El poder poco reconocido de la música

El poder poco reconocido de la música
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La decisión de Suiza de incluir el derecho a la educación musical en su constitución nacional no debería haber sorprendido a muchas personas. Esta enmienda constitucional obliga tanto al gobierno federal como a los cantones regionales a hacer todo lo posible para que los niños y jóvenes tengan acceso a la formación musical. Recoge una visión sobre la importancia de la música que resuena desde Europa hasta Latinoamérica, y desde la antigüedad hasta nuestro mundo contemporáneo.

Los sabios de la antigua Grecia, China, la India y la Europa del Renacimiento destacaron la importancia de la música para la formación del carácter, el equilibrio entre cuerpo y espíritu, la conexión con otros seres e incluso la curación de enfermedades. De hecho, en las últimas décadas, las iniciativas de orquestas juveniles de todo el mundo han abierto nuevos caminos al demostrar el poder de la música para mejorar la vida de las personas.

¿Puede la música contribuir a abordar problemas sociales profundamente arraigados como la pobreza y la discriminación? Los resultados han demostrado que la idea de la «orquesta como escuela de vida» permite descubrir la fórmula fundamental para el progreso personal y colectivo: el «espíritu emprendedor».

Desde el momento en que un niño sostiene un instrumento musical por primera vez, se convierte en miembro de una orquesta. La belleza se produce dentro de un conjunto, mientras que los músicos aprenden a adaptarse a circunstancias diferentes y a establecer normas de trabajo en equipo. Se desarrollan valores emprendedores como la iniciativa, la confianza, la creatividad, la capacidad de asumir riesgos, la sensibilidad hacia las necesidades de los demás y el pensamiento crítico. Esta nueva actitud se traslada de forma automática a su vida cotidiana y, en la mayoría de los casos, se transmite a sus familias y amigos.

Cientos de proyectos globales pretenden erradicar la pobreza y el analfabetismo y mejorar la salud, la sociedad y el medio ambiente; pero solo prosperarán si los beneficiarios tienen espíritu emprendedor.

Una de las herramientas más eficaces para fomentar el emprendimiento es la «educación a través del arte», un sistema empleado hace siglos por los jesuitas en Sudamérica. Los ejemplos de esta pedagogía parecen anticipar los proyectos modernos en este ámbito. Los misioneros jesuitas encontraron en el lenguaje artístico, especialmente en la música, el vehículo ideal para la educación. Mediante la manipulación de instrumentos musicales, la lectura de partituras, la talla de esculturas o la representación de obras de teatro, los estudiantes aprendían de forma indirecta matemáticas, literatura, ciencias, historia y geografía, al tiempo que ejercitaban su disciplina, su planificación y sus habilidades de trabajo en equipo.

Hoy existen ejemplos concretos de estos programas en varios países; algunos se han convertido en políticas públicas. Pocas personas imaginarían que el programa venezolano de orquestas juveniles contribuye de forma notable a reducir el embarazo adolescente. La voz solitaria de José Figueres, presidente de Costa Rica a mediados de la década de 1970, preguntó «¿para qué tractores sin violines?», al equilibrar la búsqueda obsesiva del bienestar económico con la ausencia de educación cultural. «Si nos hacemos ricos y no tenemos cultura, no sabremos disfrutar de nuestra riqueza; si no tenemos éxito en el proyecto de la riqueza, pero sí tenemos cultura, sabremos vivir nuestra pobreza con dignidad». Programas como el mío, Sonidos de la Tierra (Sounds of the Earth) en Paraguay buscan formar no solo buenos músicos, sino también buenos ciudadanos: idealistas creativos y emprendedores, comprometidos, respetuosos y con vocación de servicio.

El progreso de una ciudad no se mide por su PIB, por el número de camas de sus hospitales ni por los semáforos de sus calles. El progreso de una ciudad se mide por la felicidad de sus habitantes. La música importa más de lo que se podría pensar.

Autor: Luis Szarán es fundador y director de Sonidos de la Tierra, Paraguay, y galardonado con el premio Emprendedor Social del Año 2014 de la Fundación Schwab.

Imagen: Yorgelis Aponte (derecha) y compañeros asisten a clases de violín en una escuela de música de orquesta juvenil en el barrio de Carapita, en Caracas, el 3 de junio de 2008. REUTERS/Jorge Silva

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