Los planes a corto plazo para apuntalar la seguridad alimentaria europea no deben ir en detrimento de las ambiciones ecológicas de la agricultura.
Si el 20% de los agricultores europeos adoptara un enfoque climáticamente inteligente, sería muy beneficioso para la resiliencia de los sistemas alimentarios.
Es necesario brindar apoyo financiero a los agricultores para que lleven a cabo esta transición.
El conflicto en Ucrania ha situado los sistemas alimentarios, y su fragilidad, en el centro de la agenda mundial. En conjunto, Rusia y Ucrania representan aproximadamente el 30% de las exportaciones mundiales de trigo, mientras que Rusia es el principal exportador de fertilizantes del mundo. Los precios de los fertilizantes, los piensos (principalmente trigo y maíz) y los alimentos ya han alcanzado niveles récord, mientras las perturbaciones relacionadas con la guerra y las sanciones restringen insumos clave, mano de obra y logística para la producción agrícola mundial. Los líderes de la UE ya hablan de una inminente crisis generalizada de seguridad alimentaria y preparan planes para reforzar la soberanía alimentaria en la región. Aunque estos planes tranquilizan, no lo hacen las propuestas de hacerlo renunciando a las ambiciones ecológicas de la UE.
El más reciente Informe de evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advierte que el cambio climático y la pérdida de biodiversidad relacionada «han afectado a la productividad de todos los sectores agrícolas y pesqueros, con consecuencias negativas para la seguridad alimentaria y los medios de vida». Está ampliamente reconocido que los sistemas planetarios se encuentran peligrosamente cerca del punto de ruptura. Reorientar las políticas y las subvenciones únicamente para garantizar el suministro de alimentos a corto plazo, a costa de proteger la resiliencia a largo plazo, convertiría la seguridad de nuestros sistemas alimentarios en una ilusión.
La degradación del suelo le cuesta actualmente a la UE100.000 millones de euros al año, y el cambio climático podría reducir el rendimiento de los cultivos en un 20% para 2050. La estrategia «De la granja a la mesa», que ocupa un lugar central en el Pacto Verde Europeo, forma parte de la respuesta a esta crisis precisamente porque pretende restaurar la salud del suelo de la UE y mejorar su adaptación al cambio climático mediante «medidas climáticamente inteligentes». También establece objetivos para reducir la dependencia de la región del uso de fertilizantes sintéticos, perjudicial para el medio ambiente, una meta que cobra aún más relevancia cuando los agricultores y los precios de los alimentos tienen dificultades para seguir el ritmo de las recientes subidas del precio de los fertilizantes.
Una transición centrada en los agricultores
Un reciente informe del Foro Económico Mundial describe las vías para una transición de los sistemas alimentarios de la UE centrada en los agricultores. Concluye que, si un 20% adicional de los agricultores europeos adopta prácticas climáticamente inteligentes, para 2030 la UE puede reducir en un 6% las emisiones agrícolas anuales de gases de efecto invernadero, según las estimaciones; restaurar la salud del suelo en más del 14% de sus tierras agrícolas totales, mejorando así la biodiversidad y la resiliencia de los sistemas alimentarios; y, dependiendo del grado de implementación, aumentar los ingresos de los agricultores entre 1.900 y 9.300 millones de euros al año.
El informe, elaborado en colaboración con Deloitte y NTT Data, se basa en las conclusiones generadas por la coalición EU Carbon+ Farming, una coalición regional de la plataforma 100 Million Farmers. La coalición reúne a 14 organizaciones de toda la cadena de valor alimentaria para trabajar con los agricultores, que constituyen la base de la cadena alimentaria, y ampliar las medidas climáticamente inteligentes en toda la UE. Su objetivo es apoyar la transición al ritmo y a la escala necesarios para garantizar la seguridad futura de los sistemas alimentarios de la región. El informe presenta los resultados de consultas a 1.600 agricultores de siete países, que en conjunto representan el 75% de los agricultores de la UE, con el fin de comprender qué obstáculos y soluciones son necesarios para generalizar la adopción de medidas climáticamente inteligentes.

La nueva investigación concluye que la economía de las explotaciones agrícolas es el principal factor que obstaculiza el avance hacia la sostenibilidad. Dado que los ingresos de los agricultores de la UE son aproximadamente un 60% inferiores a los de quienes no se dedican a la agricultura, y que ahora suelen afrontar una inseguridad cada vez mayor debido a fenómenos meteorológicos, no es realista pedirles que asuman el coste financiero adicional de la transición. Además, puesto que sus beneficios se comparten entre todos —por ejemplo, una mayor seguridad alimentaria, más biodiversidad y mejores servicios ecosistémicos—, es inequitativo pedir a los agricultores que soporten esta carga por sí solos.
Repartir la carga agrícola
Actualmente, la mayoría de los agricultores que están llevando a cabo la transición solo pueden acceder a mejoras operativas, como optimizar el uso de insumos o reducir la volatilidad del rendimiento, para justificar el impulso hacia la sostenibilidad. Sin embargo, la transición lleva tiempo, y un periodo de recuperación de varios años no ofrece a los agricultores los incentivos adecuados para cambiar. Por ello, los actores privados y públicos deben contribuir a crear fuentes adicionales de ingresos e incentivos que recompensen las medidas climáticamente inteligentes.
Por un lado, estas pueden situarse en el nivel de la cadena de valor, donde todos sus actores contribuyan mediante medidas como directrices de compra que promuevan cultivos climáticamente inteligentes, acuerdos de compra que garanticen determinados precios y cantidades a los agricultores, o préstamos más baratos para adoptar medidas climáticamente inteligentes. Por otro lado, se puede valorar y compensar los beneficios colaterales: resultados favorables de las medidas que no están directamente relacionados con el rendimiento, mediante créditos de carbono u otros créditos por servicios ecosistémicos. El estudio concluye que, al desbloquear estas fuentes adicionales de valor, el periodo de recuperación de las medidas climáticamente inteligentes podría reducirse aproximadamente siete años, haciendo más convincente y rápido el argumento a favor del cambio.
Aquí es donde la Coalición EU Carbon+ pretende intervenir, poniendo en marcha una iniciativa integrada que fortalezca los argumentos económicos a favor de la transición y aborde los complejos desafíos interconectados que afrontan los agricultores. La iniciativa en la cadena de valor incluirá, entre otras cosas, medidas de financiación y reducción de riesgos, normas de compra favorables, innovación tecnológica para medir, verificar y reportar datos de las explotaciones agrícolas, y formación para los agricultores. En última instancia, estas medidas pretenden contribuir a alcanzar los objetivos del Pacto Verde Europeo, fundamentales para fortalecer los sistemas alimentarios de Europa y a quienes los cuidan: los agricultores.
La crisis de Ucrania ha puesto en primer plano, a escala mundial, la importancia de los sistemas alimentarios. Es importante seguir destacándola y reconocer que no hay camino para alcanzar nuestros Objetivos de Desarrollo Sostenible mundiales que no incluya la transición hacia sistemas alimentarios con cero emisiones netas, positivos para la naturaleza y resilientes.

