La industria agropecuaria está bien posicionada para hacer una contribución significativa a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Una enorme oportunidad de inversión verde impulsará la innovación al desbloquear soluciones de financiamiento del carbono.
La economía del carbono en la agricultura puede crecer rápidamente y favorecer la colaboración intersectorial para cumplir los objetivos internacionales de cambio climático
El carbono ya no es un pasivo, es un activo. Aunque pueda sonar contraintuitivo, este cambio de mentalidad es una forma realista de generar cambios positivos en torno a las emisiones.
La agricultura puede liderar este cambio. Nuestro recorrido como industria nos ha llevado a una encrucijada interesante pero difícil. Para 2050, deberemos alimentar a otros 2.000 millones de personas, pero no podemos hacerlo utilizando más tierra y permitiendo que las emisiones aumenten; esto supondría resolver un problema agravando otro. Al fin y al cabo, la producción de alimentos, liderada por las industrias agrícola y ganadera, ya es responsable de al menos una cuarta parte de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero del mundo. Es una gran preocupación y hay mucha presión, pero esta encrucijada nos presenta una oportunidad.
La solución radica en repensar la relación de los agricultores con el carbono. Si bien ya hay muchas medidas que un agricultor puede tomar para reducir las emisiones de su explotación, este esfuerzo tiene un costo. En un negocio donde unas pocas semanas de mal tiempo pueden marcar la diferencia entre la rentabilidad y una pérdida significativa, los gastos adicionales necesarios para impulsar la sostenibilidad suelen quedar en el apartado de «algo deseable». Aquí es donde la agricultura está madura para un cambio de enfoque.
Estos costos adicionales existen en herramientas, tecnologías y conocimientos que ya tenemos como industria, pero muchos aún no se han convertido en un paquete completo y utilizable. Si bien la innovación industrial ha abierto la puerta para que los agricultores aprovechen los avances incrementales en sostenibilidad, debemos ayudar a que sea fácil y rentable para ellos, como parte de un paquete que genere un impacto climático positivo. Para simplificar en exceso un asunto complejo: la economía de la sostenibilidad simplemente no ha resultado atractiva para los agricultores, y como industria no hemos hecho lo suficiente para que valga la pena el esfuerzo; eso termina ahora.
Viabilidad económica
El papel de la compensación de carbono es clave para abordar las emisiones residuales que no pueden reducirse ni eliminarse directamente, y nuestros suelos ofrecen una oportunidad significativa para satisfacer la demanda de créditos de carbono verificables que respaldan las soluciones basadas en la naturaleza. En esta década de acción, es más importante que nunca desbloquear la financiación de carbono a gran escala para soluciones climáticas naturales mediante mecanismos del mercado de carbono.
La economía cuadra, y el valor potencial no deja de crecer. Según el Grupo de Trabajo sobre el Escalamiento de los Mercados Voluntarios de Carbono, el mercado mundial de compensaciones de carbono podría crecer hasta 100 veces en los próximos 30 años. En 2005, la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos valoró los mercados mundiales agregados de carbono en US$10.000 millones – para 2008, ese valor se disparó hasta US$126.000 millones.
En 2020, Mark Carney (exgobernador del Banco de Inglaterra) pidió un mercado mundial anual de compensaciones de carbono de entre US$50.000 y US$100.000 millones, afirmando en un comunicado de prensa reciente: “Este [mercado de carbono] representa una enorme oportunidad de inversión verde, que puede generar grandes flujos de capital privado de las economías avanzadas a las economías en desarrollo, y ayudar a financiar proyectos que van desde soluciones basadas en la naturaleza hasta soluciones tecnológicas como la captura y el almacenamiento de carbono.”
Alcanzar las emisiones netas cero
Más allá de los sólidos incentivos económicos, este enfoque ofrece otros beneficios. La creación de un ecosistema de carbono brindará la oportunidad de asociarse con gobiernos y ONG para alcanzar metas ambientales fundamentales, en particular la capacidad de cumplir con los objetivos del Acuerdo de París y los compromisos de cero emisiones netas.
Quizás la parte más emocionante de este cambio es que puede hacerse muy rápidamente. Mientras que una transición energética probablemente aún esté a décadas de distancia, la formación de una economía del carbono en la agricultura puede ocurrir en los próximos dos años. Suena ambicioso, pero este plazo breve es posible, y la velocidad con la que ocurra dependerá de la adhesión de la industria a este nuevo enfoque. Lo que está en juego es inmenso, y transformar la manera en que la agricultura gestiona el carbono requiere escalar rápidamente si queremos materializar su potencial. Este esfuerzo exige colaboración y un nuevo sentido de asociación entre industrias y en toda la cadena de valor agroalimentaria mundial.
El cambio mediante la colaboración
En Nutrien, estamos llevando esta idea a la práctica mediante el piloto de un nuevo programa integral de carbono (véase la infografía a continuación). Tenemos la suerte de poder aprovechar nuestras relaciones directas con los agricultores para impulsar cambios positivos, y muchos de nuestros pares trabajan para hacer lo mismo. Como defensor de este cambio, sigo instando a otros líderes de la agricultura, a las empresas de todos los sectores y a los gobiernos, y desafiando a todos a unirse para fortalecer los sistemas y las políticas necesarios para posicionar a la agricultura como líder en soluciones climáticas naturales. El mundo necesita un mercado de carbono alineado que permita a los agricultores aprovechar verdaderamente esta oportunidad.
La buena noticia es que esta colaboración ya ha comenzado. Irónicamente, nos unió algo que en gran medida nos ha separado. La COVID-19 ha generado una necesidad urgente de trabajar directamente con pares, gobiernos y la sociedad civil para garantizar la seguridad alimentaria continua en un mundo hambriento y aislado. Tenemos la oportunidad de continuar esta cooperación sin precedentes y de orientar nuestro enfoque hacia una recuperación sostenible y resiliente que aproveche soluciones innovadoras.

