¿Existen obstáculos culturales para la democratización?

¿Existen obstáculos culturales para la democratización?
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En las últimas décadas se han producido grandes avances de la democracia en todo el mundo. Según Freedom House (1999), en 1900 no había en el mundo ni una sola democracia liberal con sufragio universal. Para el año 2000, 120 de las 192 naciones del mundo eran democracias liberales. La principal explicación de la democratización en las ciencias sociales es la «hipótesis de la modernización» (Lipset, 1959), según la cual los países se vuelven democráticos a medida que aumenta su ingreso per cápita. Gran parte de la bibliografía sobre los determinantes de la democracia se centra en si el crecimiento del ingreso per cápita conduce a la democracia y de qué manera. Si la teoría de la modernización es correcta, deberíamos esperar, por ejemplo, que China se vuelva democrática a medida que se enriquezca.

Acción colectiva en culturas individualistas y colectivistas

Sorprendentemente, la bibliografía sobre democratización no aborda los efectos de los valores culturales en los regímenes políticos. En Gorodnichenko y Roland (2015), presentamos una teoría y evidencia empírica sobre el papel de la cultura en la democratización. Los valores culturales influyen en la dirección del cambio institucional que se aleja de la autocracia cuando se abre una oportunidad para la acción colectiva (una revolución o una revuelta de las élites). Estos episodios de acción colectiva no conducen necesariamente a la democracia, aun cuando tienen éxito, sino que pueden dar lugar a otro régimen autocrático. Comparamos las decisiones de acción colectiva en una cultura individualista, que recompensa con estatus social la distinción y la innovación, y en una cultura colectivista, que hace hincapié en la conformidad y la integración en grandes grupos (tribus, clanes).

  • La cultura individualista suele generar una demanda de democracia, ya que la libertad individual es fundamental para la realización personal. La igualdad ante la ley y el gobierno limitado que ofrece la democracia ayudan a proteger la libertad individual.

  • En cambio, la cultura colectivista pone más énfasis en la necesidad de un gobernante benevolente que genere estabilidad entre los distintos clanes y grupos. Se hace más hincapié en la jerarquía y el orden, y la libertad puede percibirse como una amenaza para la estabilidad.

Debido a estas diferencias culturales, cuando se abre una oportunidad para la acción colectiva en una sociedad individualista, por infrecuente que sea, siempre habrá una revuelta contra la autocracia, independientemente de la calidad de esta, y conducirá a la democracia. En cambio, en una sociedad colectivista las revueltas contra los autócratas benevolentes serán menos frecuentes. Por tanto, las oportunidades para la acción colectiva conducirán a la democracia o al establecimiento de una autocracia de mayor calidad. Así, las sociedades colectivistas pueden quedar «atascadas» bajo una autocracia de calidad relativamente alta. A largo plazo, las sociedades individualistas acabarán teniendo un régimen democrático, mientras que las colectivistas acabarán teniendo democracia o una autocracia de alta calidad. Esto implica que las sociedades individualistas acabarán teniendo regímenes democráticos con mayor frecuencia que las colectivistas, incluso si la acción colectiva ocurre menos a menudo que en las sociedades colectivistas, que quizá tengan mayor capacidad para coordinarla.

Los países más individualistas se democratizaron antes

Hay evidencia empírica que respalda estas predicciones. La figura 1 muestra la correlación entre el índice de individualismo de Hofstede (los países con una puntuación alta son más individualistas y los que tienen una baja son más colectivistas) y la puntuación media de Polity IV —una de las medidas de democracia más conocidas— para los países durante el periodo comprendido entre 1980 y 2008. Este periodo abarca la tercera ola de democratización (Huntington, 1991) y, por tanto, presenta una variación considerable. Los países con una puntuación media más baja en Polity se democratizaron más tarde, no lo hicieron en absoluto o lo hicieron de forma imperfecta. El índice de individualismo de Hofstede (2001) se utiliza ampliamente en sociología y psicología intercultural, y cada vez más en economía. Como se observa en la figura 1, existe una fuerte correlación entre el individualismo y el índice medio de Polity.

Figura 1. Individualismo y democracia

150514-individualismo y democracia gráfico de VoxEU

El individualismo puede influir en la democracia, pero también podría ocurrir lo contrario: quienes viven más tiempo bajo la democracia podrían volverse más individualistas. Para medir correctamente el efecto del individualismo en la democracia, necesitamos una buena variable instrumental, es decir, una variable que esté correlacionada con el individualismo, pero no con la democracia. La principal variable instrumental que utilizamos se basa en datos epidemiológicos recopilados por Murray y Schaller (2010) sobre la prevalencia histórica de patógenos.1 Estos datos históricos son muy importantes porque permiten hacerse una buena idea del entorno de patógenos al que se enfrentaban las poblaciones en el pasado, incluso en un pasado muy remoto. Estos estudios mostraron una fuerte correlación entre la prevalencia histórica de patógenos y el colectivismo. Se entiende el colectivismo como un mecanismo de defensa creado para hacer frente a una mayor prevalencia de patógenos. Una prevalencia más alta de patógenos impulsó a las comunidades a adoptar valores más colectivistas, que enfatizan la tradición, imponen límites más estrictos a la conducta individual y muestran menos apertura hacia los extranjeros. Evidentemente, la prevalencia histórica de patógenos es solo una de las posibles razones por las que se adopta el colectivismo. No obstante, es una buena variable instrumental. Es improbable que la prevalencia histórica de patógenos tenga un efecto directo en la elección del régimen político. En efecto, no se puede afirmar que la autocracia sea más eficaz que la democracia —o viceversa— para hacer frente a la prevalencia de patógenos. La autocracia adolece de falta de transparencia, como se vio en China hace unos años durante la epidemia de SARS, y no es necesariamente más eficaz para afrontar una catástrofe humanitaria, como ocurrió con la gestión catastrófica de las inundaciones masivas causadas por el ciclón Nargis en Myanmar en 2008. Del mismo modo, la democracia puede tener o no dificultades para responder con rapidez a una gran epidemia que afecte a la salud pública.

Como segunda variable instrumental, utilizamos la distancia euclidiana entre la frecuencia de los grupos sanguíneos A y B en un país determinado y la frecuencia de esos grupos sanguíneos en Estados Unidos, que es el país más individualista. Se trata de una medida de distancia genética. En la medida en que la cultura se transmite principalmente de padres a hijos (véanse, por ejemplo, Fernández y Fogli, 2009, y los modelos de Bisin y Verdier, 2000), lo mismo ocurre con los genes. Así, esta variable instrumental puede considerarse una medida indirecta de la transmisión cultural. Para mayor claridad, no postulamos una relación causal directa entre los genes (en este caso, los grupos sanguíneos) y la cultura. Cabe señalar también que los grupos sanguíneos son marcadores genéticos neutros que no afectan al comportamiento humano. Por tanto, es improbable que influyan en la elección de los regímenes políticos.

  • Al utilizar estas variables instrumentales conjuntamente o por separado, encontramos que el efecto del individualismo en la democracia es sólidamente significativo, tanto desde el punto de vista estadístico como económico: un aumento de una desviación estándar en la puntuación de individualismo puede elevar la puntuación de Polity IV en 4-6 puntos.

La magnitud del efecto estimado sigue siendo grande incluso después de controlar las variables utilizadas en la bibliografía sobre la democracia. En concreto, encontramos que el individualismo sigue siendo un determinante importante de la democratización tras controlar el ingreso per cápita. Por tanto, podemos demostrar que el individualismo tiene un efecto directo significativo en la democracia.

En Gorodnichenko y Roland (2010a, b), documentamos que los países con una cultura más individualista tienen más innovación y un mayor crecimiento a largo plazo, controlando las variables habituales utilizadas en la bibliografía sobre crecimiento, como las instituciones y la educación. Por tanto, nuestra investigación muestra que las culturas individualistas pueden influir tanto en el ingreso per cápita como en la democracia.

Observaciones finales

Nuestros resultados teóricos y empíricos tienen importantes implicaciones. En particular, a medida que los países con culturas colectivistas se desarrollen económicamente, no necesariamente evolucionarán hacia la democracia, o podrían hacerlo más lentamente, y posiblemente solo bajo el efecto de una crisis excepcional. Países como China, Vietnam o Singapur, que han experimentado un éxito económico considerable en las últimas décadas, no han adoptado democracias de estilo occidental. Del mismo modo, países que han vivido un proceso genuino de democratización, como Taiwán, Tailandia, Indonesia y Corea, lo han hecho hace relativamente poco, y sus puntuaciones medias de Polity en los últimos 30 años no han superado las de Guatemala, Panamá o Perú. En general, los países de Oriente Medio tienen puntuaciones de individualismo más altas que muchos países asiáticos. A largo plazo, si nuestro análisis es correcto, podrían acabar siendo más democráticos, pese a la mayor tendencia autoritaria observada en el pasado en los países islámicos.

Referencias

Bisin, A., y T. Verdier (2000), «Más allá del crisol: transmisión cultural, matrimonio y evolución de los rasgos étnicos y religiosos», Quarterly Journal of Economics 115, 955-988.

Fernández, R., y A. Fogli (2009), «Cultura: una investigación empírica sobre creencias, trabajo y fecundidad», American Economic Journal: Macroeconomics 1(1), 146-177.

Gorodnichenko, Y., y G. Roland (2010a), «Culture, Institutions and the Wealth of Nations», documento de debate CEPR 8013.

Gorodnichenko, Y., y G. Roland (2010b), «Does culture affect long-run growth?», VoxEU.org, 21 de septiembre.

Gorodnichenko, Y., y G. Roland (2015), «Culture, Institutions and Democratization», documento de debate CEPR 10563.

Hofstede, G. (2001), Culture’s Consequences: Comparing Values, Behaviors, and Organizations Across Nations, segunda edición, Sage Publications.

Huntington, S. (1991), The Third Wave: Democratization in the Late Twentieth Century, University of Oklahoma Press.

Lipset, S. M. (1959), «Algunos requisitos sociales de la democracia: desarrollo económico y legitimidad política», American Political Science Review 53, 69-105.

Murray, D. R., y M. Schaller (2010), «Prevalencia histórica de enfermedades infecciosas en 230 regiones geopolíticas: una herramienta para investigar los orígenes de la cultura», Journal of Cross-Cultural Psychology 41, 99-108.

Nota al pie

1 El estudio utiliza 9 patógenos: leishmanias, tripanosomas, malaria, esquistosomas, filarias, dengue, tifus, lepra y tuberculosis.

Este artículo se publica en colaboración con VoxEU. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Yuriy Gorodnichenko es profesor asociado del Departamento de Economía de la Universidad de California en Berkeley. Gérard Roland se incorporó al departamento de Economía de Berkeley como profesor en 2001.

Imagen: Peatones caminan dentro de una estación de tren en Tokio el 14 de noviembre de 2006. REUTERS/Yuriko Nakao.

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