Los terroristas han atacado sin descanso a artistas y a la cultura. Las oficinas de Charlie Hebdo y ahora la sala de conciertos Bataclan en París, el museo del Bardo en Túnez, el museo de Mosul y la biblioteca pública central en Irak, el Centro Cultural Francés en Kabul, Afganistán, y sitios arqueológicos y patrimoniales como la antigua ciudad de Palmira en Siria se cuentan entre los numerosos objetivos culturales del extremismo violento solo en los últimos 12 meses. Incluso hemos presenciado ya un ataque en un estadio de fútbol.
Todos estos son lugares donde creamos y damos forma a la cultura, donde compartimos experiencias de forma colectiva, donde incluso podríamos sentir asombro y sentirnos parte de algo más grande que nosotros mismos. Al atacar estos lugares, los terroristas buscan anular esos valores y borrar nuestra historia común.
Los atentados terroristas, como los que acabamos de presenciar en París, tienen un doble efecto sobre la cultura. No solo se atacan literalmente estos espacios, sino que, para proteger a sus ciudadanos, el gobierno, en estado de emergencia, cierra temporalmente sus bibliotecas públicas, espacios culturales y monumentos turísticos.
Tras los actos terroristas, artistas y comunidades suelen unirse para crear obras que expresan solidaridad y dolor, y que nos permiten reflexionar aún más sobre lo indecible. El Tribute in Light in New York tras el 11-S, por ejemplo, se convirtió en uno de los símbolos de la respuesta de la ciudad, mientras que innumerables obras artísticas toman tales eventos y sus consecuencias como telón de fondo.
Estas obras son políticas en el sentido de que representan un compromiso con la realidad. Y, como público y ciudadanos, nada puede hablar más alto ni ser un acto más político que reunirnos ahora en salas de conciertos, museos, lugares de patrimonio compartido y otros espacios donde celebramos nuestra humanidad y diversidad.
Mientras que las artes y la cultura se ven cada vez más presionadas para demostrar su relevancia económica, quizá nunca haya habido un momento más importante para apoyarlas en su capacidad de dar forma a nuestras aspiraciones y valores colectivos.
Entendamos las artes y la cultura como un bien público, esencial para el desarrollo de sociedades fuertes y democráticas, y como un pilar fundamental para contrarrestar el extremismo.
El gráfico siguiente procede de un artículo de Art News que muestra el alcance de la destrucción cultural del EI (ISIS).
Autor: Nico Daswani, director asociado, Arts & Culture para el Equipo de Desarrollo de Programas, Foro Económico Mundial
Imagen: Egipcios encienden velas mientras las banderas francesa y egipcia, y los colores nacionales de Francia, azul, blanco y rojo, se proyectan sobre una de las pirámides de Giza, en homenaje a las víctimas de los atentados de París, en las afueras de El Cairo, Egipto, 15 de noviembre de 2015. Las palabras de la pirámide dicen: “Solidaridad con Francia”. REUTERS/Amr Abdallah Dalsh

