Seré el primero en admitir que soy un chico de ciudad. Crecí en Seattle, donde mi principal experiencia agrícola de niño eran los agricultores que vendían frutas y verduras recién cosechadas en Pike Place Market.
Desde entonces he visitado muchas pequeñas granjas como parte de mi trabajo con la fundación. Pero nada me preparó para el lugar donde me encontré hace poco: en las zonas agrestes del interior de Australia, viendo a un ganadero inseminar artificialmente a una vaca.
Es un procedimiento bastante gráfico, por decirlo suavemente, pero me impresionó lo avanzada que era toda la tecnología del proceso en Wylarah Station (station es el término australiano para rancho). Australian Agricultural Company, o AACo, se apoya en la genómica de vanguardia para criar vacas wagyu, algunas de las reses más selectas del mundo.
AACo es uno de los principales expertos del mundo desarrollado en producción de ganado tropical. Aunque utiliza la innovación para criar ganado vacuno de mayor calidad que puede vender a buen precio, a mí me interesaba más aprender cómo sus métodos podrían ayudar a los agricultores de países de bajos ingresos con climas similares.
Los agricultores de toda el África subsahariana ya crían ganado vacuno y lechero en grandes cantidades. Etiopía, Sudán y Tanzania figuran entre los 15 principales países productores de ganado del mundo. Aunque existen preguntas legítimas sobre si el mundo puede satisfacer su apetito por los productos de origen animal sin destruir el medioambiente, lo cierto es que muchas personas pobres dependen del ganado tanto para su nutrición como para sus ingresos. Creo que deberían poder criar ganado con la misma eficiencia que los agricultores de los países ricos.
Tengo la esperanza de que la tecnología pueda mejorar la calidad del ganado africano. Una vaca lechera típica de Estados Unidos produce casi 30 litros de leche al día. Compárese con una vaca promedio de Etiopía, que produce apenas 1,69 litros de leche al día. Si se quiere aumentar la producción de leche, no basta con llevar una vaca Holstein de alto rendimiento de Wisconsin a la sabana tropical. A diferencia de las razas autóctonas, el ganado de clima templado no tiene resistencia natural a las enfermedades tropicales —como la tripanosomiasis, o enfermedad del sueño— y le cuesta obtener suficiente nutrición de los alimentos locales.
En cambio, se podría criar ganado que prospere en el clima local. Eso significa recurrir a la inseminación artificial —como el proceso que utilizan en Wylarah Station— para cruzar una vaca autóctona (con su resistencia natural al calor y a las enfermedades tropicales) con un toro de una línea genética que produzca mucha leche.
Nuestra fundación ya está trabajando en ello, pero la tecnología de AACo podría hacer que el proceso fuera mucho más preciso que hoy. Una de las cosas que más me sorprendió durante mi visita fue cuánto saben sobre la ascendencia de su ganado. Los animales de su rancho tienen una historia familiar más detallada que la mayoría de las personas. Si los agricultores de África contaran con el mismo nivel de conocimiento, podrían elegir cuidadosamente a los mejores progenitores y criar un ternero mejor. Pero eso nos lleva a otro problema.
Como no disponen de almacenamiento adecuado, la mayoría de los agricultores africanos dependen de estaciones de inseminación artificial (sí, así se llaman realmente) para obtener muestras de semen. Según lo lejos que viva un agricultor de una estación, a veces la muestra puede calentarse demasiado y, en la práctica, morir antes de llegar. Muchos agricultores deciden no correr el riesgo. En su lugar, preñan a sus vacas a la antigua usanza, lo que dificulta controlar la integridad genética y puede dar lugar a terneros menos resistentes o que produzcan menos leche.
AACo está estudiando métodos para prolongar la viabilidad de las muestras de semen. En Europa ya se utiliza una tecnología similar para mejorar la tasa de éxito de la fecundación, pero aún no se ha probado con ganado tropical. Si da resultado, podría duplicar el tiempo que una muestra puede sobrevivir fuera del almacenamiento y facilitar que más agricultores de toda África recurran a la inseminación artificial.
Toda la operación distaba mucho de las películas de vaqueros de John Wayne que veía de niño.
Además de la cría, Wylarah Station utiliza tecnología para garantizar que sus rebaños reciban una nutrición adecuada. Me sorprendió ver a los trabajadores del rancho usar relojes inteligentes para controlar cuánto beben las vacas.
Antes, alguien tenía que inspeccionar manualmente todos los abrevaderos repartidos por el rancho, recorriendo cientos de kilómetros cada día. Ahora reciben una notificación en el reloj cuando un sensor detecta que un depósito requiere atención. Toda la operación distaba mucho de las películas de vaqueros de John Wayne que veía de niño.
No todos los enfoques innovadores de AACo podrían funcionar en los países pobres. Es poco probable que todos los agricultores de África lleven un reloj inteligente dentro de poco (si es que llegan a hacerlo). Pero, a medida que sigue creciendo el uso de teléfonos inteligentes en todo el continente, es fácil imaginar un futuro en el que los africanos puedan usar una aplicación para pedir el ADN del toro perfecto o asegurarse de que su ganado come lo suficiente; eso es lo que promueve iCow, una empresa africana de TIC, en Kenia, Etiopía y Tanzania con ayuda de nuestra fundación.
Hay mucho que podemos aprender de Wylarah Ranch sobre cómo criar ganado de manera más eficiente, pero no puedo pasar por alto la gran pregunta: ¿deberíamos depender de los animales para alimentarnos? Comer demasiada carne contribuye a mayores niveles de obesidad y enfermedades cardíacas, y la cría de animales contribuye al cambio climático. Por eso he invertido en empresas que trabajan en sustitutos de la carne, que algún día podrían eliminar por completo la necesidad de criar y sacrificar animales.
Aunque quizá sea posible conseguir que la gente de los países más ricos coma menos, no podemos esperar que la gente de los países de bajos ingresos haga lo mismo. Cuando me hice vegetariano durante un año, a finales de mis veintitantos, lo único que tenía que hacer para obtener mi ración diaria de proteínas era comprar una lata de frijoles o un envase de tofu en el supermercado. Para las familias de comunidades pobres no es tan fácil obtener la nutrición que necesitan.
Para ellas, la carne y los lácteos son una gran fuente de proteínas de alta calidad que ayudan a los niños a desarrollarse plenamente, tanto mental como físicamente. Apenas 20 gramos de proteína animal al día pueden combatir la malnutrición; por eso, la estrategia de nutrición de nuestra fundación busca incluir más carne, lácteos y huevos en la alimentación de los niños de África. El ganado también es un importante motor económico en algunas zonas de África. Solo en Etiopía, el ganado representa el 45 % del PIB agrícola. Además, el ganado puede contribuir a los ecosistemas al estimular el crecimiento de los pastos, mejorar la biodiversidad y reciclar energía y nutrientes.
A medida que más personas de países pobres se incorporen a la clase media, probablemente comerán más carne de vacuno y beberán más leche. Pero podemos mitigar el impacto ambiental de ese crecimiento aumentando la producción de las vacas que ya tienen. Los vaqueros de Wylarah Ranch han dominado el arte de criar ganado tropical. Todavía no sé cómo pueden aprovechar los agricultores africanos sus conocimientos —nuestra fundación apenas empieza a estudiarlo—, pero me entusiasman las posibilidades.
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