¿Cuál es el futuro del crecimiento de la productividad agrícola en Estados Unidos?

A combine harvester is harvesting crops.
There is robust and compelling evidence of a structural slowing of productivity growth in U.S. agriculture.Image: Unsplash/ Tomas Hertogh
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  • Un estudio reciente ha analizado los profundos cambios en la agricultura estadounidense y si la edad de oro podría haber quedado atrás.

  • La evidencia apunta a una desaceleración estructural del crecimiento de la productividad agrícola en Estados Unidos, tras un auge a mediados del siglo XX.

  • Entre las explicaciones figura una ola de progreso tecnológico a mediados del siglo XX.

El crecimiento de la productividad agrícola ha sido fundamental para el desarrollo de la agricultura en Estados Unidos y en todo el mundo, y mantener ese crecimiento sigue siendo crucial para hacer posible la producción sostenible de alimentos inocuos, saludables y asequibles. Muchos quizá pensemos que podemos dar todo esto por sentado. Sin embargo, los recientes repuntes periódicos de los precios de las materias primas y las nuevas evidencias de una desaceleración secular del crecimiento de la productividad agrícola han reavivado la preocupación por la evolución futura de la productividad agrícola y sus consecuencias para la oferta y el precio de los alimentos, especialmente ante el cambio climático y las demandas contrapuestas de tierras agrícolas, agua y otros recursos.

¿Podemos esperar o confiar en que en las próximas décadas se repita algo parecido al rápido crecimiento de la productividad agrícola medida y, por consiguiente, a la abundancia agrícola mundial que se vivió durante la segunda mitad del siglo XX? Comprender mejor las tendencias pasadas y sus causas puede ayudarnos a responder mejor estas preguntas sobre el futuro de la alimentación.

En nuestro artículo reciente, analizamos las tendencias del crecimiento de la productividad agrícola en Estados Unidos que revelan datos detallados sobre más de un siglo de profundos cambios en la agricultura estadounidense, y examinamos las evidencias sobre los factores subyacentes a esas tendencias. Para empezar, presentamos evidencia sólida y convincente de una desaceleración estructural del crecimiento de la productividad agrícola en Estados Unidos, tras un auge a mediados del siglo XX. En lugar de una tasa constante de crecimiento de la productividad, los datos concuerdan más con un auge en forma de «gran ola», cuyo crecimiento máximo se alcanzó en la década de 1960; una tendencia secular de la productividad agrícola estadounidense similar a la que otros han observado en el conjunto de la economía, aunque con una cronología distinta. Estos fenómenos agrícolas y no agrícolas están claramente relacionados, y sus explicaciones podrían presentar paralelismos.

Una vez establecidas la existencia, la magnitud y la cronología del auge y la desaceleración de la productividad agrícola estadounidense, examinamos tres posibles explicaciones. Una posibilidad es que el auge y la desaceleración se debieran a un auge y una desaceleración anteriores de la I+D agrícola y de las reservas de conocimiento asociadas. Para explorar esta posibilidad, comparamos las trayectorias temporales del crecimiento de la productividad agrícola y del crecimiento de las reservas de conocimiento derivadas de la I+D agrícola estadounidense, calculadas con los dos modelos predominantes en la literatura. Las mediciones indican que el crecimiento de las reservas de conocimiento se desaceleró progresivamente, lo que a su vez implicaría una desaceleración progresiva de la tasa de crecimiento de la productividad: una parte del fenómeno en cuestión. Sin embargo, estas trayectorias de las reservas de conocimiento procedentes de la I+D no explican la otra parte: el auge. Para explicar tanto el auge como la desaceleración se necesita otra representación de las reservas de conocimiento u otra explicación.

Una explicación alternativa, aunque relacionada, es que una gran ola de progreso tecnológico a mediados del siglo XX contribuyó a un periodo sostenido de crecimiento de la productividad más rápido de lo habitual durante todo el tercer cuarto de ese siglo, junto con profundos cambios concomitantes en la estructura de la agricultura. Presentamos datos detallados sobre las tendencias temporales de adopción de sucesivas olas de innovaciones mecánicas, químicas, biológicas y digitales. Todas estas innovaciones surgieron de alguna combinación de I+D agrícola y de otros tipos, organizada formalmente, y de la invención menos organizada por parte de agricultores y otras personas, pero no podemos afirmar mucho más con seguridad. El problema, normalmente difícil, de atribuir a estos factores las tendencias de productividad se complica aún más aquí por el papel del «problema agrícola» (esencialmente, demasiados agricultores y bajos salarios para quienes trabajan en las explotaciones). El problema agrícola fue tanto causa como influencia en el momento de adopción de las innovaciones y en sus consecuencias posteriores para la productividad, la producción y los precios de los productos e insumos agrícolas. Por supuesto, no todas las innovaciones agrícolas ahorraban mano de obra, pero muchas sí; además, muchas implicaban economías de escala que suponían un aumento del tamaño eficiente de las explotaciones y una reducción de su número.

Nuestra tercera posible explicación del auge y la desaceleración de la productividad agrícola se centra en la dinámica de la transformación estructural de la economía agrícola estadounidense, en particular en la reducción de la mayor parte de su mano de obra. Esta explicación está respaldada por nuestra evidencia de que la transición agrícola cobró impulso al mismo tiempo que el crecimiento de la productividad, tras lo cual ambos fenómenos volvieron a tasas de cambio más normales y de largo plazo. Esta transformación estructural supuso un cambio único que redujo en dos tercios o más el número de agricultores y la mano de obra agrícola total. Conjeturamos que un auge de la productividad agrícola como el que hemos documentado en Estados Unidos podría ser inherente a la transición económica de una orientación agraria a una industrial. Dado que esa transición necesariamente ocurre una sola vez, en ese sentido también lo hacen el auge y la desaceleración de la productividad que puedan acompañarla.

En suma, cada una de nuestras tres explicaciones parece pertinente y, considerada por separado, puede dar cuenta de parte de lo ocurrido, aunque en algunos casos no coincide del todo la cronología de la causa supuesta con la del efecto atribuido: el problema de atribución es sumamente difícil y la atribución causal cuantitativa formal plantea grandes retos. Sin embargo, aunque cada explicación por sí sola quizá resulte algo insatisfactoria, en conjunto estas explicaciones posibles aportan mucho a la comprensión de lo ocurrido durante el periodo que abarcan nuestros datos y de lo que cabe esperar en adelante. En concreto, estamos ante una nueva normalidad; de hecho, mantener siquiera las tasas más lentas de crecimiento de la productividad agrícola observadas recientemente será difícil ante el cambio climático y un entorno normativo cada vez más exigente.

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