Los pesticidas están concebidos para ser dañinos. Matan plagas, enfermedades y malezas. Pero algunos también perjudican a las personas y la fauna silvestre. Los pesticidas son un enorme negocio global, con un valor de alrededor de 45.000 millones de dólares estadounidenses. Cada año se aplican 3.500 millones de kilogramos de pesticidas a los cultivos alimentarios, y su uso va en aumento. Gran parte de este uso es, en el mejor de los casos, ineficaz y, en el peor, directamente perjudicial.
En investigaciones recientes demostramos que los agricultores de Asia y África han podido reducir el uso de pesticidas y, al mismo tiempo, aumentar el rendimiento de los cultivos, reducir los costos y obtener beneficios más saludables. También se beneficia el paisaje que rodea las explotaciones. Cada kilogramo de pesticida utilizado en la agricultura impone costos económicos externos de entre 3 y 15 euros (4-19 dólares estadounidenses) a la naturaleza, la fauna silvestre y la salud humana : por ejemplo, el dinero que gastan las empresas de agua para eliminarlos del agua potable, o la pérdida de valiosos insectos polinizadores.
Por lo tanto, cualquier reducción del uso ahorra costos a los agricultores y también beneficia a la economía en general. Prescindir de los pesticidas puede ser una decisión obvia.
Otra manera de hacer las cosas
Todas las plagas tienen depredadores y parásitos naturales, que para los agricultores suelen ser gratuitos. Los agricultores pueden incorporarlos a la gestión de sus explotaciones y minimizar o incluso sustituir los pesticidas sintéticos. Esto se conoce como manejo integrado de plagas (MIP), un enfoque centrado en manipular el ecosistema del cultivo en vez de limitarse a erradicar las plagas.
Mediante estas estrategias agrícolas se puede aumentar el rendimiento de los cultivos y reducir la aplicación de pesticidas y los costos. Los agricultores obtienen más y el medioambiente también sale ganando. Otras investigaciones muestran cada vez más que los enfoques sostenibles en la agricultura pueden aumentar el rendimiento y mejorar el medioambiente, ya sea que se centren en la gestión de los suelos, el agua, los árboles o el ganado.
En nuestra investigación, analizamos 85 proyectos de MIP de 24 países de Asia y África, ejecutados durante los últimos 20 años. Queríamos evaluar su productividad y dependencia de los pesticidas.
En el conjunto de los proyectos, encontramos que los rendimientos aumentaron un promedio del 41 % durante períodos de 1 a 5 años después de la ejecución de los proyectos, mientras que el uso de pesticidas disminuyó un 69 %. Esto contradice la suposición convencional de que el uso de pesticidas y los rendimientos están correlacionados positivamente: cuando uno aumenta, también lo hace el otro. Nuestros resultados muestran lo contrario. La mayoría de los casos que evaluamos se situaron claramente en la sección superior izquierda del gráfico siguiente, donde disminuye el uso de pesticidas y aumenta el rendimiento.

Reducir los pesticidas parece dar resultado.
Pretty y Bharucha, autores; imagen proporcionada
La innovación más significativa ha sido la implementación de escuelas de campo para agricultores (ECA) para difundir el MIP. Estas escuelas al aire libre, que se rigen por principios de educación ecológica y aprendizaje basado en la experiencia, no solo enseñan a los agricultores nuevas tecnologías. También refuerzan los conocimientos ecológicos y las habilidades para resolver problemas, y enseñan a los agricultores a ejercer su poder político.
Se han creado ECA en 90 países y cuentan con un número enorme de egresados: 650.000 en Bangladesh, 930.000 en Vietnam y 1,5 millones en Indonesia. En todo el mundo, unos 20.000 egresados de ECA dirigen ahora escuelas para otros agricultores: pasaron de agricultores a formadores expertos.
El MIP en la práctica
En los 24 países y 85 proyectos que evaluamos, se emplearon diversos métodos para lograr estos resultados. En los arrozales de regadío del delta del Mekong, en Vietnam, los escarabajos depredadores son excelentes controladores de plagas, pero mueren cuando se fumiga. Las investigaciones demostraron que aplicar insecticidas durante los primeros 40 días del cultivo del arroz era contraproducente. Por ello, dos millones de agricultores adoptaron la regla de «no fumigar temprano», que ahorró dinero y redujo el uso de pesticidas en más de la mitad.
La mosca del melón es una de las mayores plagas de Bangladesh. En vez de fumigar sin más los campos de sandías, se crearon trampas sencillas de feromonas con un señuelo con olor a macho, colocado en un frasco o botella de plástico reciclado con una pequeña cantidad de insecticida. Los resultados fueron espectaculares: el rendimiento aumentó entre un 40 y un 130 % en un plazo de 2 años, mientras que el uso de insecticidas cayó de 15 fumigaciones por temporada a cero, lo que supuso un saludable aumento de los beneficios.
La manipulación ingeniosa del comportamiento también puede hacer que algunas zonas de cultivo resulten poco atractivas para las plagas. En Kenia, el diseño del sistema de empuje y atracción —vutu sukumu— consiste en que los agricultores mezclen maíz con legumbres y planten variedades de pasto en los bordes de los campos. Las sustancias químicas naturales que liberan las legumbres ahuyentan las plagas del maíz, mientras que las sustancias químicas naturales producidas por los bordes de pasto atraen a sus depredadores. Además, esta mezcla también suprime la invasora y parasitaria Striga, más conocida como hierba bruja.
¿Demasiado complicado?
A pesar de las pruebas, muchos siguen creyendo que el MIP es demasiado complejo para que los agricultores lo entiendan, y el apoyo explícito de las políticas nacionales ha sido relativamente infrecuente. En los últimos 20 años, los únicos países donde se han registrado descensos significativos en el uso de pesticidas son
el Reino Unido (un 44 % menos), Francia (un 38 % menos), Japón (un 32 % menos) y Vietnam (un 24 % menos).
Algunos fabricantes de pesticidas incluso se han apropiado del modelo de ECA para promover un mayor uso de sus productos. Hay buenas razones para esa resistencia: en algunos países se han desplomado los mercados locales de pesticidas, como en Java Oriental, Indonesia.
El MIP tiene un potencial extraordinario, pero el trabajo nunca termina, por lo que la inversión en investigación y desarrollo debe continuar a largo plazo. Las condiciones ecológicas y económicas cambian; el clima también. Las plagas, las enfermedades y las malezas evolucionan, aparecen nuevas plagas y enfermedades (a menudo debido al uso excesivo de pesticidas), y las plagas y enfermedades se transportan con facilidad o llegan a nuevos lugares, a menudo donde no existen enemigos naturales.
En los últimos años hemos visto la aparición del enrollador de la hoja del banano en India y Nepal; la cochinilla invasora de la yuca en el sudeste asiático; el virus del mosaico del pepino en Bangladesh; el virus del rizado amarillo de la hoja del tomate en África Occidental; y el virus del mosaico de la yuca y el virus de la raya marrón en Uganda. Cada caso requiere una acción rápida y coordinada. Sin embargo, trabajar con los servicios de la naturaleza —en lugar de combatirlos— abre nuevas vías hacia el éxito.
Hemos demostrado que millones de pequeños agricultores de Asia y África pueden lograr reducciones sustanciales en el uso de pesticidas, junto con un aumento del rendimiento, mediante paquetes de MIP. Una menor dependencia de los pesticidas sintéticos aporta una serie de beneficios dentro y fuera de las explotaciones, entre ellos ahorros, mejoras en la salud pública y un mayor capital natural en las explotaciones y sus alrededores. Sin embargo, el MIP, al igual que otras formas de intensificación sostenible de la agricultura, es mucho más que un conjunto de tecnologías: exige muchos conocimientos, crea capital social y, por tanto, también contribuye a la sociedad.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Jules Pretty es vicerrector adjunto de la University of Essex y profesor de Medio Ambiente y Sociedad. Zareen Pervez Bharucha es investigadora sénior en el Departamento de Sociología de la University of Essex.
Imagen: Koos Mthimkhulu inspecciona su cultivo en su granja de Senekal, a unos 287 km (178 millas) en el Estado Libre Oriental. Reuters.
