España, Francia, Alemania, Japón y Estados Unidos son las naciones del mundo más preparadas para el viaje, según el último ranking de viajes y turismo del Foro Económico Mundial.
Apenas hay cambios desde la última edición, publicada hace dos años, y solo un país ha alterado su posición: el Reino Unido ha caído al sexto puesto, por detrás de Estados Unidos.

¿Qué hace tan atractivos estos destinos para los visitantes? En el caso de España, que ocupa el primer puesto del índice desde 2015, su popularidad se ve reforzada por una clasificación de categoría mundial en recursos naturales y culturales, desde sus vibrantes ciudades hasta sus soleadas playas, así como por un variado programa cultural que abarca desde festivales medievales hasta el arte contemporáneo.
La infraestructura es otro indicador importante de la competitividad turística de un país, y en este criterio España obtiene una valoración alta, tras haber invertido millones de euros en la última década en la modernización de carreteras, ferrocarriles y aeropuertos.
El turismo en alza
El sector de los viajes y el turismo aporta el 5 % del PIB total de España, una cifra que se prevé que aumente en la próxima década a medida que la clase media mundial, especialmente en regiones como Asia, siga creciendo.
De hecho, los viajes y el turismo como industria mundial han prosperado desde el último informe de 2017, y se espera que su contribución al PIB mundial (actualmente del 10 %) aumente hasta en un 50 % en la próxima década. Al mismo tiempo, uno de los principales hallazgos del informe de este año es que el crecimiento de la infraestructura favorable al turismo (carreteras, puertos, aeropuertos y alojamiento hotelero, por ejemplo) se ha estancado, con solo un 1,4 %.
«A medida que la conectividad internacional sigue aumentando, vemos que la competitividad en materia de viajes y turismo continúa creciendo», afirma Christoph Wolff, director de Movilidad del Foro Económico Mundial. «El aumento del turismo aporta grandes beneficios a numerosas economías, pero debe ser gestionado adecuadamente tanto por los responsables políticos como por las empresas para lograr un futuro sostenible».
Desbordados por su propio éxito
El problema es que, allí donde acuden grandes cantidades de turistas, las dificultades no tardan en llegar. Tomemos como ejemplo la pintoresca cala de Tailandia popularizada por la película The Beach, que ahora ha sido obligada a cerrar indefinidamente tras los importantes daños ecológicos sufridos por los corales, el agua de mar y la vegetación. O Venecia, que planea desviar los cruceros a otros puertos para evitar los daños causados por la masificación.
En Barcelona, la afluencia anual de visitantes (32 millones frente a los 1,2 millones de residentes de la ciudad) ha provocado una oleada de sentimiento antiturístico entre los locales. La competencia por el alojamiento ha disparado los precios inmobiliarios y las aglomeraciones han desbordado las zonas costeras de la ciudad, acelerando en algunos casos la erosión de la costa.
Para estos destinos y para otros muchos, aprender a gestionar el flujo de personas es fundamental. El informe propone diversas formas de hacerlo, como animar a los visitantes a viajar en horas de menor afluencia, consultar a los residentes sobre las decisiones políticas relacionadas con el turismo y cobrar a los visitantes una tarifa de entrada, como ya ha empezado a ocurrir en Venecia. Al otro lado del mundo, Nueva Zelanda y la isla de Palaos incluso dieron el audaz paso de pedir a los recién llegados que firmen un compromiso ecológico para proteger sus ecosistemas, ya de por sí amenazados.
Sin embargo, una de las estrategias más importantes que plantea el último informe sobre viajes y turismo se centra en la infraestructura. Según explica, la forma más segura de que un país se beneficie de su industria turística es invertir en infraestructuras que tengan en cuenta tanto las necesidades de los residentes locales como las de los visitantes.

