Cómo hacer más limpia la cocina y la calefacción en el mundo en desarrollo

Cómo hacer más limpia la cocina y la calefacción en el mundo en desarrollo
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En muchos países en desarrollo, el uso de combustibles sólidos en fuegos abiertos para cocinar y calentarse genera problemas de salud cotidianos, justo en el hogar.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año se producen 4 millones de muertes por enfermedades atribuibles a la contaminación del aire en los hogares. Las enfermedades crónicas pulmonares y cardíacas afectan especialmente a las mujeres y los niños que permanecen dentro de casa atendiendo el hogar. De hecho, la OMS informa que la contaminación del aire causada por la combustión de combustibles domésticos es hoy el riesgo ambiental para la salud más importante del mundo. Más de 3.000 millones de personas siguen usando madera, carbón vegetal o combustibles sólidos similares para cocinar y calentarse. Eso es casi la mitad de la población mundial. Pero ¿con qué frecuencia piensa en las cocinas?

Si usted es Dan Sweeney, eso sería todos los días. Sweeney es investigador científico en MIT D-Lab, un programa internacional de desarrollo centrado en la tecnología y basado en la práctica, ubicado sobre el Museo del MIT. D-Lab se fundó hace casi 13 años, primero como una serie de cursos y viajes de campo del MIT para diseñar y difundir tecnologías asequibles y eficaces frente a problemas que afectan a las personas en algunos de los lugares más pobres del mundo. D-Lab incluye ahora más de 20 cursos, programas financiados por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y D-Lab Scale-Ups, un programa centrado en llevar al mercado, a gran escala, productos que alivien la pobreza.

La fundadora y codirectora de D-Lab, Amy Smith, profesora titular de ingeniería mecánica, creó «Fuel from the Fields», un proceso sencillo para fabricar briquetas de carbón a partir de residuos agrícolas. Sweeney se incorporó al programa Scale-Ups de D-Lab en 2013 para abordar los desafíos técnicos de ampliar la producción de combustibles de combustión limpia derivados de residuos.

Sweeney, originario de Colorado, donde creció en una pequeña granja, realizó su investigación doctoral sobre soluciones de bioenergía industrial en la Universidad de Utah. Quiere ayudar a resolver el problema generalizado de la contaminación interior causada por cocinar, que afecta a la mitad de los hogares del mundo. ¿Cómo? Aprovechando la influencia de D-Lab, de las organizaciones ambientales de base y de su propia habilidad, conocimiento y pasión por generar un impacto.

Durante su primer año en D-Lab, Sweeney pasó unos cuatro meses en África Oriental. Trabajó con emprendedores locales del sector energético que desarrollaban las instalaciones y el personal necesarios para fabricar y comercializar carbón vegetal a partir de residuos agrícolas.

Una de sus primeras iniciativas fue ayudar a las comunidades a adoptar el uso de biomasa —en concreto, residuos agrícolas como las hojas de maíz— para fabricar briquetas que pudieran usarse para cocinar en lugar de madera o carbón vegetal.

Los métodos tradicionales de cocción pueden producir niveles peligrosos de contaminantes en la vivienda. La OMS ha informado que, a menudo, la cantidad de contaminación por partículas finas llega a ser hasta 100 veces superior al nivel aceptable para un espacio interior saludable. Sin embargo, las investigaciones sobre briquetas agrícolas muestran que este combustible produce entre dos y tres órdenes de magnitud menos partículas finas —es decir, entre una centésima y una milésima parte— y la mitad de las emisiones de monóxido de carbono que los fuegos tradicionales. El hecho de que haya muchos residuos agrícolas que, de otro modo, se quemarían en fuegos abiertos hace que utilizarlos como combustible sea una alternativa mucho más sostenible.

Sweeney lleva apenas un año y medio en D-Lab, pero ha creado un laboratorio de pruebas de combustibles y cocinas en el campus del MIT, además de establecer sólidas relaciones de colaboración con cuatro productores de carbón vegetal a partir de residuos agrícolas en África Oriental. Cuando no trabaja con ellos sobre el terreno, Dan mantiene contacto regular con las empresas y actúa como miembro remoto de cada uno de sus equipos técnicos. Esto pone a disposición de las empresas un recurso al que, de otro modo, quizá no tendrían acceso o no podrían costear.

Su estrecha relación con sus colaboradores sobre el terreno es inusual, ya que muchos investigadores en situaciones similares no se involucran tanto en establecer relaciones cercanas con las personas de las comunidades donde trabajan. Pero es fácil entender por qué las personas con quienes trabaja, tanto en D-Lab como en el extranjero, disfrutan de su compañía.

Sweeney tiene una actitud vivaz y despreocupada, incluso vivaracha, tal como uno imaginaría a un investigador entregado de D-Lab. Lleva un teléfono plegable, grueso y resistente, que, según declara con orgullo, le ha servido bien durante más de siete años. Incluso su teléfono refleja el enfoque práctico, sencillo y de baja tecnología de D-Lab.

«Crecer en una granja y cuidar la tierra y los animales me hizo pensar desde muy joven en cosas como la responsabilidad de cuidar el entorno y la sostenibilidad», recuerda. «Quería generar un impacto más amplio, no solo en mi propia comunidad, sino en todas partes, mediante la investigación y el trabajo directo con la gente».

Sweeney desempeña un papel central en la iniciativa de combustibles de biomasa de D-Lab, centrada en crear soluciones de mercado para productos de cocina limpia que puedan ampliarse y replicarse en todo el mundo en desarrollo. Esto permite que los emprendedores locales fabriquen sus propios productos y establezcan una empresa local. Las empresas con las que trabaja Sweeney en África Oriental ofrecen oportunidades de empleo a miembros de la comunidad para fabricar un producto del que puedan sentirse orgullosos.

Sweeney sabe que una empresa social que promueva un combustible de biomasa sostenible podría tener un efecto positivo en una comunidad, y está aprovechando su experiencia en el área para ayudarla a tener éxito. Pero aún queda mucho por hacer. Por eso también educa a los estudiantes del MIT sobre tecnologías de cocina limpia, tanto ofreciéndoles oportunidades de investigación en D-Lab como trabajando con el club Engineers Without Borders del MIT (EWB).

«Dan presta mucha atención a las personas con las que trabaja», dice Janet Lin, estudiante de último año, que investiga combustibles de biomasa con Sweeney y también participa en EWB. «En las reuniones, nos muestra cómo realizar una prueba de combustión del carbón y explica cómo funciona cada equipo para analizar las emisiones. Pero luego da un paso atrás y nos deja tomar las riendas, para que también hagamos pruebas y construyamos prototipos».

Dan es modesto, pero está orgulloso y esperanzado respecto del impacto de su trabajo. Su objetivo es continuar investigando y lograr un impacto aún mayor en el campo de la bioenergía sostenible.

«Es como un soplo de aire fresco trabajar con estos emprendedores inspiradores para mejorar sus comunidades», comenta, y luego se ríe: «¡A menos que estén usando la cocina equivocada!»

Luego, con más seriedad, Sweeney añade: «Seguimos creando conciencia y trabajando para encontrar soluciones a este problema. Sigue siendo un desafío. Pero quiero que más personas lo conozcan y se preocupen por él, y quizá incluso ayuden a hacer algo al respecto».

Al aportar toda su pasión y experiencia al problema, junto con su amabilidad y sentido del humor, Dan Sweeney y los emprendedores con quienes trabaja son pioneros en combustibles limpios de biomasa en países en desarrollo.

Este artículo se publica en colaboración con MIT News. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Hannah Hailan Paing es estudiante de tercer año del MIT y estudia informática y escritura.

Imagen: Personas se preparan para moler raíces de yuca en Bingerville, cerca de Abiyán, el 24 de junio de 2008. REUTERS/ Thierry Gouegnon.

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