Estamos en el umbral de una era apasionante, en la que los datos pueden impulsar soluciones innovadoras que generen un impacto notable y duradero en el bien público. Hasta ahora, la explosión de datos ha superado nuestra capacidad para analizar y convertir la información disponible en conocimiento. Esta carencia se debe en parte a la obsesión por el acceso a los datos: hasta la fecha, el foco ha estado en cómo arrancar los datos a las organizaciones (públicas y privadas) que los controlan. Para aprovechar esta enorme oportunidad, debemos ampliar el debate público sobre los datos, pasando de quién los posee a cómo pueden utilizarse para abordar los grandes desafíos a los que nos enfrentamos.
Hay al menos tres obstáculos que limitan el impacto de los datos:
A medida que los sensores y los dispositivos móviles transmiten cada vez más datos, las personas temen que su información personal pueda compartirse de forma involuntaria. Por tanto, en cualquier debate sobre los datos, la privacidad debe ser primordial.
Cada nueva violación de seguridad o pirateo informático plantea la cuestión de la seguridad: cómo proteger los datos de usos perniciosos. Lo cierto es que los datos están más seguros en su origen, por lo que no es de extrañar que las organizaciones se muestren reacias a compartir sus datos con otras entidades si ello las deja más expuestas a un ciberataque.
La capacidad de las organizaciones para analizar grandes volúmenes de datos puede constituir un obstáculo para extraer conocimiento. Si una organización de ayuda en caso de desastre busca registros de telefonía móvil para localizar el epicentro de un brote de enfermedad, por ejemplo, podría no disponer de la capacidad informática ni del personal necesarios para examinar los miles de millones de transacciones y extraer conocimiento.
Estos obstáculos son importantes, pero solo si nos aferramos a la mentalidad tradicional según la cual los datos deben trasladarse a otras entidades para respaldar estos esfuerzos. Nosotros abogamos por un enfoque nuevo. Si podemos llevar el análisis a los datos, en lugar de trasladar los datos a lugares menos seguros para permitir el análisis, podremos garantizar la privacidad, la seguridad y la fiabilidad de los datos. En esencia, no es necesario mover los datos; al trasladar, en cambio, los modelos y algoritmos, podemos superar estos obstáculos y desbloquear una gran variedad de usos.
Este nuevo enfoque cambiaría por completo las reglas del juego. Actualmente, el sector público está gravemente limitado por el acceso a los datos. En la matriz siguiente, nos encontramos firmemente en el cuadrante inferior izquierdo. Formulamos preguntas para extraer conocimiento de los datos disponibles, lo que limita necesariamente los problemas que pueden resolverse. Sin embargo, si el universo de datos se pusiera repentinamente a disposición, desataría la creatividad de quienes resuelven problemas para combinar distintos conjuntos de datos —públicos y privados— con el fin de desarrollar soluciones innovadoras a innumerables desafíos. Abrir las compuertas permitiría, en efecto, que los analistas pasaran al cuadrante superior derecho. Y en ese punto, solo nos limitan nuestra imaginación y nuestro ingenio para abordar problemas mundiales cada vez mayores y más complejos.
Un mayor acceso a los datos y a la capacidad informática para analizarlos convertiría, en esencia, los macrodatos en una clase de activo. Los datos se convertirían en una nueva moneda digital para las contribuciones benéficas en especie, lo que ofrecería a las organizaciones del sector privado un incentivo inherente para participar en el mercado mundial de datos. Cuantos más datos compartan, mayor sería el valor que podrían acumular. Crear nuevas soluciones a partir de este enorme volumen de datos requeriría que las organizaciones y sus analistas de datos siguieran un enfoque diferente:
Descubrir la pregunta. Cuando el acceso a los datos no es un problema, encontrar soluciones empieza por descubrir las preguntas que antes no se formulaban. Este proceso consiste en conectar a las personas adecuadas con los macrodatos para resolver problemas específicos y conocidos, mediante lo que llamaré «análisis visual». Una serie de preguntas, una tras otra, crea un entorno inquisitivo que aborda un problema desde múltiples ángulos. En este entorno, una multitud de preguntas desencadena una hipótesis que, a su vez, da lugar a nuevas ideas. Este paso socializa el análisis y permite que los no expertos en TI dialoguen con los datos.
Buscar fuentes de datos no convencionales. El mundo se enfrenta a una serie de problemas aparentemente irresolubles, como la congestión del tráfico en centros urbanos colapsados y los brotes de enfermedades en países emergentes con infraestructuras poco desarrolladas. Las fuentes de datos no tradicionales, incluidos el tráfico de redes sociales y los datos de sensores, pueden combinarse con otros datos (por ejemplo, de las Naciones Unidas o de la Organización Mundial de la Salud) para ofrecer una visión más completa del problema y sugerir nuevos enfoques. Con solo el 1 % de los datos del mundo analizados, deben aprovecharse fuentes de datos no convencionales para abordar nuestros grandes problemas conocidos.
Resolver los grandes desafíos del mundo. La combinación de fuentes de datos no convencionales, nuevos enfoques para resolver problemas y la capacidad de utilizar los macrodatos para acceder al conocimiento colectivo permitirá a las organizaciones idear soluciones innovadoras a los problemas mundiales. Los macrodatos ofrecen numerosas vías para explorar nuevos enfoques ante cuestiones tan amplias como el cambio climático, la seguridad nacional y el envejecimiento saludable.
Aunque los analistas acaban de empezar a aprovechar nuevas fuentes de datos, hemos visto resultados prometedores que apenas insinúan las posibilidades. En 2013, el tifón Haiyán azotó Filipinas, causando una devastación generalizada. Normalmente, las organizaciones de ayuda humanitaria actúan de inmediato, utilizando planes logísticos y métodos basados en desastres anteriores. En este caso, el análisis ayudó a los trabajadores humanitarios a priorizar la asistencia y la distribución de suministros.
Para complementar las capacidades de recopilación de datos del Gobierno filipino, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) trabajó con analistas de datos para utilizar técnicas de análisis visual, incluidas herramientas de minería de textos. Al incorporar datos de redes sociales con datos geográficos y en tiempo real, la OIM pudo cuantificar las necesidades específicas de cada región tras el paso del tifón e identificar carencias en los servicios en las zonas afectadas. Los diagramas de Sankey, el análisis de sentimiento, la cartografía de geoburbujas y las estadísticas visuales, entre otras herramientas, se emplearon para agilizar la preparación y distribución de recursos.
Como resultado, la OIM pudo localizar las zonas más afectadas. El análisis reveló que los hospitales de la ciudad costera de Guiuan, muy dañada, se estaban quedando sin diésel para sus generadores de respaldo, y los suministros críticos se destinaron primero a esas zonas.
Estamos solo al comienzo de este camino, pero el potencial para mejorar la condición humana a escala mundial es realmente sobrecogedor. Queda mucho trabajo por hacer para informar a las organizaciones, a los responsables políticos y al público en general sobre el potencial de los datos para contribuir al bien común. Si comunicamos con claridad cómo pueden utilizarse los macrodatos para afrontar los desafíos globales, podremos desatar una nueva era de creatividad en la resolución de problemas.
La Summit on the Global Agenda 2015 se celebra en Abu Dabi del 25 al 27 de octubre
Autor: Mikael Hagstrom es vicepresidente ejecutivo de SAS y presidente del Consejo del Foro denominado Global Agenda Council on Data-Driven Development.
Imagen: Una niña observa en la localidad de Guiuan, devastada por el tifón, el 19 de noviembre de 2013. REUTERS/Wolfgang Rattay

