¿Pueden los clásicos literarios enseñar liderazgo?

¿Pueden los clásicos literarios enseñar liderazgo?
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Sin duda, la literatura clásica es una fuente de conocimiento e inspiración. Lo que a menudo me sorprende es lo relevantes y actuales que siguen siendo los clásicos antiguos, y lo mucho que aún pueden enseñar…también en materia de liderazgo.

Tras pasar mis años de adolescencia en Italia estudiando literatura griega y latina seis días a la semana, no es de extrañar que los clásicos antiguos hayan impregnado profundamente mi filosofía de vida. Y me complace comprobar siempre que todavía pueden hablarle al mundo.

Los días 24 y 25 de febrero, Italia acudirá a las urnas para elegir un nuevo gobierno. Esta votación llega en un momento muy crítico para un país sumido en una profunda recesión y con elevadas tasas de desempleo. Los dirigentes recién elegidos deberán demostrar un liderazgo valiente y planes ambiciosos para sacar al país de la crisis socioeconómica en la que se encuentra actualmente.

Una mirada retrospectiva a las raíces de la cultura italiana y al origen del sistema político italiano puede llevarnos a una época en la que la caza de votos y la ars oratoria de los líderes romanos giraban en torno a valores nobles, al fomento de la res publica (el bien común) y al pensamiento filosófico. No es que los romanos estuvieran exentos de juegos políticos, alianzas sutiles y complots secretos, pero la historia del pensamiento político latino está llena de eminentes políticos y filósofos, cuyo pensamiento y cuyos escritos todavía pueden ofrecer una profunda inspiración a la clase política italiana actual.

Marco Tulio Cicerón es, a mi juicio, el líder de pensamiento que más ha contribuido a la formación del pensamiento político latino, y el autor cuyas obras y declaraciones los políticos italianos deberían recordar con más frecuencia. Estos son cinco consejos de liderazgo al estilo de Cicerón, que personalmente considero muy actuales y convincentes:

1. Cumplir las promesas.

«Un consejo se juzga por sus resultados, no por sus intenciones».

Seamos realistas: en un país donde las legislaturas tienen una duración media de tres años y 10 meses —en lugar de los cinco años estatutarios que establece la ley constitucional—, incluso el político más entusiasta tendrá dificultades para poner en marcha cualquier acción programática en un plazo tan corto. Aun así, es probable que los italianos hayan alcanzado uno de los niveles más bajos de confianza en sus relaciones con las autoridades, y en esta etapa incluso el cumplimiento de la promesa más pequeña resulta crucial para restablecer la relación entre el Estado y el electorado.

2. Devolver el valor social a las personas.

«El bienestar del pueblo es la ley suprema – Salus populi est suprema lex».

En un momento en que se recortan los gastos públicos, cada euro gastado como dinero público debe generar un valor real para las personas y las comunidades. El reciente préstamo estatal de 3.900 millones de euros concedido a Banca Monte dei Paschi di Siena ha aumentado visiblemente el descontento entre los contribuyentes, que están cansándose de la tendencia de la última década a una asignación subóptima de sus aportaciones fiscales.

3. Hablar y liderar con autoridad.

«Nadie puede hablar bien si no comprende a fondo su tema – Dicere enim bene nemo potest, nisi qui prudenter intelligit».

Seis millones de italianos leen periódicos en línea a diario. No es una cifra destacada en comparación con otros países, pero ha aumentado considerablemente en los últimos años, sobre todo gracias a la creciente penetración de las tecnologías móviles en el país. La población italiana está, por tanto, cada vez más informada, mejor preparada y políticamente comprometida. Para obtener el respaldo de un electorado más sofisticado, una buena ars oratoria no basta si no está respaldada por hechos concretos, estadísticas fiables, experiencia creíble y un conocimiento preciso de los temas en cuestión. Como ocurre a veces en los mercados laborales, un perfil generalista no siempre recibe necesariamente una recompensa superior.

4. Gestionar la res publica de forma razonable.

«La razón debe dirigir y el apetito obedecer – Appetitus rationi oboediant».

Conviene recordar siempre que el propósito último de la política es administrar la polis, la comunidad de ciudadanos, gestionando el bien común, res publica. El poder de la política puede inducir fácilmente a la tentación a las personas, especialmente en un país donde, como dice el refrán, «ley aprobada, resquicio encontrado». Sin embargo, unos ciudadanos más informados e interconectados, junto con una sociedad civil vibrante y alerta en Italia, han hecho que la búsqueda de intereses propios por parte de los políticos, si no una práctica menos común, esté al menos más visiblemente sometida al juicio público. Hombre prevenido vale por dos.

5. Mantener una buena relación con el fisco.

«Los impuestos son los nervios del Estado – Vectigalia nervos esse rei publicae».

Se cree que más de 4 millones de hogares presentan declaraciones fiscales dudosas, por lo que la fiscalidad no es un tema preferido en el país. Aun así, décadas de impuestos impagados, una economía informal considerable y la falta de transparencia en el uso (y el mal uso) del dinero público han llevado a Italia a la situación actual: un país que necesita consolidar sus cuentas públicas mediante un aumento importante de los niveles impositivos y controles más estrictos. No es agradable, pero es necesario. Entre las expectativas depositadas en la clase política que forme la nueva legislatura figuran la reducción de la corrupción y la voluntad de dar ejemplo y de cumplir diligentemente con sus obligaciones ante las autoridades fiscales. En otras palabras: un problema compartido es un problema reducido a la mitad.

El latín se considera una lengua muerta, pero considero que las citas anteriores son declaraciones perennes sobre la ciudadanía virtuosa y el liderazgo político. Como suele ocurrir en la tierra de la moda y la historia, los clásicos nunca pasan de moda.

Autora: Silvia Magnoni es Community Manager sénior y Global Leadership Fellow del Foro Económico Mundial.

Imagen: Libros usados se ven en una estantería de una librería de Vancouver REUTERS/Andy Clark

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