• Las tecnologías emergentes están cambiando el papel de los agricultores, los agrónomos y los intermediarios agrícolas.
• Todos los puestos en la agricultura requerirán cierta recualificación en la próxima década.
• A medida que se defina la relación entre humanos y robots, las competencias en análisis de datos serán especialmente importantes.
Las tecnologías emergentes en el campo, como la inteligencia artificial, la visión artificial y la robótica, desempeñarán un papel clave en la capacidad de mejorar la productividad y el rendimiento necesarios para alimentar a una población creciente. Estas nuevas herramientas, tecnologías y dispositivos en el campo están redefiniendo las tareas diarias de los agrónomos y los productores de alimentos. Formar a la fuerza laboral agrícola en las competencias necesarias para gestionar y aprovechar el potencial de estos nuevos robots y herramientas será crucial para lograr una adopción masiva.
La gestión de una explotación agrícola, incluida su plantilla, está cambiando. Por un lado, la automatización de los procesos existentes y las nuevas tecnologías implican que algunos trabajadores necesitarán reciclarse o recualificarse, ya que sus puestos quedarán obsoletos. Por otro lado, a medida que una explotación aumenta el capital por trabajador, sobre todo porque muchas de las nuevas tecnologías utilizan la automatización, es importante evaluar si sus los empleados tienen las habilidades adecuadas para aprovechar plenamente las nuevas tecnologías. Cada puesto del ecosistema se está redefiniendo, y lo mismo ocurre con las habilidades y capacidades necesarias para triunfar en estas profesiones.
1. Los agricultores se están convirtiendo en gestores
En los últimos 30 años se ha producido una importante consolidación de las explotaciones agrícolas. Esto significa que las pequeñas explotaciones tradicionales se han transformado en empresas más grandes, en las que el papel de los agricultores ha pasado a ser el de gestores. Las estadísticas oficiales muestran que en EE. UU. las explotaciones de gran tamaño, con ingresos superiores a 1 millón de dólares, representan el 50 % de la producción agrícola estadounidense, frente al 30 % en la década de 1990.
Los agricultores ya pasan más tiempo frente a las pantallas y menos tiempo en el campo. La imagen del agricultor subido a su tractor se está convirtiendo rápidamente en cosa del pasado. Los tractores autónomos arrastrarán o empujarán maquinaria para arar, labrar, gradear, rastrillar o sembrar. Lo mismo ocurre con otros procesos manuales, como la recolección de frutas, que se están robotizando. Todos estos dispositivos autónomos y nuevas tecnologías requieren gestión, de la que será responsable el agricultor. Identificar el producto adecuado como comprador, saber manejar los nuevos dispositivos y comprender el retorno de la inversión (ROI) que aporta la tecnología como parte de su infraestructura existente será fundamental.
2. Los agrónomos se están convirtiendo en analistas de datos
La imagen del agrónomo como «médico de las plantas» está cambiando rápidamente a la de un científico de datos. Por supuesto, su experiencia y su amplio conocimiento de una zona son fundamentales, pero ahora también tendrán que combinar sus conocimientos con numerosas fuentes de datos adicionales procedentes de dispositivos como sensores e imágenes aéreas, y necesitarán entender las herramientas para agregar, gestionar y analizar estos datos. Interpretar los datos y las conclusiones, y convertirlos en acciones, será un proceso, especialmente cuando haya un choque entre las recomendaciones basadas en datos y la intuición (o los métodos existentes) que han guiado el proceso de toma de decisiones en el pasado.
La agronomía de precisión se está convirtiendo en una carrera profesional por derecho propio. Esta profesión se centrará en ayudar a los productores con las prácticas de agricultura de precisión y actuará como puente que conecta la tecnología y las conclusiones basadas en datos con las prácticas agronómicas tradicionales. Para apoyar a los agricultores y comprender plenamente el valor y el ROI de las nuevas prácticas y productos, los agrónomos necesitarán las herramientas estadísticas y las competencias adecuadas para entender la importancia de los resultados.
3. Distribuidores e intermediarios que se convierten en facilitadores tecnológicos
Los distribuidores y proveedores de productos y equipos agrícolas también desempeñan un papel importante en el futuro de la agricultura. Antes realizaban transacciones sencillas, vendiendo equipos, semillas, productos químicos, etc. Cuando el producto que venden a los agricultores es una plataforma tecnológica o un robot, dirigir el proceso de formación e incorporación también se convertirá en una parte crucial de su función. Necesitarán convertirse en docentes o formadores para ayudar a los clientes a sacar el máximo partido de estas plataformas o dispositivos; además de ser vendedores, el éxito en su función dependerá de su capacidad para enseñar a los agricultores a utilizarlos.
Los productores de alimentos dependen de un conjunto tecnológico cada vez mayor de software (paneles de control, análisis, alertas programadas) y hardware (robótica, sensores, cámaras, etc.). Coordinarlos para que funcionen todos de forma sincronizada y con los mismos objetivos de productividad será clave. La ayuda y el apoyo de los proveedores de tecnología desempeñarán un papel crucial a la hora de ayudar a los agricultores a integrar las nuevas tecnologías en los procesos y sistemas existentes.
Brecha de competencias a corto plazo frente a largo plazo
A largo plazo (de cinco a 10 años), muchos puestos implicarán aprender a gestionar una flota de robots. Cada vez más tareas que antes se realizaban manualmente se están automatizando. La automatización completa de la cosecha será una realidad en los próximos años. Al igual que los vehículos autónomos se están volviendo habituales en las ciudades, también lo harán los tractores autónomos en el campo. La robótica de desherbado puede ser increíblemente precisa y reducir el uso de pesticidas en un 90 % gracias a la visión artificial. Los drones ayudarán a los productores de alimentos a supervisar las condiciones a distancia e incluso a aplicar fertilizantes y otros tratamientos desde el aire. Todo ello exigirá que el sector replantee nuestra relación con los robots, también conocida como interacción humano-robot (HRI). Averiguar cómo optimizar la forma en que los humanos trabajan codo con codo con los robots será en sí mismo un sector en un futuro no muy lejano.
A medio plazo (de tres a cinco años), hasta que las plataformas tecnológicas sean totalmente intuitivas y los robots completamente autónomos, el énfasis en cuanto a competencias recaerá en la orquestación de plataformas y la gestión de datos. Seleccionar, alinear y gestionar todas las herramientas y plataformas para aumentar la productividad sigue siendo una tarea compleja, que requiere una aportación significativa de los creadores de tecnología, los proveedores y los propios agricultores.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para ayudar a garantizar la seguridad alimentaria mundial?
Dado que muchas de las nuevas herramientas tecnológicas generan una cantidad sin precedentes de datos, el reto a corto plazo es transformar los datos en conclusiones y, por tanto, en valor. Por ejemplo, en los últimos años muchos agricultores han aprendido a interpretar las imágenes aéreas. Sin embargo, en el futuro deberían poder recibir conclusiones basadas en datos ya procesados y analizados. Mientras tanto, las competencias en análisis de datos para mejorar el nivel de alfabetización en datos darán a los productores de alimentos una ventaja para adoptar tecnologías emergentes.