Aproximadamente el 15 % de los estadounidenses afirma tener algún tipo de dificultad auditiva; los problemas para entender conversaciones en entornos ruidosos son una de las quejas más frecuentes. Por desgracia, los médicos y audiólogos no pueden hacer mucho. Los audífonos pueden amplificar los sonidos para los oídos que no logran captar bien ciertos sonidos, pero no distinguen entre la voz de un amigo en una fiesta y la música de fondo. El problema no es solo tecnológico, sino que también tiene que ver con el cableado del cerebro.
La mayoría de las personas que usan audífonos dicen que, incluso con ellos, siguen teniendo dificultades para comunicarse en entornos ruidosos. Como neurocientífico que estudia la percepción del habla, este tema ocupa un lugar destacado en gran parte de mi propia investigación y en la de muchos otros. El problema no es que no puedan oír los sonidos, sino que sus cerebros no logran distinguir la conversación del murmullo de fondo.
Los neurocientíficos de Harvard Dan Polley y Jonathon Whitton quizá hayan encontrado una solución al aprovechar la extraordinaria capacidad del cerebro para aprender y cambiar por sí mismo. Han descubierto que quizá sea posible que el cerebro vuelva a aprender a distinguir entre el habla y el ruido. Y la clave para aprender esa habilidad podría ser un videojuego.
El cerebro auditivo
Las personas que usan audífonos suelen sentirse frustradas por cómo funcionan estos en situaciones ruidosas; esta es una de las principales razones por las que muchas personas con pérdida auditiva no usan audífonos, aunque los tengan. Las personas con pérdida auditiva sin tratar —incluidas aquellas que no usan sus audífonos— corren un mayor riesgo de sufrir aislamiento social, depresión e incluso demencia.
Para muchas personas con dificultades auditivas, el problema no está en los oídos, sino en el cerebro. En los entornos cotidianos, las ondas sonoras que emite cada objeto a tu alrededor se mezclan antes de llegar al oído. Entonces, el cerebro debe clasificar qué partes del sonido corresponden a cada fuente del entorno y agruparlas correctamente, ignorando algunas —como el zumbido del refrigerador— y concentrándose en otras, como un familiar que llama desde la habitación contigua.
Esta capacidad para distinguir, procesar y comprender los sonidos es una de las primeras en deteriorarse con la pérdida auditiva debida al envejecimiento normal, o a causa de trastornos neurológicos como el TDA/TDAH, el autismo y la dislexia. Es un proceso tan complejo que desde hace décadas, neurocientíficos especializados en audición como yo intentamos entender cómo lo hace el cerebro y cómo podemos ayudar a las personas que tienen dificultades para oír en entornos ruidosos.

Los videojuegos al rescate
En su nuevo estudio, Polley, Whitton y sus colegas crearon un videojuego para entrenar el cerebro de los jugadores a distinguir mejor los sonidos. Los jugadores recorren con los dedos la pantalla en blanco de una tableta para tratar de identificar los bordes de una forma oculta. A través de auriculares, reciben información auditiva continua sobre su desempeño: los auriculares reproducen sonidos parcialmente ocultos por el ruido de fondo. Funciona un poco como el juego infantil de «frío o caliente»: la única manera de encontrar los bordes de la forma es escuchar con atención los sonidos y notar cómo cambian al mover el dedo. A medida que el jugador mejora, el ruido de fondo aumenta y el juego se vuelve más difícil.
Para determinar si este videojuego podía ayudar a las personas en su vida cotidiana, los investigadores reclutaron a 24 adultos mayores con pérdida auditiva. La mitad de los participantes jugó al videojuego de entrenamiento auditivo. Los otros 12 jugaron a un juego igual de difícil en el que oían frases sin sentido (como «Listos, Barron, ahora ve al cuatro verde») entre ruido de fondo. Tenían que recordar y luego identificar qué palabras habían oído en las frases. Cabe destacar que esta tarea de memoria ponía a prueba la audición, pero difería del entrenamiento con el videojuego porque no evaluaba la capacidad de distinguir diferencias sutiles entre sonidos.
Tras ocho semanas de entrenamiento con sus respectivos juegos, con varias sesiones semanales en casa usando una tableta, el grupo que había realizado la tarea de memoria no mejoró en distinguir el habla del ruido de fondo. En cambio, quienes jugaron al videojuego auditivo lograron entender un 25 % más de palabras y frases entre el ruido de fondo, un beneficio aproximadamente tres veces mayor que el de usar solo sus audífonos. Esto resultó especialmente sorprendente porque el grupo del videojuego mejoró la comprensión del habla, aunque su entrenamiento solo incluyó sonidos no verbales.
Retroalimentación inmediata
En conversaciones y entrevistas, Polley admite que no sabe exactamente por qué funciona el juego, pero sospecha que la clave está en su estructura: el cerebro puede predecir cómo cambiará el sonido del videojuego con cada movimiento del dedo y recibe de inmediato información sobre lo que realmente ocurrió.
Este es el mismo tipo de retroalimentación que reciben las personas al practicar deportes o tocar un instrumento musical. Por ejemplo, una violinista anticipa la siguiente nota de una pieza, coloca el dedo en el lugar apropiado del mástil del violín y escucha el sonido de la nota resultante y cómo encaja con los demás instrumentos de la orquesta. Si necesita ajustar la afinación, casi de inmediato mueve el dedo al lugar correcto. Y debe hacer todo esto mientras ignora sonidos superfluos, como la otra melodía de la sección de maderas o el redoble de timbales.
Hay indicios de que los períodos de entrenamiento musical intenso, especialmente durante la infancia, pueden generar beneficios que se extienden a la comunicación cotidiana. Por ejemplo, en mi trabajo anterior examiné la idea de que los músicos suelen obtener mejores resultados que las personas que no son músicos en pruebas de comprensión del habla entre ruido de fondo, y de que el cerebro de los músicos podría procesar los sonidos del habla con más precisión que el de quienes no son músicos.
Pero, al igual que con el entrenamiento musical, parece que la práctica es necesaria para mantener la capacidad de entender el habla entre el ruido de fondo. Dos meses después de que terminó el entrenamiento con el videojuego, los investigadores volvieron a evaluar la capacidad de los participantes para entender el habla y descubrieron que los beneficios del videojuego habían desaparecido.
Un futuro en el que oiremos mejor
A pesar de los misterios que aún rodean la manera exacta en que este videojuego basado en sonidos puede mejorar la percepción del habla, este resultado preliminar abre posibilidades alentadoras para futuras terapias clínicas. También ofrece a científicos como yo más información sobre cómo el cerebro aprende nuevas habilidades perceptivas, al demostrar que incluso un entrenamiento breve puede tener un efecto considerable en la capacidad de distinguir el habla del ruido de fondo.
Aún queda por saber qué cambios cerebrales subyacen a estas mejoras de conducta. En mi propia investigación, intento responder a esa pregunta examinando el cerebro de personas que han seguido distintos tipos de entrenamiento, observando cómo procesa el sonido y comparándolo con el de personas que no han recibido entrenamiento. Esperamos aprender más sobre cómo cambia el cerebro en respuesta al entrenamiento y cómo se relaciona esto con las capacidades perceptivas de las personas.
Así que, aunque las personas deberían ser cautelosas ante las afirmaciones sobre el entrenamiento del cerebro para mejorar la inteligencia general, los resultados de este estudio sobre el entrenamiento perceptivo dirigido son alentadores. Algún día podría haber una aplicación para iPhone que ayude a tu suegra a seguir una conversación en un restaurante lleno de gente o a un estudiante con un trastorno del aprendizaje a concentrarse en la voz del profesor. Los científicos solo tienen que averiguar cuál es la mejor manera de entrenar al cerebro para escuchar.

