual de eficaces.
A veces, los químicos desearíamos ser magos y poder crear soluciones de la nada. Pero seguiremos avanzando mediante la investigación innovadora, creando productos nuevos y fomentando alternativas más ecológicas a los hábitos de siempre. La química es una herramienta poderosa e innovadora, pero hay que usarla con sensatez.
Para los químicos, el vaso siempre está lleno: en parte, de líquido, y el resto, de aire: nitrógeno N₂, oxígeno 0₂, argón Ar, dióxido de carbono CO₂, etc. La química produce descubrimientos extraordinarios que mejoran nuestra calidad de vida, y aún queda muchísimo por descubrir.
