El clima político actual y los titulares negativos parecen apuntar a una población mundial más ensimismada: se estrechan las perspectivas y se levantan fronteras. Sin embargo, como cada vez más personas viven y trabajan en el extranjero y se exponen a influencias de otras culturas, muchos buscamos un mundo abierto y conectado.
Según el estudio sobre mentalidades culturales publicado recientementesobre mentalidades culturales de Culture Trip, el 60% de las personas de Estados Unidos y el Reino Unido afirma que las influencias de distintas culturas moldean su perspectiva de la vida. Como sociedad, no solo queremos descubrir y vivir otras culturas, sino también aprender de ellas. Este es uno de los muchos efectos positivos de la globalización. Al mismo tiempo, el panorama económico de la última década ha provocado un cambio de valores que se aleja del materialismo: a las generaciones más jóvenes les interesa más acumular experiencias que posesiones.

Bienvenidos a la «nueva economía cultural»
La confluencia de dos tendencias —la globalización y la economía de la experiencia— ha encendido un nuevo espíritu viajero, en cuyo centro está la curiosidad cultural. Esta es la «nueva economía cultural». El fenómeno está teniendo un profundo impacto en las interacciones de las personas y en sus definiciones de exploración cultural, y presenta una oportunidad comercial extraordinaria.
Aunque se suele hablar de la globalización en el contexto del intercambio de comercio y capital entre países, no debemos olvidar que las personas son la fuerza que la impulsa. La educación, los viajes, la exposición a otras costumbres y geografías y la mezcla cultural resultante son algunos de los efectos sociales más influyentes de la globalización. Cada vez más personas viven o trabajan en países distintos de aquel en el que nacieron: más de la mitad de quienes respondieron al estudio sobre mentalidades culturales (53%) tienen amigos que viven en el extranjero, mientras que el 78% tiene amigos o familiares de otras nacionalidades y etnias. Todo esto da lugar a una mayor interacción con culturas de todo el mundo.
A esto se suma que las limitaciones impuestas por las deudas estudiantiles y la vivienda inasequible han cambiado los patrones de gasto, dando paso a un nuevo conjunto de valores en el que las experiencias importan más que la propiedad. Los viajes son fundamentales en la vida de la mayoría de las personas; de hecho, casi la mitad de quienes respondieron (43%) hace ajustes en sus gastos cotidianos para ahorrar y viajar más. En particular, para la «generación del alquiler», por caro que sea vivir una experiencia o hacer un viaje, sigue siendo más asequible que una casa.
Por qué viajamos
Los contextos sociales y personales de las personas moldean su apertura cultural. La expansión de las redes sociales también influye en cómo se relacionan con su entorno inmediato —las personas, las comunidades y los códigos culturales compartidos—. Las redes sociales de las personas no solo las exponen a influentes digitales, sino que también las mantienen conectadas con amigos o familiares que viven en otras partes del mundo, y les brindan otra vía, más personal, para acercarse a otras culturas.
La combinación única de estos factores culturales, sociales y personales nos ha permitido identificar cuatro mentalidades culturales, dispuestas en un espectro de curiosidad cultural:
1. Conscientes de otras culturas: La motivación de este grupo para viajar se basa en el placer. Busca lo conocido y elige destinos cercanos a casa o que reflejen su propia cultura. Le interesan otras culturas de forma superficial y quiere vivirlas desde una distancia desapasionada.
2. Curiosos por otras culturas - Quienes tienen esta mentalidad viajan para descubrir cosas nuevas y romper con sus rutinas cotidianas. Buscan cierta familiaridad, pero también quieren explorar límites. La cantidad importa: quieren «coleccionar» experiencias y países. Quieren que se les vea como personas interesadas en la cultura, pero esto suele expresarse mediante el interés visual y las visitas a lugares o edificios conocidos.
3. Inmersos en otras culturas - Para este grupo, viajar consiste en vivir aventuras y progresar o crecer personalmente. Viajar forma parte de su identidad: marcan tendencias y abren camino; quieren explorar lugares que otros aún no han visitado. Quieren que se les considere personas muy cultas y «exploradoras»; no les importa celebrar cuando las cosas salen mal, pues creen que eso es clave para crear recuerdos. Viajan por todo el mundo, a menudo fuera de las rutas habituales, en busca de diferencias respecto a la vida previsible que llevan en casa.
4. Fluidos entre culturas - La identidad de este grupo está marcada por su familiaridad con los viajes: son nómadas por naturaleza y llevan los viajes en el ADN. Se sienten en casa en todas partes y han adoptado una identidad cultural híbrida. Les interesa mucho explorar, analizar e interiorizar códigos culturales más profundos. Sus recuerdos suelen estar ligados a experiencias con personas que representan la cultura del destino, más que a lugares o actividades.
El coste medioambiental
El estudio sobre mentalidades culturales también arroja luz sobre cómo perciben las personas el efecto del turismo en el medio ambiente y qué medidas toman para reducir su impacto. Dos de cada cinco millennials (42%) —más que en cualquier otra generación— temen que el turismo tenga un impacto negativo en el medio ambiente, y más de un tercio (37%) limita sus viajes para reducir su impacto. También son quienes, entre todas las generaciones, tienen más probabilidades de consumir alimentos de origen local (58%).
En general, quienes respondieron coinciden en que reciclar es importante: tres de cada cuatro afirman tomarse en serio el reciclaje. Quizá resulte más preocupante de cara al futuro que la generación Z (personas de 18 a 24 años) tenga un 11% menos de probabilidades de reciclar que la media, y que sea la generación con menos probabilidades de consumir alimentos de origen local (46%).
Un análisis más detallado del estudio revela las características y mentalidades de quienes muestran una gran preocupación por el medio ambiente. Los altos niveles de preocupación medioambiental están vinculados a la apertura a otras culturas, al deseo de aprender y formarse continuamente, así como a una inclinación natural a vivir o trabajar en varios lugares. Quienes muestran mayor preocupación medioambiental tienen un 58% más de probabilidades de afirmar que las influencias de distintas culturas moldean su perspectiva de la vida que quienes se preocupan poco por el medio ambiente. También tienen un 70% más de probabilidades de buscar culturas distintas de la propia siempre que pueden.
El interés por explorar el mundo y conocer otras culturas está estrechamente vinculado a una gran preocupación por el impacto del turismo en el medio ambiente. Aunque la mayoría de las personas no renunciará por completo a sus deseos de viajar, la correlación entre la apertura cultural y la preocupación medioambiental confirma que ambos comportamientos están relacionados: quienes recorren el mundo también toman medidas en su vida cotidiana para compensar su impacto en el medio ambiente. En esencia, preocuparse por el mundo hace que uno quiera verlo; ver el mundo hace que uno se preocupe por él.
