Nuestro cerebro está conectado para permitir que las personas seguras de sí mismas influyan en nuestras creencias.
Así lo indica una nueva investigación que sugiere que, para convencer a la gente de que tienes razón, basta con una buena dosis de confianza.
Científicos de la Universidad de Sussex descubrieron que el cerebro humano está programado para valorar más las opiniones de las personas seguras de sí mismas.

En el estudio, publicado en la revista Journal of Neuroscience, los investigadores estudiaron la actividad cerebral y pudieron localizar una región del cerebro que responde a las opiniones de las personas seguras de sí mismas. Esta región no respondía del mismo modo a las opiniones de las personas que carecen de confianza.
Los científicos examinaron la actividad cerebral de 23 voluntarios sanos y descubrieron que las creencias de una persona sobre algo se basaban en tres elementos clave: su experiencia personal; averiguar qué cree la mayoría y, lo más importante, conocer las creencias de las personas seguras de sí mismas.
La experiencia personal y averiguar qué creía la mayoría tenían efectos generalizados en el sistema de recompensa del cerebro, que predice cuán satisfechos nos sentiremos al elegir algo.
Sin embargo, las opiniones de las personas seguras de sí mismas tenían un efecto adicional en este sistema de recompensa, y solo en una parte del cerebro que apareció en una etapa tardía de nuestra evolución.
Daniel Campbell-Meiklejohn, autor principal del estudio, dijo:
«Este efecto adicional parece ser el mecanismo por el que la confianza de otras personas puede darnos seguridad en nuestras acciones. Nuestros hallazgos sugieren que la transmisión social de creencias y preferencias no es tan sencilla como copiar a la persona que tenemos al lado. Durante el proceso de toma de decisiones intervienen claramente otros factores».

Los investigadores descubrieron que esta actividad adicional se produce junto a una zona cerebral que nos ayuda a considerar qué podrían estar pensando los demás. Según el estudio, esto es importante para el siguiente paso: averiguar qué hace realmente el cerebro cuando observamos a personas seguras de sí mismas.
«Ahora podemos plantear que esta parte del cerebro quizá esté deduciendo, acertada o equivocadamente, la calidad de la información de la persona segura de sí misma antes de decidir si permitimos o no que esa persona cambie nuestras creencias», añade Campbell-Meiklejohn.
«En particular, en el clima político actual, debemos ser conscientes de que, cuando los hechos no están claros, quizá estemos biológicamente predispuestos a permitir que personas aparentemente seguras de sí mismas influyan más en nuestras propias creencias».

El estudio se realizó en colaboración con investigadores de la Universidad de Aarhus, el University College de Londres y la Universidad de Princeton.
