Mientras las medidas de confinamiento por COVID-19 afectan a la distribución de alimentos en Filipinas, una mujer ha encontrado la manera de llevar alimentos desde las granjas hasta los consumidores.
La emprendedora social Cherrie Atilano ha permitido a los agricultores vender alimentos que, de otro modo, habrían sido desechados.
Ahora planea ayudar a sus conciudadanos a crear huertos urbanos para mejorar la seguridad alimentaria.
Cuando Cherrie Atilano se propuso cambiar la vida de los agricultores de Filipinas, nunca imaginó que algún día ayudaría a alimentar a la población de la capital del país, Manila, durante una pandemia mundial.
Agrea, la empresa social que fundó, busca acabar con la pobreza rural ayudando a los agricultores a pasar de la agricultura de subsistencia a la agricultura comercial a pequeña escala. Pero cuando Filipinas inició el confinamiento para frenar la propagación de la COVID-19, los agricultores vieron cortadas sus rutas hacia el mercado.
Las restricciones impidieron que algunos pudieran siquiera entrar en sus campos para recoger los cultivos y, aunque había camiones disponibles, los conductores permanecían en casa. Antes de que Atilano lanzara su #MoveFoodInitiative, los agricultores se habían visto obligados a desechar toneladas de alimentos comestibles.

Atilano, una de las Jóvenes Líderes Mundiales 2020 del Foro Económico Mundial, decidió utilizar su amplia red de contactos para pedir a propietarios particulares de camiones que ayudaran a transportar los alimentos hasta los consumidores de pueblos, aldeas y la capital.
Alimentar al personal esencial
Hasta el 26 de abril, la iniciativa había transportado casi 138 000 kg de frutas y verduras procedentes de casi 4000 agricultores, llegando a cerca de 30 000 familias.
Además, el proyecto dona alimentos a ocho cocinas comunitarias creadas para dar de comer al personal sanitario de primera línea que atiende a personas con coronavirus. Hasta ahora, más de 2000 sanitarios se han beneficiado de alimentos gratuitos.
El proyecto ha reclutado a un ejército de “Movers” que han creado mercados comunitarios de alimentos frescos improvisados en lugares tan diversos como parques públicos y restaurantes cerrados. Realizan pedidos al por mayor, que son entregados por los conductores del proyecto al final de cada semana.

El siguiente paso es entregar los alimentos directamente en los hogares, declaró Atilano en una entrevista con el canal de noticias ANC. El proyecto también pretende ayudar a los agricultores a acceder al transporte refrigerado. Según explicó, un tercio de todos los alimentos transportados en camiones convencionales se estropea antes de llegar a Manila.
Producir en local
Atilano también planea fomentar el desarrollo de huertos urbanos. “Es hora de aprender a producir alimentos cerca de usted”, afirmó. “Esta es la nueva normalidad para la que debemos prepararnos.”
Atilano no es la única emprendedora que ayuda a llevar alimentos desde las granjas hasta los consumidores urbanos. Dom Hernandez, director de operaciones de la cadena de comida rápida filipina Potato Corner, ha puesto en marcha un sistema para que los agricultores de su provincia natal, Benguet, puedan vender directamente a los consumidores.
“Esta idea surgió en 2014”, declaró al Philippine Daily Inquirer. “Pero solo pudimos hacer realidad el plan ahora, debido a la cuarentena. Fue por necesidad”. El hecho de que la familia de Hernandez sea propietaria de una línea de autobuses, que sigue operando hacia Manila, ayudó a ponerlo en marcha.
Con este sistema, que ha transportado hasta 5000 kg de productos en un solo día, los clientes realizan sus pedidos a través de la página de Facebook del proyecto Bangon Benguet, y luego recogen los alimentos en la terminal urbana de la empresa de autobuses.
El Foro Económico Mundial ha puesto en marcha la Alianza de Respuesta a la COVID para Emprendedores Sociales, que reúne a más de 40 organizaciones líderes a nivel mundial para coordinar las respuestas de los emprendedores sociales mientras trabajan para superar los efectos del coronavirus.
