Puede que el cerebro no solo controle nuestros pensamientos y funciones físicas básicas. Estudios estudios indican que también controla la forma en que nuestro cuerpo responde a la amenaza de las infecciones bacterianas. Lo hace potenciando la producción de una molécula protectora llamada PCTR1, que ayuda a los glóbulos blancos a matar las bacterias invasoras.
Nuestro cuerpo está en contacto constante con las bacterias. En su mayoría, estas no representan una amenaza, ya que hemos desarrollado sistemas de defensa para mantenerlas a raya. Sin embargo, en algunos casos, especialmente cuando las defensas del cuerpo están debilitadas o fallan, las bacterias pueden invadirlo y provocar una infección y, en casos extremos, sepsis, que puede causar la muerte.
En la década de 1920 se hizo un descubrimiento revolucionario: la identificación de las propiedades antibióticas de la penicilina. El descubrimiento abrió el camino a una nueva era en el tratamiento de las infecciones. Gracias a los antibióticos, ya no teníamos que depender de nuestro cuerpo para eliminar las bacterias. En cambio, podíamos ayudarlo frenando la capacidad de las bacterias para reproducirse y dando así a nuestro sistema inmunitario tiempo suficiente para eliminarlas.
La penicilina fue el primero de una larga lista de antibióticos desarrollados para combatir distintos tipos de infecciones bacterianas. Sin embargo, en las últimas décadas, la capacidad de los antibióticos para detener el crecimiento bacteriano se ha visto considerablemente limitada, y cada vez más cepas bacterianas se están volviendo resistentes al tratamiento con antibióticos. La amenaza de la resistencia a los antibióticos ha impulsado a la comunidad científica a buscar formas alternativas de combatir las infecciones bacterianas.
Una molécula muy importante

Para identificar nuevas vías para tratar las infecciones bacterianas, centramos nuestra atención en el sistema nervioso central (el cerebro, la médula espinal y los nervios ópticos), ya que varios estudios han señalado que el cerebro coordina mucho más que nuestros pensamientos. En nuestro estudio descubrimos que, por ejemplo, seccionar el nervio vago derecho en ratones reduce considerablemente su capacidad para eliminar las infecciones por E. coli.
Al investigar la causa de este retraso, observamos una disminución significativa de los niveles de una molécula llamada «conjugado de protectina en la regeneración tisular 1», o PCTR1, por su sigla en inglés. La PCTR1 forma parte de un grupo de moléculas llamadas mediadores especializados proresolutivos, que controlan la forma en que nuestro cuerpo responde a la inflamación. Los glóbulos blancos la producen a partir de un ácido graso esencial derivado del aceite de pescado llamado ácido docosahexaenoico.
También descubrimos que la disminución de PCTR1 reducía la capacidad de los macrófagos —un tipo de glóbulo blanco— para matar E. coli.
Luego investigamos cómo regula el nervio vago la producción de PCTR1 en la cavidad abdominal de los ratones, donde se sabe que este nervio es conocido por regular el comportamiento de los glóbulos blancos durante la inflamación. Descubrimos que el nervio libera un neurotransmisor llamado acetilcolina, que a su vez indica a otro tipo de células inmunitarias (las células linfoides innatas) que aumenten la producción de PCTR1. Esto, a su vez, reguló la capacidad de los macrófagos para encontrar y matar bacterias.
Al inyectar PCTR1 a los ratones a los que se les había seccionado el nervio vago, observamos que se restablecía la capacidad de los macrófagos peritoneales para eliminar las bacterias y atenuar la respuesta inflamatoria posterior, lo que aceleraba la eliminación de las bacterias.
Se espera que estos resultados tengan amplias repercusiones en la lucha contra las infecciones bacterianas, especialmente ante el alarmante ritmo al que las bacterias se están volviendo resistentes a los antibióticos. Esto se debe a que los hallazgos demuestran que podemos ayudar a nuestro cuerpo a eliminar las bacterias durante las infecciones mediante el uso de PCTR1 y moléculas relacionadas, reduciendo así nuestra dependencia de los antibióticos.
