Las muertes por sarampión van en aumento.
Los esfuerzos contra la COVID-19 están interrumpiendo los programas de vacunación.
Los países más pobres afrontan el mayor riesgo.
La COVID-19 está provocando indirectamente un aumento de muchas otras enfermedades infecciosas mortales y debilitantes, y algunos de los países más pobres del mundo sufrirán el mayor impacto. Esto se debe a que más de 13 millones de personas no recibirán vacunas que salvan vidas debido a las interrupciones causadas por la pandemia de coronavirus.
Esta contundente advertencia procede de Gavi (antes conocida como Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización), que informa que se han aplazado 14 grandes campañas de vacunación contra la poliomielitis, el sarampión, el cólera, la meningitis y otras enfermedades.
Al menos 21 países de ingresos bajos y medios ya informan de escasez de vacunas debido al cierre de fronteras y a las interrupciones del transporte aéreo, afirma la organización.
Asesinos que resurgen
En 2018, el sarampión causó 142.300 muertes. La mayoría de esas víctimas tenía menos de cinco años. El año anterior se estimaron 124.000 muertes.
La República Democrática del Congo (RDC) atraviesa actualmente el mayor brote de sarampión del mundo. Más de 300.000 personas se han infectado y ha habido más de 6.000 muertes. Esa cifra es casi tres veces superior a la de las víctimas del brote de ébola de 2018-20 en la RDC.
La OMS y UNICEF afirman que la cobertura de vacunación contra el sarampión es demasiado baja para prevenir brotes. Aunque se estima que el 86 % de los niños de todo el mundo recibió la primera dosis de la vacuna contra el sarampión en 2018, menos del 70 % recibió la segunda dosis. Para eliminar el sarampión con éxito, se necesita una cobertura de vacunación de al menos el 95 %, afirma la OMS.
De los casi 10 millones de casos de sarampión estimados en 2018, la mitad se produjo en solo cinco países: la República Democrática del Congo (RDC), Liberia, Madagascar, Somalia y Ucrania.
Entre 1988 y 2018, los casos notificados de poliomielitis disminuyeron de 350.000 a solo 33. Aunque esto representa una gran victoria para la salud pública, la enfermedad es endémica en Afganistán, Nigeria y Pakistán.
“Mientras haya un solo niño infectado, los niños de todos los países corren el riesgo de contraer la poliomielitis”, afirma la OMS.
“Si no se erradica la poliomielitis de estos últimos focos, podrían producirse hasta 200.000 casos nuevos cada año, en un plazo de 10 años, en todo el mundo.”
Una carga desigual
La intensa atención que el mundo presta a la COVID-19 significa que se están desviando recursos, dinero y personal de muchas actividades ajenas al coronavirus en un intento por aplanar la curva.
El desafío que afrontan los proyectos de vacunación en un país como la RDC se ve agravado por varios factores. Uno de ellos es que allí nacen muchos bebés cada año —alrededor de 3,5 millones, según algunas estimaciones—. Eso significa que los programas de vacunación deben llevarse a cabo cada dos años en uno de los países más extensos del mundo, aunque también con una de las densidades de población más bajas.
Gavi estima que, sin medidas de mitigación, la COVID-19 podría causar casi 13 millones de muertes en los 73 países donde opera la alianza.
“Los países más pobres del mundo necesitan más que nunca la ayuda de la comunidad internacional para mitigar los peores efectos de la pandemia de COVID-19 y garantizar que no sufran aún más muertes por enfermedades prevenibles, que podrían sobrecargar todavía más los sistemas de salud”, afirma el Dr. Seth Berkley, director ejecutivo de Gavi.
La alianza afirma que trabaja para preparar los sistemas de salud de estos países ante la pandemia y evitar más pérdidas de vidas garantizando que, cuando sea posible, continúen las inmunizaciones sistemáticas. También destaca la importancia de llevar a cabo campañas de inmunización masiva una vez superada la crisis inmediata.
“Los niños que se están quedando sin vacunar ahora no deben pasar toda su vida sin protección contra las enfermedades”, afirma Berkley. “El legado de la COVID-19 no debe incluir el resurgimiento mundial de otros asesinos como el sarampión y la poliomielitis.”


