¿Cómo apoyar a los medios públicos de América Latina?

¿Cómo apoyar a los medios públicos de América Latina?
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América Latina tiene una larga historia de medios públicos marcada por fracturas y, en última instancia, por el fracaso. Los llamados «medios públicos» solían funcionar como instituciones controladas por el gobierno y orientadas a fines espurios —la propaganda y el clientelismo—, en lugar de ofrecer contenidos de calidad al servicio de múltiples intereses públicos.

Sin excepción, todos los países han tenido emisoras y periódicos estatales considerados «públicos», concepto que, por lo general, se ha entendido como no pertenecientes a particulares. Sin embargo, nunca ha estado claro qué significa «público» ni a quién se suponía que representaban los medios públicos. Ningún país llegó a desarrollar medios públicos estables en el núcleo de sus sistemas de comunicación. Básicamente, cada gobierno se apropió de las emisoras y los periódicos públicos como ramas de relaciones públicas del Poder Ejecutivo.

Sin claridad sobre su misión en una región sometida a ciclos de democracia y autoritarismo, las perspectivas de los medios públicos han seguido siendo poco alentadoras.

La confusión persiste. Hoy, muchos actores hablan de los «medios públicos», pero no con una sola voz. Algunos gobiernos insisten en entender lo «público» como sus propios medios, utilizados en beneficio partidista. Las administraciones conservadoras y populistas han llevado a los medios estatales a la primera línea de sus batallas informativas contra los medios de oposición. Otros gobiernos siguen identificando los «medios públicos» con contenidos culturales y educativos de alto nivel que las grandes empresas comerciales que dominan la industria ignoran.

Sin embargo, en entornos mediáticos dominados por medios privados, destacan algunas experiencias positivas de medios públicos. Por mencionar unas pocas: Canal 11, de México, y Televisión Nacional, de Chile, han producido programas exitosos sin renunciar a los ideales del servicio público. Canal Encuentro y Pakapaka, gestionados por el Ministerio de Educación de Argentina, han recibido reconocimientos muy respetados por la calidad de su programación. El periódico estatal ecuatoriano El Telégrafo ha publicado reportajes críticos y ha logrado resistir los intentos del gobierno de influir en sus contenidos. La Empresa Brasil de Comunicação, creada en 2007, ha avanzado significativamente en su compromiso con los principios de autonomía política y producción diversificada. Son casos importantes, aunque excepcionales, entre decenas de emisoras y agencias de noticias de propiedad pública que en toda la región se manejan como piñatas partidistas y personales.

Lo que sigue en cuestión es la misión de los medios públicos en una ecología mediática cambiante y de múltiples capas. Hace falta una visión coherente para disipar los malentendidos y fundamentar los medios en ideales verdaderamente públicos. Su propósito es satisfacer las necesidades de comunicación de múltiples públicos y de democracias lastradas por desigualdades sociales, violencia y conflicto político. Los medios públicos deberían cultivar espacios comunes de diálogo entre quienes están separados por profundas diferencias políticas, sociales y culturales. También deben abordar las fallas del mercado causadas por el desinterés de los medios privados en contenidos que no generan un éxito comercial inmediato y considerable. Las fallas son numerosas: van desde la ausencia de noticias de investigación de calidad e imparciales que examinen los abusos de poder de gobiernos y empresas, hasta la falta de contenidos que reflejen la vida de los ciudadanos en democracias multiculturales.

Pero, aunque la misión de los medios públicos estuviera clara, su futuro político es incierto en las condiciones actuales. Los sistemas de medios públicos de las democracias occidentales se desarrollaron y consolidaron en una época de escasez de medios y de amplio consenso entre los partidos políticos gobernantes. Disfrutan de una «ventaja de pioneros» frente a la proliferación sin precedentes de canales y plataformas digitales. Ninguna de estas condiciones existe en América Latina. En muchos países, la polarización política y la fragmentación de los partidos hacen improbable el consenso. En general, las élites políticas están bastante satisfechas con cerrar acuerdos de quid pro quo con los medios privados y/o con ser propietarias directas de empresas mediáticas. La llegada de la televisión digital está a punto de acentuar aún más la fragmentación de las audiencias y los contenidos.

Sin un movimiento sólido y comprometido de ciudadanos y élites políticas, el futuro de los medios públicos es sombrío. Todo modelo de medios necesita defensores para tener éxito. Los medios privados cuentan con promotores influyentes y con grandes recursos: empresas privadas que han dominado los mercados mediáticos durante décadas. Los medios gestionados por el gobierno también tienen patrocinadores poderosos: funcionarios que se benefician instrumentalmente de controlar altavoces potentes y costosos. Incluso los medios comunitarios cuentan con un movimiento considerable, como refleja el éxito de las leyes aprobadas recientemente en Argentina, Ecuador y Uruguay. Los medios públicos, sin embargo, carecen de un movimiento organizado y poderoso capaz de influir en la legislación para garantizar una gestión autónoma y proporcionar financiación adecuada que mantenga a raya los intereses partidistas y comerciales.

En América Latina, los medios públicos siguen siendo una causa sin movimiento. Continúan siendo un ideal valioso, pero a menudo se confunden con propaganda gubernamental y programas «educativos» paternalistas que dan ganas de bostezar. Se necesitan argumentos nuevos para justificar por qué los sistemas de medios públicos siguen siendo importantes en entornos informativos aparentemente diversos, dominados por ofertas comerciales. Crear un movimiento sostenible con objetivos compartidos es fundamental para revertir una lamentable historia de incomprensión, manipulación y mala gestión. El interés actual por reformar la legislación sobre medios ofrece la oportunidad de impulsar un movimiento regional exitoso que institucionalice un sistema de medios verdaderamente públicos.

Esta publicación apareció originalmente en el blog del Banco Mundial sobre América Latina y el Caribe

Autor: Silvio Waisbord es profesor asociado de la Escuela de Medios y Asuntos Públicos de la Universidad George Washington.

Imagen: Periodistas de televisión filman en el lecho del embalse Los Laureles, en Tegucigalpa. REUTERS/Edgard Garrido

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