La desinformación está creando un entorno informativo contaminado que las personas y las organizaciones de noticias aún están aprendiendo a navegar.
Las plataformas de redes sociales desempeñan un papel central, pero complejo, a la hora de abordar el problema.
También es fundamental recuperar la confianza en los medios de comunicación tradicionales y en las instituciones.
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La desinformación no es nueva. Abundan los ejemplos de desinformación y de las llamadas campañas de noticias falsas. Pero, ante el creciente temor por el coste de la vida —agravado por la pandemia y la crisis energética—, combatir la desinformación de frente es ahora más urgente que nunca.
Este podcast incluye el audio de un debate de Agenda Dialogue celebrado durante las Reuniones sobre el Impacto del Desarrollo Sostenible 2022, en el que se abordó cómo el público, los reguladores y las empresas de redes sociales pueden colaborar para aumentar la seguridad en línea.
Participantes:
Adrian Monck, director gerente, Foro Económico Mundial, Ginebra (moderador)
Melissa Fleming, secretaria general adjunta de Comunicaciones Globales, Naciones Unidas
Rachel Smolkin, vicepresidenta sénior de Noticias Globales, CNN Digital Worldwide
Claire Wardle, profesora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Brown
A continuación, puede leer la transcripción y ver el vídeo aquí:
Transcripción
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Adrian Monck, Foro Económico Mundial: Hola y bienvenidos desde Manhattan. Soy Adrian Monck, del Foro Económico Mundial, y esta sesión es Cómo combatir la desinformación, y forma parte de nuestras Reuniones sobre el Impacto del Desarrollo Sostenible 2022 . Gracias por acompañarnos.
Me complace decir que para este panel contamos aquí en el estudio con un magnífico grupo de expertos. Nos acompaña Melissa Fleming, secretaria general adjunta de Comunicaciones de las Naciones Unidas, que anteriormente estuvo a cargo de todas las comunicaciones del ACNUR y es una comunicadora y podcaster muy destacada. También participa a distancia Rachel Smolkin, vicepresidenta sénior de CNN, a cargo de la producción digital de la cadena. Y Claire Wardle, profesora de la Universidad de Brown y una de las principales expertas en desinformación. Claire también asesora a numerosas organizaciones sobre qué deberían hacer para combatirla.
Navegar por el entorno informativo contaminado
Para empezar la sesión, Melissa, quería dirigirme a ti. Cuando asumiste en 2019 la dirección de Comunicaciones de las Naciones Unidas, imagino que tenías en agenda los Objetivos de Desarrollo Sostenible y muchos de los grandes asuntos mundiales que aborda la ONU. Supongo que probablemente no tenías en la lista la lucha contra la desinformación mundial. ¿Cómo llegó a formar parte de tu misión?
Melissa Fleming, secretaria general adjunta de Comunicaciones Globales de la ONU: Sí, tienes razón. Desde luego, era algo que iba cobrando fuerza en segundo plano como fenómeno, pero realmente estalló con la COVID-19.
Pero creo que también estalló nuestra conciencia del fenómeno y del problema. Y es que, claro, cuando las plataformas de redes sociales ya se habían vuelto tan dominantes, se había producido una proliferación de información errónea y desinformación que dificultaba lograr lo que intentábamos conseguir: un mundo mejor, más inclusivo, más pacífico y armonioso.
Con la COVID-19, nos dimos cuenta muy pronto de que estábamos en una crisis de comunicación como ninguna otra que hubiéramos vivido.
Melissa Fleming, secretaria general adjunta de Comunicaciones Globales de la ONU
Pero con la COVID-19, nos dimos cuenta muy pronto de que estábamos en una crisis de comunicación como ninguna otra que hubiéramos vivido, porque era una pandemia nueva y pedíamos a la población de todo el mundo que hiciera cosas que le resultaban muy incómodas. Además, se sabía muy poco. Sabemos que comunicar la ciencia es difícil; basta con recordar la comunicación sobre las vacunas o sobre cualquier otro ámbito científico. No es algo blanco o negro: tiene matices. Y, en este caso, el virus iba cambiando.
Las instituciones de salud pública, la ONU y la OMS estamos acostumbradas a publicar comunicados de prensa o documentos áridos en formato PDF. Mientras tanto, circulaban contenidos muy emotivos, con personas expresando sus temores. Y, claro, personas muy activas en los círculos antivacunas y otras aprovecharon el miedo de la gente para difundir desinformación e información engañosa, alimentadas también por algunos líderes y gobiernos.
Así que aquello fue una cacofonía de información. La OMS lo llamó infodemia: si eras usuario e intentabas buscar información, acababas confundido porque había muchísima. Una parte era buena. Otra era «meh» y otra era realmente muy, muy mala.
Así que sí, empezamos a estudiar el fenómeno. Sé que Claire Wardle también se implicó mucho y nos ayudó con sus consejos. Quizá pueda comentar y después podemos hablar un poco de lo que hicimos, de cómo cambiamos de rumbo y reforzamos nuestras operaciones para intentar abordarlo.
Adrian Monck: Sí, me gustaría saber un poco más sobre eso. Pero, Claire, llevas estudiando la desinformación probablemente más tiempo que casi cualquier otra persona en el mundo académico y de la comunicación. Ayúdanos a entender la magnitud del problema al que nos enfrentamos. Mucha gente en los medios habla de esto. También se oye en programas dedicados a analizar el mundo de los medios. Pero ¿debería preocuparles realmente a los ciudadanos de a pie, o es un problema lo bastante acotado como para poder contenerlo y ponerlo en perspectiva?
Claire Wardle: Es algo que debería preocupar a la gente. A menudo digo que no podemos volver a meterlo todo en una caja: nuestro entorno informativo estará contaminado de distintas maneras, y, como ciudadanos, tenemos que aprender a navegar por entornos informativos contaminados. Como ocurre con la contaminación, parte de ella la causan personas que intentan ganar dinero y no les importa que estén contaminando el entorno. Otras personas lo hacen por motivos políticos.
La desinformación consiste en crear deliberadamente información falsa para causar daño. El número de personas que lo hacen es relativamente pequeño, pero se les da bastante bien porque aprenden, se adaptan y evolucionan.
El problema mayor es que muchos ciudadanos, todos nosotros como seres humanos, somos susceptibles. Como dijo Melissa, una de las razones por las que la pandemia fue tan difícil es que todos teníamos miedo. Nuestras vidas dieron un vuelco. Cuando los seres humanos estamos asustados, tenemos miedo o nos sentimos inseguros, nuestra capacidad de pensar críticamente no funciona con la misma eficacia. Por eso todos compartimos información, a menudo con la intención de ayudar, sin darnos cuenta de que en realidad es falsa o engañosa y puede causar daño.
Este panel se titula «Cómo combatir la desinformación», pero en realidad debemos prestar atención a todas las formas de información contaminada y tomar distintas medidas. Para frenar a los agentes rusos que intentan desestabilizar deliberadamente el país, necesitamos actuar de cierta manera; para evitar que el tío Bob comparta información engañosa en la cena de Acción de Gracias, la respuesta es distinta. Tenemos que aprender y entender todas estas cosas para intentar mitigar los daños de la información contaminada.
Adrian Monck: Gracias. Quiero dar paso a Rachel. Rachel, tienes una enorme responsabilidad en CNN, pero estás en una posición en la que CNN intenta comprender el mundo y establecer los hechos. También forma parte de una guerra política sobre quién controla el relato. Y ahora te enfrentas a esas personas a las que acaba de aludir Claire, que se dedican profesionalmente a fabricar desinformación para complicarte aún más el trabajo.
¿Cómo analizan tú y tus colegas ese entorno de desinformación? ¿Es algo a lo que ya te has acostumbrado, o todavía estás aprendiendo a navegarlo y a encontrar la manera de desenvolverte en él?
La situación se complica mucho cuando no hay un conjunto de hechos acordado ni un relato único. Los hechos existen. En los medios, nuestro trabajo es seguir señalándolos, independientemente de la politización que los rodee.
Rachel Smolkin, vicepresidenta sénior de Noticias Globales, CNN Digital Worldwide
Rachel Smolkin, Rachel Smolkin, vicepresidenta sénior de Noticias Globales, CNN Digital Worldwide: Claire ha explicado muy bien la idea de la información contaminada. Me parece una forma muy útil de entenderlo, porque, mientras navegamos por este entorno, la información deliberadamente falsa se mezcla con información errónea, engañosa y peligrosa, independientemente de la intención original de quien la difundió.
Nos desenvolvemos en este entorno de distintas maneras y en distintos ámbitos. Hemos estado muy centrados en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2020, las afirmaciones de que se robaron las elecciones, las afirmaciones falsas y todo el movimiento «Stop the Steal» («Detengan el robo»). Hemos insistido mucho en ofrecer los hechos a la audiencia, porque la solidez de nuestra democracia reside en nuestras instituciones y en la confianza pública en ellas. La situación se complica mucho cuando no hay un conjunto de hechos acordado ni un relato único. Los hechos existen. En los medios, nuestro trabajo es seguir señalándolos, independientemente de la politización que los rodee.
El otro desafío es que ya no estamos ante un único ámbito acotado. Esto no ocurre solo en la política. Ha sido un problema enorme durante la pandemia. Lo hemos visto mucho en torno a las vacunas, con afirmaciones falsas e información errónea sobre la seguridad de las vacunas contra la COVID-19 que pueden asustar a la gente y disuadirla de vacunarse. Esto tiene consecuencias reales para la salud y puede ser muy peligroso para quienes reciben esa información contaminada, ya sea desinformación o información errónea.
Ahora lo estamos viendo en el ámbito del aborto. También es un ámbito que puede ser muy peligroso para las mujeres, a quienes se les dicen en internet cosas que sencillamente no son veraces ni tienen fundamento científico. Lo hemos visto en la guerra entre Rusia y Ucrania, con Rusia difundiendo desinformación y gobiernos como el de China haciéndose eco de ella. Lo estamos viendo en muchos ámbitos distintos, así que debemos pensar cómo comunicar mejor los hechos a la audiencia, cómo exigir responsabilidades a quienes actúan y denunciar lo que es falso sin contribuir a difundirlo. Siempre debemos tener presente ese equilibrio.
Adrian Monck:. Quiero volver contigo, Melissa, porque al principio hablaste de cómo empezasteis a abordar este problema. ¿Qué herramientas ideasteis para empezar a desintoxicar o descontaminar esta esfera informativa?
Melissa Fleming: Hay que llegar adonde también llega la desinformación. Claire ha hablado de las lagunas de datos. Tenemos que averiguar dónde busca la gente y llegar primero, pero no con un documento aburrido de 50 páginas, sino con contenidos atractivos, que circulen bien en el entorno digital, funcionen en las redes sociales y estén disponibles en distintos idiomas.
Movilizamos nuestras oficinas en países de todo el mundo para que tomaran los mensajes básicos, que apenas habían cambiado en cuanto a las recomendaciones sanitarias y la eficacia y seguridad de las vacunas, y elaboraran contenidos pertinentes a nivel local, que circularan por los espacios digitales y estuvieran en idiomas que la gente entendiera, dentro de contextos que tuvieran sentido.
Así que nos guiamos mucho por nuestros equipos locales y por lo que era tendencia en cada lugar. Los mensajes centrales desde Ginebra o Nueva York no iban a funcionar para todo el mundo.
Otra estrategia fundamental fue movilizar a personas influyentes que tenían muchas ganas de ayudar y una enorme cantidad de seguidores, para que difundieran mensajes útiles para sus comunidades. Gozaban de mucha más confianza que las Naciones Unidas cuando comunicaban algo desde su sede en Nueva York.
Por último, pusimos en marcha otro proyecto de mensajeros de confianza, llamado Team Halo, en el que formamos a científicos de todo el mundo y a algunos médicos en TikTok. TikTok colaboró con nosotros. Estos científicos, que al principio prácticamente no tenían seguidores, consiguieron la verificación de sus cuentas. Empezaron a invitar a personas de sus comunidades a sus laboratorios y oficinas, y respondían a sus preguntas e interactuaban con ellas. El proyecto despegó y muchos se convirtieron en asesores habituales de los medios nacionales.
Fue un despliegue de ideas y tácticas en varias capas.
Por último, y Claire también lo mencionó, la gente necesita inmunizarse frente a la desinformación. Creo que las redes sociales se expandieron tan rápido que personas de todas las edades están muy poco preparadas, sobre todo en momentos de crisis, cuando están muy pendientes de lo que ocurre, buscan información, quieren ayudar y compartir. Debemos aprender a detectar la información errónea y la desinformación, y a no contribuir al problema.
Y por último, algo que todavía no hemos mencionado: creemos que las plataformas tienen una enorme responsabilidad y deben rendir cuentas mucho más de lo que lo hacen. Sí reaccionaron. Sí ofrecieron créditos publicitarios. Sí retiraron bastantes contenidos. Pero el fenómeno siguió creciendo en sus plataformas y todavía lo hace. Y solo estoy hablando de la COVID. Rachel también habló de los conflictos. Está la guerra de Ucrania. Vemos el fenómeno del discurso de odio, que agrava las guerras y alimenta los conflictos. Todos estos fenómenos existían desde siempre. Lo que ocurre es que ahora pueden difundirse con una capacidad mucho más poderosa que cualquier medio disponible antes de la era digital.
Adrian Monck: Y eso es muy interesante porque quizá debamos dar un paso atrás para quienes no entienden cómo hemos llegado a esta situación.
Cuando empezaron las redes sociales y las comunicaciones por internet, no estábamos en la misma situación que cuando apareció la imprenta, cuando los padres fundadores de Estados Unidos se enfrentaban a personas que publicaban todo tipo de periódicos difamatorios y entraron en vigor las leyes sobre difamación y otras normas relacionadas con la libertad de expresión.
Básicamente, se les concedió una exención para decir que no eran responsables del contenido que apareciera en sus plataformas —así empezó a usarse esa palabra—, porque eran plataformas y no publicaciones. Y eso ha sido un factor fundamental en el crecimiento de estas plataformas. Pero eso no es aplicable a CNN, ¿verdad, Rachel? Si publicas un reportaje, no puedes decirle al mundo: «Lo sentimos, no nos demanden; esto no tiene nada que ver con el proceso editorial de CNN, simplemente ha sido mala suerte, es la opinión de alguien».
Claire, ¿puedes ayudarnos a volver un poco atrás? Y quizá Rachel también pueda explicarnos algunas de las maneras en que gestionan profesionalmente la información y las comprobaciones que realizan. Creo que es muy importante que la gente entienda ambos aspectos. Aquí hay un proceso real y también hay una estructura concreta que explica cómo hemos llegado a esta situación. Claire.
Plataformas de redes sociales: ¿editoras o canales de distribución?
Lo que vemos es que esta tecnología también ha permitido que ocurran todo tipo de cosas maravillosas. Y eso es lo que debemos equilibrar: el lado terrible de internet con su lado maravilloso.
Claire, profesora, Universidad de Brown
Claire Wardle: Yo solo diría que no hace tanto que todos conseguimos uno de estos [un teléfono inteligente]. Creo que el iPhone salió en 2007, y ninguno de nosotros recibió un curso intensivo. No tuvimos que sacar un carné para usar el teléfono y nos entusiasmamos con él. Pero, en esencia, ahora tengo el mismo poder que Rachel. Puedo crear algo ahora mismo y, si es increíble, podría llegar a más gente que CNN; tendría que ser muy bueno. Pero nadie nos enseñó a asumir esa responsabilidad. No lo llamábamos publicar, sino escribir una publicación y compartir una actualización de estado. No decíamos que podías compartir información y que, si era falsa, podía causar mucho daño.
Lo que señalas, Adrian, es el cambio fundamental que trajo internet y la idea de que las plataformas eran solo canales de comunicación y no tenían responsabilidad. Cuesta entender por qué Mark Zuckerberg no asume responsabilidades, porque debería hacerlo. Pero es complicado, porque la falta de filtros en internet también ha permitido que se oigan y prosperen todo tipo de voces, y que surjan movimientos que quizá no habríamos escuchado en una época con filtros.
Así que lo que estamos viviendo ahora, y tienes razón al mencionar la imprenta, es una revolución de la misma magnitud. Como sociedades, estamos intentando atravesar este periodo de adaptación: ¿qué significa que todo el mundo tenga un medio para expresarse? ¿Qué normas nos permiten hacerlo sin causar daño y demás?
Y hay llamamientos a cambiar lo que se conoce como la Sección 230, lo que implica que las plataformas deben asumir la responsabilidad. Pero me preocupa que, si reaccionamos de forma precipitada, qué tipos de expresión podrían quedar coartados o dejar de escucharse. ¿Cómo moderamos una expresión de tal magnitud?
No pretendo decir que las plataformas no deban hacer más. Por supuesto que deben hacerlo. Pero esta tecnología también ha permitido que ocurran todo tipo de cosas maravillosas. Y eso es lo que debemos equilibrar: el lado terrible de internet con su lado maravilloso que, en justicia, forma parte de la naturaleza humana. Ahora estamos intentando superar este periodo.
Y por eso seguimos teniendo estas conversaciones: porque el tema es difícil, complejo y lleno de matices. Creo que intentamos equilibrar el elemento humano del habla y la comunicación con las capacidades técnicas de los iPhone, los ordenadores e internet. Por eso ahora parece tan difícil: no hay un camino fácil y vamos encontrando la manera sobre la marcha.
Adrian Monck: Rachel, como dijo Claire, todo el mundo tiene un teléfono y puede publicar algo. Pero como periodista de CNN no puedes entrar sin más en Twitter, publicar una opinión o compartir algo que no sabes si es correcto. Tienen procesos y procedimientos editoriales para garantizar que lo que emiten y comparten en formato digital se compruebe, se investigue y sea algo que puedan respaldar. A diferencia de las plataformas, tienen la obligación de asegurarse de que han seguido un proceso riguroso para verificar lo que emiten y publican, ¿verdad?
Rachel Smolkin: Sí, sin duda. Hay muchos niveles de revisión, empezando por comprobar la información en sí. El proceso comienza con los reporteros, pero dentro de la organización hay muchas capas que la revisan y la verifican. Sí, lo hemos oído de una persona, pero ¿hemos consultado a esta otra fuente, a esta otra persona que podría darnos una explicación más detallada o decirnos que la información que tenemos es errónea? ¿La hemos comprobado? ¿La hemos considerado desde este otro ángulo, desde esta otra perspectiva? Tenemos varias capas de editores. Contamos con líderes expertos en sus ámbitos que analizan la información y la relacionan con otros trabajos que hemos hecho. En la organización también hay personas que se ocupan específicamente de nuestras normas y de comprobar si nuestros reportajes las cumplen.
En CNN hay muchas personas que revisan estos asuntos para asegurarse de que lo hacemos bien, precisamente por la razón que señalas: cuando publicamos algo, sabemos que tenemos una plataforma poderosa y la responsabilidad de ofrecer a la audiencia la información más precisa posible. Cuando cometemos un error, también es muy importante explicar a la audiencia exactamente qué hicimos mal y corregirlo con transparencia. Intentamos evitar esa situación todo lo posible, pero, si se produce, rendir cuentas de esa manera también es fundamental para ser siempre lo más claros posible con nuestra audiencia.
Y Claire dio en el clavo al decir que internet tiene muchas facetas. Empezamos esta conversación hablando de la ansiedad que sentía la gente durante la COVID y de que buscaba una vía para compartirla y desahogarse. Eso también es importante: permite dar voz a esas personas y unirlas. Pero todos tenemos la responsabilidad de garantizar que, en las plataformas donde compartimos información, esta sea precisa y correcta cuando afecta a la salud y la seguridad de las personas, así como a su comprensión y confianza en las instituciones fundamentales de nuestro gobierno.
La libertad de expresión y los mecanismos de control de los medios
Adrian Monck: Gracias, Rachel. Claire y Melissa, quiero volver con ambas a este tema. Claire, hablaste de las posibilidades maravillosas de internet y de que oímos muchas voces. Pero hemos aprendido bastante a lo largo de décadas y siglos de historia de la información y el periodismo: hacen falta mecanismos de control. No se puede gritar «¡fuego!» en una sala abarrotada; hay que asegurarse de seguir ciertos procesos al publicar información que pueda perjudicar la salud, el bienestar o la reputación de las personas, entre otras cosas. Sin embargo, parece que en la situación actual esas lecciones se han dejado completamente de lado y todos avanzamos un poco a tientas.
¿Hay que revisar algo de todo eso ahora? Porque seguimos teniendo estas conversaciones como si no existiera algo llamado la historia del periodismo y la historia de los periódicos, la televisión y todo lo demás, y la radio; como si internet fuera tan distinto y tan nuevo. Y, sin embargo, lo que describes parece muy antiguo: el problema de que la gente comparta cosas inventadas o, peor aún, de que algunas personas inventen cosas deliberadamente para perjudicar a otras y consigan que se compartan.
Claire Wardle: Diría, Adrian, que los dos somos británicos y que ambos hemos vivido en un país con periódicos sensacionalistas terribles. Quiero decir, hay medios de comunicación muy buenos y también los hay que promueven la desinformación. Hay políticos muy buenos y también políticos que promueven activamente la desinformación. Así que sí, las plataformas forman parte del problema, sin duda, pero no podemos ignorar todo el ecosistema informativo.
Rachel acaba de explicar muy bien todos los mecanismos de control y equilibrio. Mucha gente no tiene ni idea de todos esos mecanismos en una redacción. Se imaginan que Rachel tiene una idea y simplemente la publica. Que resulta que trabaja en CNN. Y que es la portavoz de la élite liberal. No.
Por desgracia, vemos cómo disminuye la confianza en las instituciones porque no hemos explicado muy bien lo que acaba de decir Rachel: lo que Rachel publica en CNN es fundamentalmente distinto de lo que mi mejor amigo del instituto decide publicar basándose en sus propias experiencias y en lo que ha leído en un artículo de una revista científica. Pero no ha cursado una asignatura sobre métodos de investigación y saca conclusiones erróneas de ese artículo.
Todos estamos en este espacio. Todos tenemos la capacidad de publicar. Por eso, gran parte de esto se reduce a la enseñanza: enseñar a la gente a entender cómo desenvolverse en este mundo y a pensar de forma crítica sobre todo tipo de información, ya venga de Facebook o de un medio de comunicación. ¿Ese medio aplica los controles que cabría esperar para que puedas confiar en que lees o consumes información fiable? Ese es el problema. Hay muchísimos elementos. Hablo de contaminación: toda clase de contaminación que llega desde todas direcciones. Por eso tenemos que tener cuidado de no decir: «Ah, las noticias son la solución». Por desgracia, hay ejemplos de sobra en todo el mundo de que las noticias también forman parte del problema.
Melissa Fleming: Pero me gustaría decir que hay una crisis de los medios de comunicación de interés público, sobre todo en algunos países. También la hay aquí, si pensamos en el declive de las noticias locales y de los periódicos locales. En muchos países del mundo, en los países en desarrollo, la clase de medios que podría ejercer ese control y equilibrio está prácticamente en peligro de extinción.
Así, Facebook acaba convirtiéndose en internet y surgen portales afines sin rendición de cuentas, o algo parecido a organizaciones de noticias falsas, para cubrir ese vacío y ocupar ese espacio. Estoy de acuerdo con Claire en que tenemos un ecosistema informativo contaminado, con muchos componentes y actores. Pero también creo que el declive de los medios de interés público y el auge de las alternativas digitales han sido peligrosos.
Lo hemos visto en sus formas más atroces. Por ejemplo, en Myanmar. Creo que es el caso que más se cita: como señaló Claire, todo el mundo consiguió teléfonos móviles y luego todo el mundo se instaló Facebook en ellos. Esa fue su manera de entrar en este increíble mundo nuevo, sin recibir ninguna orientación sobre cómo desenvolverse en él. Y entonces un gobierno tomó la decisión de deshumanizar a todo un sector de la población, los rohinyás, de tal manera que dio carta blanca para matar y expulsar a 700.000 personas. Y Facebook prácticamente no moderó nada. Ni siquiera se dieron cuenta realmente de que esto estaba ocurriendo en la plataforma.
Así que es un ecosistema. Estoy de acuerdo con Claire: es muy complejo. Creo que hay que analizarlo país por país y abordarlo de muchas maneras distintas: mediante la educación y el refuerzo de los medios que vayan a ofrecer información veraz y buenos reportajes, para que la gente tenga fuentes de noticias en las que pueda confiar.
Y, por parte de las plataformas, hace falta más disposición a usar sus capacidades de moderación en países muy frágiles. Hace poco estuve en Bosnia y Herzegovina, donde se están multiplicando la negación del genocidio de Srebrenica y la glorificación de los criminales de guerra. La gente decía que la situación había llegado a un punto en que temían volver a caer en una guerra. Esto lo alimentan esos discursos que circulan por internet sin apenas control. En fin, podría seguir hablando de todos los fenómenos que estamos viendo.
Por último, hace poco se encuestó a nuestros efectivos de mantenimiento de la paz en todo el mundo y casi la mitad consideraba que la información errónea y la desinformación eran un verdadero problema para mantener la paz. Es cierto lo que dijo Claire: en algunos lugares esto también puede difundirse por la radio, por ejemplo. Así que no ocurre solo en las redes sociales, pero creo que nuestro ecosistema informativo es un verdadero problema si queremos un mundo más estable, pacífico, armonioso y unido.
Adrian Monck: Es muy interesante. Y hay un par de cosas sobre las que me gustaría conocer la opinión de los tres.
Una es la profesionalización de la desinformación, que hemos visto en la década de 2010, desde los desmentidos rusos sobre su implicación en el derribo de un avión de pasajeros que transportaba a cientos de personas de Holanda y Asia, hasta el uso o la falta de uso de armas químicas en Siria. Y hasta la COVID, cuando vimos lo que parecían ser actores patrocinados por Estados participando en ello, e incluso la creación de canales de televisión pantalla como Russia Today, que difundían y emitían teorías conspirativas y otros tipos de información y amplificaban su alcance.
Quiero hablar de eso. Pero también está el otro lado: el hecho de que estas plataformas tienen su sede y su origen en Estados Unidos. Proceden de un lugar muy concreto, donde el terreno de juego de la libertad de expresión no tiene restricciones. Y ese terreno sin restricciones no existe en todas partes. Y sabemos que hay buenas razones para ello. En Alemania, por ejemplo, hay normas y reglamentos sobre lo que se puede decir del Tercer Reich, el Holocausto y cuestiones similares. En el Reino Unido, tras los graves problemas que atravesó en los años setenta y ochenta, hay medidas de protección frente al discurso racista y el discurso de odio.
Así que existen restricciones sobre lo que la gente puede decir y cómo puede decirlo. Quisiera saber qué opinan ustedes tres: (a) ¿se pueden extraer lecciones de algunas de esas medidas o el ejemplo estadounidense es el modelo más puro, el más absoluto, que habría que reproducir en todas partes? Y, además, si se trata de desinformación profesional, ¿cómo se le hace frente?
Quiero abordar dos cuestiones. Pero quizá podríamos empezar por el contexto estadounidense, Claire, ya que conoces ambos lados. Creciste en Gran Bretaña, pero trabajas en Estados Unidos. ¿Qué opinas del derecho irrestricto a decir lo que uno quiera, donde quiera?
Claire Wardle: Debo decir que hay muchas cosas de la Primera Enmienda que son muy, muy especiales. Pero siento que impide conversaciones matizadas sobre la libertad de expresión. Existe esa idea de que el discurso es un mercado de ideas y de que cuanto más discurso, mejor. Pero lo cierto es que los algoritmos no son imparciales. Así que no todas las expresiones tienen el mismo peso. Hay ciertos tipos de discurso que suelen ser más emotivos y provenir de ciertas personas, y que consiguen más espacio.
Lo que me frustra es que ojalá pudiéramos hablar más del daño que puede causar la libertad de expresión. La gente dice: «Bueno, la información errónea es discurso legal. Sabemos qué hacer con el contenido terrorista y las imágenes de abuso sexual infantil: son expresiones ilegales. Pero muchos de estos ejemplos, Claire, son discurso legal». Y yo sigo diciendo: «Bueno, puede ser legal, pero si causa daño, ¿no podemos hablar de ello?»
Y creo que los ejemplos que mencionas, Adrian, muestran que hay casos muy claros en los que el discurso causó daños muy graves. Me preocupa que no pensemos en este problema a largo plazo. Hubo un documental extraordinario del New York Times en el que encontraron imágenes de espías de la KGB de los años ochenta. Uno de ellos dice: «Es como gotas de agua sobre una roca. Una sola gota no hace daño, pero las gotas continuas la fragmentarán en miles de pedazos, y eso es lo que intentamos hacer con Estados Unidos». Lo dijeron en los años ochenta, y se podría argumentar que 40 años después empezamos a ver que sucede.
Así que, en cuanto a lo que planteas, Adrian, me preocupa que la gente diga: «Ah, la Primera Enmienda; ¿qué daño está causando esto?». Bueno, ¿adónde nos lleva con el tiempo este contenido conspirativo, misógino y de odio, de bajo nivel y que no infringe las normas de las plataformas? Ojalá pudiéramos tener una conversación más matizada sobre la libertad de expresión, porque me preocupa que la idea de que cuanto más discurso, mejor no se ajuste a la realidad. Y si hablas con personas racializadas o con mujeres, su experiencia en internet probablemente sea muy distinta de la tuya, Adrian. Así que no es cierto que todas las expresiones sean iguales. Ojalá pudiéramos hablar de ello con seriedad y analizar las repercusiones a largo plazo de los distintos tipos de discurso.
Adrian Monck: Rachel, CNN es un medio de comunicación global y opera en muchos mercados con distintos tipos de regulación. ¿Qué perspectiva tienes sobre la primacía, por así decirlo, de la Primera Enmienda en el contexto global de la libertad de expresión?
Rachel Smolkin: Como saben, operamos a escala mundial. Eso significa que cada país tiene sus propias directrices o normas. Lo vemos especialmente en asuntos como las elecciones, que se gestionan de maneras muy distintas según el lugar.
Creo que, volviendo a lo que decía Claire, aquí la cuestión tiene menos que ver con si alguien puede decir algo, aunque sea un comentario ofensivo y desagradable. Quiero decir que sí, en Estados Unidos, en la mayoría de los casos puede hacerlo; pero creo que la cuestión es más bien cómo se gestiona. Y eso nos devuelve a las plataformas: desde los debates sobre los algoritmos hasta lo que permiten. Sí, alguien puede levantarse y hacer un comentario. Eso no significa que haya que compartirlo en una plataforma; la plataforma establece sus propias normas.
Ayer mismo se publicó un estudio del que escribimos en CNN. Era un estudio de NewsGuardsobre TikTok, que descubrió que, al buscar información básica sobre noticias, casi el 20% de los vídeos incluye resultados de búsqueda con información errónea. Esto abarcaba desde las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020 hasta la guerra entre Rusia y Ucrania, además de información errónea sobre el aborto.
Así que hay un problema: una plataforma actúa como proveedora de información y un público joven acude a ella en busca de información, quizá sin estar preparado para discernir o sin suficiente alfabetización mediática para distinguir lo correcto de lo incorrecto. Y eso es lo que está encontrando.
Así que, para mí, la conversación debe centrarse en eso, más que en lo que se puede decir o no: ¿cómo gestionamos la información y qué publicamos? ¿Qué se promociona y qué llega a lo más alto? Así, cuando los usuarios, y en particular los jóvenes, lo buscan, ¿con qué se encuentran?
Adrian Monck: Creo que es un punto muy importante. Y, Melissa, en cierta medida, lo que acabas de oír de Rachel sobre la velocidad con que los usuarios interactúan con las plataformas supera con creces lo que las propias plataformas pueden gestionar o entender.
Parece que, al principio de estas plataformas, había mucha esperanza en las comunidades globales, en que todo el mundo pudiera compartir bonitas fotos de sus familiares y amigos, y no se hablaba de lo que podía ocurrir en el lado más oscuro. TikTok es una plataforma nueva, famosa por sus vídeos de baile y los duelos de gente que canta, entre otras cosas. Pero también es muy vulnerable precisamente a lo que han comentado sobre el espacio de la desinformación y la información errónea. ¿Cómo conciliamos el surgimiento repentino de estas plataformas con la llegada de usuarios, algunos de mala fe y con malas intenciones, a veces patrocinados por Estados, que difunden este tipo de contenido dañino? ¿Cómo afrontamos eso y cómo lo hacen en la ONU?
Melissa Fleming: Estoy de acuerdo con todo lo que han dicho Claire y Rachel sobre este fenómeno. Y aunque no recuerdo la cifra exacta, es sorprendente la cantidad de jóvenes que se informan por TikTok y no recurren a ningún otro medio. Por eso, con ese conocimiento, la responsabilidad de TikTok es enorme. Es incluso mayor. Si circula tanta información errónea y desinformación en la plataforma, obviamente tienen que hacer más para abordarlas y también para educar.
Pero creo que nosotros, como organizaciones de noticias y como instituciones, también tenemos la responsabilidad permanente de informar al mundo sobre la situación mundial y orientar al público.
Por ejemplo, en la ONU me sorprendió saber por mis colegas de redes sociales que pertenecemos a una categoría llamada instituciones cívicas, lo que significa que partimos con una clasificación más baja. Así que empezamos desde aquí abajo, mientras que Joe, el teórico de la conspiración, puede empezar aquí.
Facebook intenta abordar este problema concediéndonos créditos publicitarios para que podamos volver a estar al mismo nivel que esa persona que «quiere decir cualquier cosa». Pero se tomó deliberadamente la decisión de cambiar el algoritmo para favorecer a las personas por encima de las instituciones. Y las instituciones que trabajan por el bien del público están en desventaja.
También tenemos que mejorar nuestra comunicación en estos espacios. Creo que las personas que dirigen nuestros gobiernos y nuestras instituciones de salud pública también deben comunicarse de forma más humana, porque eso funciona bien en las redes sociales.
Así que se trata de educar y, con suerte, de dar más visibilidad a los contenidos. Por ejemplo, colaboramos con Google: si buscas el cambio climático en Google, verás toda clase de recursos de la ONU en la parte superior de los resultados. Iniciamos esta colaboración cuando nos sorprendió ver que, al buscar el cambio climático en Google, aparecía información muy distorsionada en los primeros resultados.
Así que estamos adoptando una actitud mucho más proactiva. Somos responsables de la ciencia y creemos que el mundo debe conocerla; las propias plataformas también lo creen. Pero, de nuevo, es un reto enorme en el que creo que todos los sectores de la sociedad deben participar activamente.
Recuperar la confianza y replantear los medios de comunicación
Adrian Monck: Ha sido una conversación muy interesante. Quiero terminar preguntándoles a cada uno lo siguiente: algunas personas que nos estén viendo dirán: «Bueno, un momento. Ustedes son expertos, son institucionales, son medios de comunicación tradicionales. Yo investigo precisamente para poder rodearlos, porque no confío en que cumplan lo que dicen que van a cumplir. Tienen una agenda. Forman parte de instituciones por las que no voté. No las elegí. No las escogí. No tuve voz en la política editorial de CNN. No pude elegir al profesorado de Brown, votar por los líderes de la ONU ni elegir a los del Foro Económico Mundial».
¿Cómo se llega a personas así para decirles: «Miren, quizá deberían comprobar un poco mejor lo que están viendo, o tal vez reconsiderarlo»?
¿O hemos perdido a algunas personas en este debate, personas que ya se han ido y no volverán? Claire, probablemente llevas más tiempo que nadie trabajando en esto. ¿Cuál es tu valoración?
Claire Wardle: Sí. Creo que ya no podemos limitarnos a decirle a la gente: «Confíen en nosotros». Porque, si observas el ecosistema de la desinformación, es realmente participativo. La gente siente que forma parte de algo. Siente que puede actuar y que se la escucha.
El ecosistema en el que vivimos todos sigue siendo bastante jerárquico. CNN quizá me diga: sintoniza a las 11 o lee este enlace. O, como dices, Melissa podría publicar un PDF y dar por hecho que simplemente lo voy a leer y creer. Nosotros tenemos que entender cómo escuchar de forma más eficaz. ¿Cómo podemos lograr que nuestras redacciones y nuestros claustros representen mejor a tantas personas que sienten que no se las ve ni se las representa?
Pero, de nuevo, no vamos a salir de esto enseguida. Así que tenemos que iniciar un proceso y preguntarnos cómo recuperar esa confianza. Tendremos que hacer que la gente sienta que forma parte de algo. En este momento no es así, pero el otro lado sí consigue que se sienta parte de algo, y por eso está teniendo éxito.
Adrian Monck: Y Rachel, ¿qué opinas? ¿Crees que tenemos que recuperar la confianza? ¿Tenemos que reconstruir las comunidades, las relaciones con las personas con las que interactuamos? ¿Cómo está abordando CNN esta cuestión?
Rachel Smolkin: Tenemos que hacer ambas cosas. La confianza se gana. Lo que hacemos cada día conlleva una gran responsabilidad y es un privilegio. Lo tenemos muy presente: intentamos hacerlo bien y servir a nuestro público, pensamos en qué información necesita y busca, y nos aseguramos de ofrecerla en distintos formatos. También incorporamos voces diversas y pensamos en las distintas comunidades y en cómo llegar a personas diferentes en lugares diferentes.
Hoy se consumen las noticias de una forma muy distinta a la de antes. ¿Estamos pensando en cómo llegar a la gente de nuevas maneras y en nuevos espacios, en sus comunidades, o en qué voces estamos pasando por alto y podríamos incorporar mejor a nuestra cobertura? Son cuestiones que debatimos todos los días en la redacción y tenemos que seguir haciéndolo. Son fundamentales.
Adrian Monck: Y Melissa, probablemente has estado en primera línea de esto durante los últimos tres años, de maneras que nunca habrías imaginado. ¿Cómo has abordado esta cuestión? ¿Crees que hemos perdido a algunas personas, que han caído en el ámbito de las teorías conspirativas y de quienes difunden desinformación, o podemos hacer algo para recuperarlas?
Hay un deseo profundo de formar parte de algo que no sea conspirativo, que no promueva el odio ni la división, sino que contribuya a hacer del mundo un lugar mejor.
Melissa Fleming, secretaria general adjunta de Comunicación de las Naciones Unidas
Melissa Fleming: Creo que algunas personas se han perdido por completo en madrigueras de conejo, y esperemos que en algún momento encuentren la salida. Pero creo que hay todo tipo de personas en el medio.
Y hay indicios de que la gente se siente realmente abrumada. También siente mucha tristeza y desesperanza por el entorno informativo, incluso por el entorno de los medios responsables.
Así que creo que también tenemos una oportunidad, y lo vemos en nuestros canales de redes sociales. La ONU tiene millones de seguidores y publicamos muchos mensajes positivos y esperanzadores que dan capacidad de actuar a la gente. Le dan la oportunidad de participar, de tomar medidas contra el cambio climático y de sumarse a iniciativas. Y la gente participa.
Creo que hay un deseo profundo de formar parte de algo que no sea conspirativo, que no promueva el odio ni la división, sino que contribuya a hacer del mundo un lugar mejor. Hay mucho espacio para el optimismo. Creo que solo tenemos que unir a la gente y ofrecerle ese tipo de incentivo y contexto, junto con todas las demás herramientas que hemos comentado hoy.
Adrian Monck: Muchísimas gracias. Espero que quienes nos están viendo no se hayan quedado con demasiada «tristeza y pesimismo» tras nuestra conversación. Por mi parte, quiero dar las gracias a Claire Wardle, a Rachel y a Melissa, y a todos ustedes por acompañarnos en esta sesión.
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