Como cineasta, sé lo gratificante que puede ser que su película reciba reseñas de cuatro estrellas y gane premios de prestigio. Pero para los cineastas interesados en crear una obra de arte que también inspire el cambio, ¿cómo podemos medir el impacto de nuestro trabajo más allá de la industria, en el mundo real?
Durante los últimos 10 años he creado y difundido documentales para Just Vision, una organización sin ánimo de lucro dedicada a aumentar el poder y la legitimidad de los palestinos y los israelíes que trabajan para poner fin al conflicto y construir un futuro de libertad, seguridad, dignidad e igualdad para ambas partes en la región. Sabemos que nuestra labor ha llegado a millones de personas a través de emisiones televisivas, así como en línea y mediante proyecciones comunitarias en 400 ciudades de 46 países de los siete continentes. Pero ¿cómo sabemos si realmente tiene impacto en uno de los temas geopolíticos más polémicos de nuestra época?
El campo de la evaluación del impacto mediático avanza con rapidez. Históricamente, los documentales se juzgaban en términos simplistas, según lograran o no el impacto deseado. Más recientemente, grupos como BritDoc, el Harmony Institute y el Fledgling Fund están desarrollando herramientas sofisticadas para comprender el alcance de la influencia de una película y los mecanismos que hay detrás de ella. Dado que la mayoría de los cineastas no tienen la intención ni la capacidad de crear múltiples proyectos sobre el mismo tema, el enfoque se ha centrado en analizar el recorrido de una película individual sin examinar cómo los proyectos de seguimiento podrían aumentar su impacto global. En Just Vision hemos estado construyendo la infraestructura para lograrlo.
Nuestro segundo largometraje documental, Budrus, sigue a un organizador comunitario palestino, Ayed Morrar, que unió a facciones políticas palestinas y a cientos de activistas israelíes en una lucha no violenta para salvar su aldea de la destrucción provocada por la Barrera de Separación de Israel. Casi nadie había oído hablar de Budrus antes del estreno de la película, pero queríamos hacer algo más que poner en el mapa a esta pequeña aldea: queríamos que nuestra película inspirara a otros a trabajar por soluciones no violentas en Oriente Medio.
Mediante encuestas y otros métodos cualitativos, recopilamos pruebas anecdóticas del impacto de la película en la región. Por ejemplo, Ayed Morrar comenzó a recibir invitaciones para hablar en lugares que antes no estaban interesados en acoger a líderes de la no violencia, y otras aldeas informaron de que la asistencia a sus manifestaciones aumentó tras la proyección de la película.
Una importante firma de relaciones públicas realizó una auditoría independiente que comparaba la cobertura mediática generada por la película tras su estreno en 2009 con la cobertura de las manifestaciones de 2003. No solo nuestra película había aumentado la cobertura mediática de Budrus, sino que además la narrativa había cambiado. Las referencias de 2003 presentaban los hechos ocurridos en la aldea como disturbios caóticos y una amenaza para el orden público, mientras que la cobertura posterior al estreno de la película destacaba la no violencia estratégica de la campaña y la presencia del liderazgo de las mujeres.
Sin embargo, no nos limitamos a medir el impacto de la película porque quisiéramos una prueba de concepto. De la evaluación extrajimos dos lecciones principales para aumentar la influencia de nuestros esfuerzos posteriores.
En primer lugar, comprobamos que, aunque Budrus se había dirigido a la población adulta palestina, nos quedamos cortos en cuanto a la participación de los jóvenes. Por ello, producimos una continuación: una novela gráfica, en árabe, que narra la historia de Budrus desde la perspectiva de una de las protagonistas de la película, una niña palestina de 15 años que organiza a las mujeres para unirse a las protestas. Queríamos movilizar a los jóvenes ofreciéndoles un modelo a seguir que demuestre que los adolescentes corrientes de la localidad tienen capacidad para generar cambios. Ya hemos compartido la novela gráfica con 1.500 estudiantes de los Territorios Palestinos, y se están llevando a cabo más actividades de difusión.
En segundo lugar, nos dimos cuenta de que muchos públicos internacionales no comprendían que el movimiento que comenzó en Budrus se había extendido a otras comunidades palestinas ni cómo su participación podía marcar la diferencia.
Nuestra última película, My Neighbourhood, sigue una campaña no violenta de palestinos en Jerusalén Este para impedir que los colonos israelíes los expulsen de sus hogares. La película se centra en una familia, pero también muestra con claridad cómo esta lucha sigue desarrollándose, casa por casa. Nuestra campaña de participación dio prioridad a medidas concretas que los principales influyentes podían adoptar para incidir directamente en el futuro de la ciudad. Por ejemplo, cuando proyectamos My Neighbourhood para el Parlamento Europeo, subrayamos que los tribunales israelíes tienen menos probabilidades de fallar a favor de los colonos que se apoderan de viviendas palestinas cuando los diplomáticos extranjeros asisten a las vistas judiciales.
A medida que más fundaciones, marcas y ONG se implican en los medios para el cambio social, surgirán crecientes oportunidades para que los cineastas se comprometan a trabajar en un tema a largo plazo. Será cada vez más importante desarrollar la evaluación del impacto no solo para juzgar el éxito o el fracaso, sino también como una oportunidad de crecimiento.
Autora: Julia Bacha es una documentalista brasileña, directora creativa de Just Vision y Líder Mundial Joven del Foro Económico Mundial.
Conozca a la promoción de 2014 de Líderes Mundiales Jóvenes.
Imagen: Mujeres palestinas protestando en Budrus. Just Vision.
