Muchas economías de mercado del siglo XX reflejaban modelos organizativos tradicionales, en los que las empresas eran propietarias de la capacidad productiva y los ciudadanos eran vistos principalmente como empleados y consumidores pasivos, reunidos en estructuras de gobernanza centralizadas y jerárquicas. Los marcos éticos en esos contextos se incorporaban con frecuencia solo parcialmente a la práctica de la gobernanza, y a menudo como apoyo a posteriori de una actividad por lo demás utilitarista y orientada al beneficio, y con frecuencia se adaptaban o se aplicaban selectivamente para promover las normas de quienes ostentaban el poder.
Muchas de esas asimetrías y desigualdades históricas de poder se reflejan en las primeras estructuras de la economía digital, pero su naturaleza distribuida invita a reconsiderar, con renovado interés, las posibilidades y las vías hacia una gobernanza más centrada en la ética.
¿El fin de la jerarquía?
El poder de los sistemas de información distribuidos se evidencia en la adopción casi universal de internet, que ha dejado efectivamente ciegas a las estructuras de gobernanza tradicionales, centralizadas y jerárquicas, ya que dichas jerarquías dependen de flujos de información centralizados para obtener retroalimentación sobre su desempeño, y no pueden supervisar y controlar sus operaciones con la misma eficacia en una red distribuida.
Si bien las arquitecturas de información distribuidas son perjudiciales para la gobernanza jerárquica, tienden a fomentar otras formas más participativas. De hecho, una nueva cultura de cocreación, colaboración y participación mutua está emergiendo como un modelo económico nuevo y significativo del siglo XXI. La adopción generalizada de arquitecturas de información distribuidas ha dispersado la autoridad y el poder históricos. Hoy tenemos una oportunidad única para que los principios fundamentales del deber humano, la ética y la moral se incorporen al tejido de nuestra sociedad interconectada a escala global, que transmitiremos a las generaciones futuras.
Mientras que las jerarquías verticales del pasado solicitaban la participación en forma de «consentimiento» (que normalmente refleja compromisos pasivos entre opciones limitadas), el futuro de una gobernanza sostenible y resiliente consiste en implicar a las partes interesadas mediante decisiones activas, no mediante compromisos pasivos. Estas formas emergentes de gobernanza distribuida dependerán de construcciones éticas de la gobernanza que proporcionen narrativas coherentes capaces de escalar entre jurisdicciones y sectores, haciendo que los comportamientos individuales e institucionales en tales sistemas sean fiables, predecibles y dignos de confianza. Estas formas también darán continuidad a la participación, que es clave para la sostenibilidad y la resiliencia de la gobernanza en sistemas distribuidos.
Una perspectiva holística de las personas
Con formas éticas de gobernanza aplicadas a la gran cantidad de macrodatos disponibles, todos podremos medir y comprender el valor y el impacto de nuestra actividad en su conjunto. Ya no estamos limitados por los límites centralizados de las medidas agregadas de producción y consumo, como el PIB u otras mediciones económicas tradicionales. Las nuevas oportunidades de participación y colaboración acelerarán y ampliarán la gama de beneficios más allá de desarrollos iniciales como el «crowdsourcing» y la «publicidad personalizada». Estos cambios tendrán implicaciones enormes para las estructuras de gobernanza jurídica y económica existentes, como las relacionadas con la propiedad intelectual, la fiscalidad, el bienestar social, la salud y, por supuesto, las empresas y la innovación.
La gobernanza ética de los datos puede ayudar a ofrecer una perspectiva holística de las personas, a ellas mismas y a otros cuando resulte oportuno, como agregado de sus acciones como ciudadanos, productores, consumidores, padres, empleados y miembros de la comunidad.
Mediante un paradigma de diseño de gobernanza más ético, basado en la participación activa de las partes interesadas, podemos reimaginar las normas de nuestros sistemas educativos, políticos y empresariales, con un enfoque en perspectivas distribuidas, descubrimiento y sabiduría. Podemos reimaginar y rediseñar nuestra relación y vinculación con los demás en la red social. Podemos diseñar procesos que enriquezcan nuestras capacidades individuales y colectivas para el cuidado interdependiente, el desarrollo integrado y una confianza profundamente compartida, que surgen de la bondad humana básica y del bienestar.
El Summit on the Global Agenda 2015 se celebra en Abu Dhabi del 25 al 27 de octubre.
Autores: Scott David es director de Políticas de la Universidad de Washington y miembro del Foro Económico Mundial, del Global Agenda Council on Data-Driven Development. Mihaela Ulieru es presidenta del IMPACT Institute for the Digital Economy y profesora adjunta de investigación de la Universidad Carleton.
Imagen: Peatones se reflejan en un panel electrónico que muestra un gráfico de datos de mercado expuesto frente a una casa de bolsa en Tokio el 10 de mayo de 2010. REUTERS/Yuriko Nakao
