A medida que salimos de la pandemia de COVID-19, las pequeñas y medianas empresas (pymes) volverán a impulsar toda recuperación económica significativa y sostenible.
Las pymes se vieron afectadas de forma desproporcionada por 3 tendencias: la inflación de los materiales y los bienes; la «Gran Renuncia»; y una necesidad de inversión que solo se presenta una vez por generación.
Mediante una alianza con una empresa de capital privado, las pymes pueden superar los obstáculos estructurales y competir en igualdad de condiciones.
Durante tres cuartos de siglo, las pequeñas y medianas empresas (pymes) han sido el motor de crecimiento de la economía mundial. En los últimos años, han creado el 62 % de los nuevos empleos netos en Estados Unidos, y incluso más en las economías en desarrollo. No cabe duda de que, a medida que salgamos de la pandemia de COVID-19, las pymes volverán a impulsar toda recuperación económica significativa y sostenible.
Sin embargo, esta crisis no tiene precedentes en la historia reciente: la oscilación del PIB real de Estados Unidos, desde una caída del 36 % en el segundo trimestre de 2020 hasta un crecimiento del 30 % en el tercero, no tiene parangón en la historia económica moderna. Dada la magnitud de la perturbación, esto da fe de la resiliencia de nuestros sistemas económicos. Sin embargo, destacan tres tendencias que afectan de forma desproporcionada a las pymes y, por tanto, amenazan su papel como motores del crecimiento económico.
3 tendencias que generan importantes obstáculos para las pymes
La primera se ha convertido en un tema recurrente en los titulares: la inflación de los materiales y los bienes, impulsada por la geopolítica y la fragilidad de las cadenas de suministro mundiales. Según un artículo reciente del Foro Económico Mundial, las perturbaciones de las cadenas de suministro de Estados Unidos han vuelto a los niveles máximos de 2020 y siguen siendo motivo de gran preocupación, sobre todo para las pymes, cuya base de proveedores es más pequeña y concentrada que la de las grandes empresas.
A las dificultades que afrontan las pymes se suma la «Gran Renuncia», un fenómeno complejo que la pandemia ha agravado, pues los trabajadores han tenido que lidiar con tragedias personales, un entorno laboral incierto y complejo, y problemas de agotamiento y salud mental. Las pymes se ven afectadas de dos maneras. En primer lugar, es más probable que los trabajadores de primera línea y los empleados de minorías y de niveles inferiores renuncien a sus empleos, según una investigación reciente de Mercer, un perfil más frecuente en las pymes. En segundo lugar, a las pymes, con una presencia y una red de contratación más reducidas, les cuesta atraer el escaso talento disponible en comparación con las empresas más grandes.
Por último, las pymes afrontan una necesidad de inversión que solo se presenta una vez por generación. Para mantenerse al día con la Cuarta Revolución Industrial, las empresas tendrán que invertir una cifra estimada de 6,8 billones de dólares en transformación digital para 2023. Al mismo tiempo, la descarbonización de la economía afectará a todas las empresas y exigirá inversiones incluso a las que no operan directamente en sectores con altas emisiones de carbono.
En conjunto, estas tres tendencias generan importantes obstáculos para las pymes, justo cuando necesitamos que impulsen la economía mundial. ¿Cómo pueden superar esos obstáculos? La respuesta podría venir de una fuente inesperada: el capital privado.
La respuesta a los problemas de las pymes
Las empresas de capital privado ya han invertido activamente en el «mercado medio», formado por compañías con ingresos de entre 10 millones y 1.000 millones de dólares, y han aumentado el volumen de sus operaciones más de 2,6 veces en la última década. Aunque esas operaciones casi nunca acaparan los titulares, representan más del 60 % de la actividad del capital privado. Y esta actividad es la que más importa para las pymes.

Mediante una alianza con una empresa de capital privado, las pymes pueden superar los obstáculos estructurales y competir en igualdad de condiciones de tres maneras.
Formar parte de la red de una empresa de capital privado permite acceder a redes de proveedores y a las mejores prácticas de adquisición, lo que puede aumentar la rentabilidad hasta en un 10-20 %, además de propiciar alianzas más estratégicas y resilientes en la cadena de suministro. En mi propia empresa, nos asociamos con un fabricante de nutracéuticos y logramos mejorar drásticamente su cadena de suministro, no mediante recortes de costos transaccionales, sino estableciendo relaciones a largo plazo con proveedores que nos permitieron duplicar la capacidad de producción durante la pandemia.
Las empresas de capital privado también pueden ofrecer un mejor acceso al talento en todos los niveles de la organización. Es bien sabido que los altos directivos están muy alineados con los propietarios de capital privado. Se habla menos de que las empresas de capital privado pueden ayudar aprovechando su red de reclutadores y cambiando el posicionamiento de la empresa para atraer más talento. En una de las empresas de nuestra cartera, estamos cambiando el modelo de despliegue de los técnicos: en lugar de trabajar solos, lo hacen en parejas. Esto mejora la resiliencia y también ofrece un compañerismo que hace más atractivo el puesto para los trabajadores con talento. Así logramos cubrir varios cientos de vacantes y podemos seguir haciendo crecer el negocio a la par de la demanda de sus servicios.
Por último, y casi por definición, el capital privado puede ayudar a afrontar el reto de inversión que tienen hoy las pymes. Los buenos socios de capital privado ofrecen acceso a capital privado paciente que puede financiar las transformaciones necesarias para la Cuarta Revolución Industrial y la descarbonización. También pueden ayudar a estructurar eficazmente el balance, una ventaja clave a medida que el aumento de la inflación erosiona cada vez más el valor del efectivo inactivo en los balances.
Un nuevo enfoque para el capital privado
Este enfoque es más duradero y colaborativo que el que históricamente se ha asociado al capital privado. Pero en el mercado medio es el enfoque natural: en este segmento, muchas empresas están dirigidas por sus fundadores, familias o emprendedores. Buscan crear valor sostenible y dejar un legado, en lugar de obtener ganancias financieras rápidas.
Según el análisis más reciente, las empresas de capital privado de todo el mundo tienen cerca de 1,2 billones de dólares en capital «seco» a la espera de ser invertido. Aunque esta cifra suele citarse como indicador de los excesos del mercado, yo la interpreto de otra manera. Indica que el capital privado está preparado para marcar una diferencia positiva e impulsar el histórico motor de crecimiento de la economía pese a los obstáculos creados por la pandemia de COVID-19.

