«Google no es una empresa convencional. No pretendemos convertirnos en una». Así describieron Larry Page y Sergey Brin su start-up cuando salió a bolsa en 2004. Una promesa que se cumplió (en su mayor parte) a lo largo de estos 11 años y que sigue resonando con su criatura más reciente, Alphabet, una sociedad holding que gestionará y coordinará todos los dispares negocios de Big G (desde el propio Google hasta Android, Maps, YouTube, Gmail y otros).
Esta amplia reestructuración de las operaciones empresariales del gigante tecnológico permitirá a Google centrarse en el desarrollo de sus propios productos, al tiempo que concede a las demás filiales de Alphabet la independencia para impulsar sus propias marcas. Las compañías no relacionadas con los productos de internet de Google se separarán y pasarán a ser empresas independientes bajo el paraguas de Alphabet. El nuevo consejero delegado de Google Inc., ya más reducida, será Sundar Pichai, uno de los líderes más talentosos del actual mundo tecnológico.
Desde su creación en 1998, Google ha invertido miles de millones de dólares en investigación y desarrollo, literalmente inventando nuevos mercados y lanzando una variedad de spin-offs, entre ellos algunos bastante desconocidos pero que trabajan intensamente para crear productos o soluciones innovadores. Entre ellos, cabe mencionar Calico (una empresa de biotecnología centrada en combatir el envejecimiento y las enfermedades asociadas), Fiber (que ofrece internet de banda ancha y televisión por cable a localidades pequeñas y remotas) y Google X (una instalación semisecreta dedicada a lograr avances tecnológicos de gran envergadura, como el coche sin conductor).
Dejarse llevar por la corriente
En su El libro de los cinco anillos, el espadachín, artista y poeta japonés Miyamoto Musashi escribió que la naturaleza cambia constantemente y que las personas deben adaptarse a los nuevos entornos. En su constante adhesión a este método, Google (perdón, Alphabet) está ahora ajustando su rumbo y modificando una vez más su forma y su alcance, igual que un río que adapta continuamente su cauce entre rocas y árboles.
Este es un proceso de mutación que obliga a la compañía a concentrarse en consolidar sus negocios, satisfacer a los inversores y perseguir de forma constante nuevos proyectos de investigación y desarrollo. Dos caminos distintos que a veces conducen a objetivos diferentes, otra razón para establecer un holding paraguas, como hicieron en el pasado muchos gigantes tecnológicos y financieros, a fin de mejorar la gestión global y mantener a cada equipo centrado en sus propios objetivos. De hecho, Google se orienta ahora hacia una presencia más amplia en el siempre creciente sector de las telecomunicaciones. Un objetivo importante es ofrecer acceso a internet de banda ancha en el mundo en desarrollo y extender el alcance de su plataforma móvil Android, lo que permitirá crear una nueva y amplia base de usuarios que en cinco años podría resultar muy valiosa y rentable.
Mientras tanto, los laboratorios Google X siguen trabajando para mejorar sus Google Glass: aunque muchos las consideraron un fracaso, su posible éxito depende de sectores de mercado concretos, como herramienta de trabajo para numerosas tareas pero no como producto de masas. En el frente de los medios de comunicación, Google se mantiene bastante cauto, todavía evaluando el impacto de cuestiones sin resolver con numerosos editores de todo el mundo y observando la agresiva expansión de Facebook en el sector de las noticias. También merece la pena señalar algunos avances recientes en aprendizaje automático, entre ellos Google Photos y Google Now, mientras que Google+ parece desplegarse lentamente y renunciar a desafiar al imperio social de Facebook.
Una ruptura que no es ruptura
Por otra parte, no cabe duda de que la creación de Alphabet es también una medida preventiva. Google se ha convertido en una superpotencia económica y política y, en los últimos años, se ha enfrentado a graves problemas antimonopolio, particularmente en la Unión Europea. Por ello, muchos observadores se apresuraron a subrayar esta caracterización. Alphabet, escribió Michele Clarke, «es su defensa frente a la ruptura antimonopolio. Por la aplastante derrota en Bruselas y por reveses menores en Washington. Ahora van a “romper” la empresa sin romperla». Queda por ver qué consecuencias, si las hay, tendrá este paso.
Como explica Steven Levy en su libro de 2011 In the Plex: How Google Thinks, Works and Shapes Our Lives, al fin y al cabo, Google es una aventura que entrelaza culturas, ideas y estilos de vida diferentes. Fundada por dos estudiantes de Stanford, su criatura logró de alguna manera integrar la educación Montessori y las técnicas de adaptación japonesas, dando lugar a una empresa poco convencional, siempre capaz de renovarse y de abrirse a nuevos desafíos globales. Si Page y Brin siguen aplicando estos métodos, la encarnación Alphabet seguirá sorprendiéndonos y, lo que es más importante, cambiando para mejor la vida de miles de millones de personas.
¿Lo has leído?
¿Qué significa Alphabet para Google?
Cómo Google está transformando el mapa
Autor: Andrea Stroppa es un investigador de seguridad en internet y bloguero de Huffington Post Italia.
Imagen: Una página de búsqueda de Google vista a través de una lupa en esta ilustración fotográfica tomada en Berlín, el 11 de agosto de 2015. REUTERS/Pawel Kopczynski
