En el futuro, las ciudades podrían construirse con residuos alimentarios

A view shows potatoes at a vegetable storehouse in the settlement of Vinodelnensky in Stavropol region, Russia June 30, 2017. REUTERS/Eduard Korniyenko - UP1ED6U15N35S
About half of all the food produced in the world ends up in the trash.Image: REUTERS/Eduard Korniyenko
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En Estados Unidos, la construcción es una fuente importante de residuos y contaminación. Se estima que la industria de la construcción representa el 39 % de las emisiones de CO2 del país y genera 534 millones de toneladas de residuos —más del doble de los residuos sólidos municipales. Gran parte de estos residuos puede atribuirse a la economía lineal que rige el sector: un modelo basado en «extraer, fabricar, desechar», que consume materias primas y recicla poco. De hecho, se estima que el 90 % de los residuos del sector procede de la demolición de edificios antiguos y el 10 % de la construcción de edificios nuevos.

Ante este problema, la firma de ingeniería Arup promueve que el sector adopte una economía circular, es decir, «un ciclo continuo de retroalimentación que busca reciclar tanto como sea posible, desechar lo menos posible y utilizar la menor cantidad posible de materias primas», según Fast Company. Y creen que esto puede lograrse aprovechando otra importante corriente de residuos como material: los alimentos.

Image: Naciones Unidas

Aproximadamente la mitad de todos los alimentos que se producen en el mundo acaba en la basura, lo que representa alrededor de 60 millones de toneladas de alimentos. Aplicar un enfoque circular a este problema junto con los residuos de la construcción podría reducir la cantidad de productos agrícolas que se vierten en los vertederos y, al mismo tiempo, permitir fabricar materiales de construcción reciclables para evitar que los residuos de la construcción acaben en basureros. Además, algunos materiales podrían cultivarse como si fueran cosechas, eliminando por completo los residuos excedentes. En su informe The Urban Bio Loop, la firma de ingeniería imagina que los edificios del futuro estarán hechos de piñas, patatas, hongos, maíz, naranjas, plátanos y otros productos.

«Es bien sabido que el llamado escenario de “seguir como hasta ahora” no es una opción viable para un futuro sostenible y que es necesario identificar distintos modelos de desarrollo para que nuestra sociedad siga creciendo y prosperando en el futuro», escribe Arup en su informe. «La industria de la construcción debe reflejar esta urgencia de cambio, probablemente más que otros sectores. De hecho, aún está marcada por una serie de factores perjudiciales, como el uso de materiales de gran impacto, soluciones constructivas irreversibles y procesos de fabricación de baja eficiencia».

Varias empresas y diseñadores ya están experimentando con materiales de origen alimentario para la construcción. En 2014, el MoMA utilizó 10 000 ladrillos hechos de hongos para construir una torre experimental. La empresa emergente que cultivó los materiales, Ecovative, afirmó que los ladrillos pueden adaptarse a distintas densidades y sustituir los tableros de partículas y el Styrofoam en el aislamiento. En Alemania, la empresa Wood K Plus ha estado experimentando con un material de construcción hecho de mazorcas de maíz, que son resistentes, aislantes y económicas. Los paneles podrían utilizarse para paredes ligeras, puertas y muebles.

También está la empresa Enviroboard, que fabrica paredes con trigo comprimido; Leoxx, que fabrica textiles y alfombras biodegradables a partir de plantas de plátano; Organiods, que fabrica paneles acústicos con una mezcla de semillas, tallos y hojas; y Materia, que crea un sustituto del corcho a partir de cáscaras de patata. Este material es ignífugo, repele el agua y es ligero, y puede utilizarse como aislante acústico y térmico.

Y eso no es todo. La empresa tailandesa Kokoboard utiliza residuos de cultivos de girasol para producir tableros no tóxicos y de gran resistencia, aptos para suelos, techos y paredes interiores. En el ámbito de los sustitutos del cuero, Ananas Anam, una empresa emergente británica, utiliza piñas para fabricar sustitutos del cuero aptos para tapicería, y Orange Fiber, una empresa emergente italiana, teje telas sostenibles con las fibras de celulosa de las cáscaras de cítricos, que también podrían utilizarse para tapicería.

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