Octubre es una época sombría del año. Se atrasan los relojes, lo que acelera la llegada de las tardes más oscuras, y los «días más cortos» inevitablemente dan lugar a peticiones para poner fin a la tradición de adelantar o atrasar los relojes.
Por supuesto, el regreso anual al hora del meridiano de Greenwich (GMT) desde el horario de verano británico(BST) no acorta los días, sino que simplemente traslada una hora de luz disponible de la tarde a la mañana. Para muchos, las tardes más luminosas son una prioridad y se presta poca atención a los beneficios de las mañanas más luminosas. Los argumentos sobre el cambio de hora suelen girar en torno a las ventajas para viajar con más facilidad durante las tardes más luminosas. Sin embargo, las investigaciones sugieren que mantener las mañanas más luminosas podría tener ventajas hasta ahora insospechadas. La luz de la mañana —más que a cualquier otra hora del día— produce poderosos efectos que estimulan el cerebro, y nos ayuda a funcionar lo mejor posible pese a la proximidad del invierno.
Toda la vida en la Tierra ha evolucionado en torno al ciclo de 24 horas de luz y oscuridad. Una señal evidente es nuestro deseo de dormir por la noche, pero la mayoría de las funciones biológicas están ajustadas con precisión al día y la noche. Nuestros cuerpos están adaptados a la luz ambiental mediante una reacción biológica en cadena.
Reacciones en cadena
La intensidad de la luz es detectada por células especiales de la retina y esta información se transmite al reloj biológico interno, situado en una zona profunda del cerebro llamada núcleo supraquiasmático. Este se encuentra en el hipotálamo, responsable de regular los procesos internos del cuerpo mediante el sistema endocrino, vinculado a la secreción hormonal a través de la hipófisis. No somos conscientes de estos mensajes luminosos, ya que no tienen nada que ver con la visión consciente. Su única función es registrar información sobre la intensidad de la luz ambiental.
La reacción biológica en cadena continúa cuando el cerebro impulsa la secreción de cortisol, la hormona adecuada para cada momento del día: niveles bajos en la oscuridad y más altos con luz. El cortisol es una hormona potente con efectos generalizados en el cerebro y el cuerpo. Se la conoce como «la hormona del estrés», pero es este patrón subyacente de 24 horas el que nos mantiene sanos.
Durante los primeros 30 minutos después de despertarnos se produce un aumento considerable de la secreción de cortisol. Se denomina respuesta del cortisol al despertar (CAR, por sus siglas en inglés) y, algo crucial, esta respuesta es mayor cuando nos despertamos con luz. Por eso, las mañanas más luminosas aumentan la CAR, lo que a su vez favorece un mejor funcionamiento cerebral para que podamos afrontar el día que tenemos por delante.
Ya hemos demostrado anteriormente que las personas más afectadas por los cambios de estación (las que padecen trastorno afectivo estacional (TAE)) presentaban una CAR más baja al despertarse en los oscuros meses de invierno. Se compararon con un grupo de personas que no se veían afectadas por los cambios estacionales en invierno, así como con ellas mismas durante el verano.
Además, quienes declaraban niveles más altos de depresión estacional, estrés y ansiedad, y un menor estado de alerta, presentaban las CAR invernales más bajas. Sin embargo, despertarse en invierno con ayuda de una luz artificial (simulación del amanecer) podía restablecer la CAR. Este hallazgo concuerda con que la exposición a la luz, especialmente a la luz matutina, sea el tratamiento más eficaz para la tristeza invernal.
Investigaciones más recientes han estudiado con más detalle la función de la CAR como parte de una secreción saludable de cortisol. Un mayor aumento del cortisol por la mañana (la CAR) se ha relacionado con una mayor plasticidad cerebral (la capacidad de aprender) y un mejor funcionamiento, especialmente en la fijación de objetivos, la toma de decisiones y la planificación (lo que llamamos función ejecutiva). De hecho, el descenso de la CAR con la edad se ha asociado a un peor funcionamiento ejecutivo.
Despertarse por la mañana es un acontecimiento biológico notable e importante: el punto de inflexión del día. Un rápido aumento de la secreción de cortisol pone en marcha el día al sincronizar numerosos sistemas biológicos. Esta potente hormona recorre rápidamente el cuerpo, donde los receptores de todas las células la reconocen. Estos receptores generan la siguiente etapa de la reacción biológica en cadena para garantizar que estemos preparados y con energía para afrontar los retos del día. Una CAR más baja significa que no funcionamos de manera óptima.
Por eso, en las oscuras mañanas de invierno puede ser más difícil producir un aumento considerable de cortisol por la mañana. Esto se debe a que tanto despertarse como la luz son estímulos para este crucial punto de inflexión del día. La falta de luz matutina puede debilitar la reacción biológica en cadena y hacer que muchos nos sintamos por debajo de nuestro nivel habitual y no rindamos al máximo. Irónicamente, esto se notaría más en quienes se ven afectados de algún modo por las estaciones. Así, quienes más se quejan de los días oscuros probablemente sean quienes más pueden beneficiarse de la luz por la mañana, en lugar de por la tarde.

