¿Puede considerarse arte una película de 6 segundos?

¿Puede considerarse arte una película de 6 segundos?
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Si 2013 fue el año de las selfies, entonces 2014 es el año del cine ultrabreve. Hoy en día, la gente no solo ve películas en los cines o en sus salas de estar. En cambio, el término «películas» adquiere una nueva connotación, pues la gente las descarga y las consume mientras se desplaza: a pie o en el tren, a veces con apenas unos segundos disponibles, mientras el contenido pasa por sus redes de Facebook o Twitter en sus dispositivos móviles.

Esta nueva forma plantea muchas preguntas: ¿qué oportunidades creativas surgen de estas restricciones de tiempo y entornos móviles, y cómo cambian estas plataformas la manera en que financiamos, hacemos y vemos cine? ¿Se requieren nuevas sensibilidades creativas para que los cineastas creen películas ultrabreves verdaderamente extraordinarias? No estoy seguro de que la industria cinematográfica lo sepa todavía, pero ya hay grandes talentos, como Zach King, el mago de Vine, cuyas ilusiones de animación stop-motion llegan a millones de espectadores.

Sin embargo, existe cierta resistencia creativa a esta innovación y dudas sobre su valor como forma de arte. Después de todo, ¿qué se puede lograr creativamente en seis segundos? Parece un lapso de tiempo irrazonablemente breve para expresar algo importante y perdurable.

Seis segundos

Pero el límite de seis segundos de Vine no es definitivo. Los videos están diseñados para repetirse, para verse en bucle. Así que, aunque la película dure apenas seis segundos, un usuario puede ver ese bucle repetidamente diez o más veces antes de pasar a otra cosa.

La idea de un bucle infinito dentro de una película también es una característica novedosa del cine ultrabreve que lo distingue de otros formatos. A diferencia de otras películas, con principio, desarrollo y final, el formato ultrabreve suele estructurarse de modo que, al menos, su comienzo y su final sean indistinguibles. Nos hemos acostumbrado a las tramas no lineales en el cine, pero una narrativa circular quizá sea algo muy distinto. Tal vez la película de Christopher Nolan, Memento , nos acercó a ese mundo, pero no del todo.

Esta dimensión de bucle de las películas ultrabreves recuerda la forma en que nos entretenían los zoótropos de feria en la era precinematográfica: tambores cilíndricos que contienen tiras de imágenes y que, al girar, crean una sensación de movimiento cuando se miran a través de las estrechas ranuras laterales. El debate gira en torno a la brevedad de seis segundos. Algunos no creen que una obra así pueda ser creativa. A algunos les cuesta ver que una película tan corta pueda contar una historia. Pero centrarse en eso no tiene en cuenta que, cuando se trata del arte, el tiempo nunca es sencillo.

El tiempo artístico

Imagina que estuvieras en Madrid y fueras a ver el Guernica de Picasso. Quizá te quedarías frente a semejante pintura apenas diez segundos (¡avergüénzate si es así!). Pero el tiempo que realmente la contemplas no viene al caso. Probablemente también pensarías en la obra después de verla —y antes—. Algunas obras las olvidarías de inmediato; otras se te quedarían grabadas en la mente.

Así pues, aunque el formato de una película ultrabreve dure seis segundos, la experiencia del arte no puede quedar sujeta a una planificación tan rudimentaria. Puede permanecer con nosotros mucho más tiempo y abarcar un lapso considerablemente mayor que el que refleja enfocarse únicamente en su duración como producto. Por eso, debemos confiar en el espectador y centrarnos menos en la duración de la película.

Más allá del tiempo

El poder de la creatividad para influir en nosotros no está limitado por el tiempo. El arte siempre existe dentro de una economía temporal: las canciones de música pop duran alrededor de tres minutos y los largometrajes, alrededor de 100 minutos. Cuando una obra se aparta de estas normas, siempre se exige una razón. Queremos saber si hay algo especial en ella que justifique esta transgresión.

Esto ocurre particularmente en el caso de largometrajes o obras teatrales extraordinariamente largos. ¿Son tan innovadores desde el punto de vista creativo que exigen romper las convenciones de la experiencia de consumo? Esto podría decirse de El anillo del nibelungo de Wagner, que dura 15 horas si se representa íntegramente.

La producción de películas ultrabreves opera en el otro extremo de la escala, pero planteamos una pregunta similar. Estos clips nos recuerdan la importancia del tiempo en la creación artística y, aunque hay muchas películas ultrabreves aburridas, cada vez se produce más obra extraordinariamente creativa a través de este medio, incluido un resurgimiento de la animación stop-motion.

En un mundo de redes sociales y capacidad de atención limitada, la producción de películas ultrabreves podría convertirse en una dimensión aún más crucial de lo que se exige a los artistas para ser buenos cineastas. Como alternativa, este formato extremadamente corto podría despertar un nuevo deseo de que el arte trascienda las normas del cine convencional y reconfigure nuestras expectativas sobre este medio.

En cualquier caso, el crecimiento de las experiencias cinematográficas móviles apunta a que se producirán más películas de este tipo, al menos en el futuro previsible. Lo que ocurra después es imposible de saber. El tiempo lo dirá.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: El profesor Andy Miah ocupa la Cátedra de Comunicación Científica y Medios Digitales en la Facultad de Medio Ambiente y Ciencias de la Vida de la Universidad de Salford, Manchester.

Imagen: Un empresario sostiene su teléfono inteligente para tomar una foto. REUTERS.

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