Una investigación de Roche Diagnostics arroja luz sobre la importancia de superar las barreras sociales y sistémicas para la salud de las mujeres en los países de Asia-Pacífico.
La falta de programas eficaces de detección puede explicar por qué los países en desarrollo registran tasas más altas de cáncer cervicouterino.
Incluir a las mujeres en la toma de decisiones sobre atención sanitaria y adaptar las estrategias al contexto local puede ayudar a corregir las desigualdades en el acceso a la salud y mejorar la salud de las mujeres.
Australia avanza hacia la meta de convertirse en uno de los primeros países en eliminar el cáncer cervicouterino. Su innovador programa de autotoma de muestras para realizar pruebas de detección del cáncer cervicouterino a todas las mujeres y personas con cuello uterino es una de las muchas formas en que reafirma su compromiso de eliminar la enfermedad para 2035.
Al establecer su Programa Nacional de Detección del Cáncer Cervicouterino en 1991, esta nación de 25 millones de habitantes se situó a la vanguardia de los esfuerzos mundiales de erradicación. Ahora, la vacunación y las pruebas de detección continuas, una firme voluntad política y políticas respaldadas por evidencia podrían ayudar a Australia a dejar atrás el cáncer cervicouterino. Y sus logros podrían servir de modelo para que otros eliminen, durante nuestra vida, uno de los pocos cánceres que pueden prevenirse y curarse si se detectan a tiempo.
Sin embargo, en los países de Asia-Pacífico, las enfermedades específicas de las mujeres y la salud en general no se han consolidado en los debates sobre políticas nacionales, lo que deja a las mujeres en el extremo más desfavorecido de las desigualdades en el acceso a la salud.
Dar prioridad a la salud prevenible de las mujeres y sus problemas
La experiencia durante la pandemia de COVID-19 es un ejemplo claro. La emergencia mundial provocó una disminución de las tasas de vacunación contra el VPH, de las pruebas de detección y de los tratamientos, lo que hizo que más mujeres acudieran con cáncer cervicouterino en fase avanzada, que requiere un tratamiento más invasivo y menos eficaz.
Solo un puñado de países cuenta con una estrategia integral para eliminar el cáncer cervicouterino. En los países desarrollados, las tasas de incidencia de este cáncer suelen ser bajas, alrededor del 3,6 %. La carga desproporcionada del cáncer cervicouterino en los países en desarrollo y en las poblaciones con acceso insuficiente a la atención médica se debe principalmente a la falta de programas eficaces de detección.
Más allá de los esfuerzos impulsados a escala nacional, puede haber desafíos de salud claramente visibles, expectativas sociales y barreras que crean obstáculos «invisibles» e impiden que las mujeres reciban la atención que merecen.
Por ejemplo, una encuesta de Roche Diagnostics realizada en toda Asia-Pacífico a 3.320 mujeres de ocho países reveló que el 21 % de las mujeres estaba muy de acuerdo en que, por obligaciones familiares, era más probable que hubieran aplazado o evitado recibir atención médica una o varias veces.
La misma investigación concluyó que las carencias de conocimientos no eran la razón por la que las mujeres no optaban por las pruebas de detección. Las encuestadas de ingresos altos de mercados emergentes como China, India e Indonesia afirmaron tener muchos o algunos conocimientos sobre el cáncer cervicouterino (93 %, 91 % y 78 %, respectivamente). Pero sigue habiendo obstáculos para actuar: los datos citados públicamente muestran que la carga del cáncer cervicouterino en estos países no está disminuyendo y que las tasas de mortalidad por cáncer cervicouterino en China y la India siguen siendo las más altas de Asia.
Como miembros productivos de la sociedad que contribuyen a ella, las necesidades de salud específicas de las mujeres no deben ignorarse en los países de ingresos bajos ni en los de ingresos altos.
Muchas mujeres, incluidas las de países de ingresos más altos como Singapur, posponen tener hijos lo que aumenta su susceptibilidad a las complicaciones del embarazo como la preeclampsia, responsable de aproximadamente el 15 % de todos los nacimientos prematuros y el 42 % de las muertes maternas en todo el mundo. La detección temprana y una atención eficaz pueden reducir enormemente las muertes y complicaciones relacionadas con la preeclampsia, pero esta afección es difícil de diagnosticar, ya que sus síntomas —presión arterial alta e hinchazón de pies, tobillos y manos— pueden confundirse con efectos normales del embarazo.
Una mayor equidad en salud puede aumentar la concienciación y los conocimientos e impulsar medidas concretas para diseñar políticas que den a las mujeres acceso a pruebas y tratamientos que les permitan vivir más y con mejor salud.

Cambiar el relato: de la igualdad a la equidad
Hombres y mujeres se enfrentan a diversos problemas de salud a lo largo de la vida, pero cuando las barreras afectan más a un género que a otro, cabe preguntarse por qué persisten las desigualdades en la atención sanitaria.
Y, lo que es más importante, la salud de las mujeres no debe limitarse a la salud ginecológica y reproductiva. Las mujeres tienen muchas más probabilidades de presentar síntomas atípicos de infarto y de verse afectadas por enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple o el lupus.
La falta sistémica de inversión, que impide el acceso a pruebas de detección de enfermedades específicas de las mujeres, y la aplicación irregular de las directrices nacionales sobre su salud han seguido ampliando las brechas de equidad en salud. En tres cuartas partes de los casos, las enfermedades que afectan principalmente a las mujeres reciben menos financiación que las afecciones que afectan principalmente a los hombres.
El diagnóstico es un pilar fundamental de los sistemas de atención sanitaria, ya que los diagnósticos tempranos y precisos influyen considerablemente en la eficacia del tratamiento y en los resultados de salud. Sin embargo, las mujeres pueden encontrar barreras para acceder a pruebas diagnósticas, y, como sugieren los datos de la encuesta Global Value of Diagnostics de Roche realizada en Asia-Pacífico, estas barreras pueden afectar negativamente más a las mujeres que a los hombres.
Sin embargo, ofrecer pruebas como medida provisional no es suficiente. Según un informe de la Foundation for Innovative Diagnostics (FIND) y Women in Global Health, un mayor número de mujeres en puestos de liderazgo —en las comunidades, los sistemas de salud y la política— puede facilitar el acceso a las pruebas.
Aún queda mucho por hacer para fomentar un mejor acceso al diagnóstico, especialmente para las mujeres. Esto comienza con decisiones políticas que garanticen que los sistemas de salud atiendan las necesidades de las mujeres y ofrezcan pruebas accesibles y específicas para las afecciones prevalentes que las afectan.
En lugar de una solución única para todos, una estrategia adaptada al contexto local respaldará eficazmente a los sistemas de salud en desarrollo, donde la escasez de infraestructura hospitalaria o de laboratorio adecuada y de personal especializado puede generar dificultades adicionales. Los sistemas de atención sanitaria deben tener en cuenta estas diferencias al comunicar, formular políticas y financiar investigaciones, para que las mujeres puedan acceder a la información, el diagnóstico, el tratamiento y la atención que necesitan en el momento oportuno.
En el ámbito familiar, las mujeres controlan el 80 % de las decisiones sobre atención sanitaria en el hogar, pese a que a menudo experimentan las mayores brechas de acceso a la salud. . .
Allison Rossiter, directora general y presidenta de Roche Diagnostics Australia | Rohit Sahgal, asesor técnico de la Organización Mundial de la Salud
Cada cambio importa
En el centro de este cambio social y sistémico está el deseo de que todas las personas contribuyan a cambiar las mentalidades, los comportamientos, las políticas y la financiación. Sin embargo, para impulsar el cambio no bastará con empoderar a las mujeres para que ocupen un lugar más central en las decisiones sobre su propia atención sanitaria.
Mientras las naciones reconsideran cómo aplicar los recursos de manera eficiente para hacer frente a los crecientes desafíos de la atención sanitaria —el aumento de la carga de morbilidad, el incremento de los costos de la atención y el acceso desigual—, es el momento propicio para reforzar sistemas de salud equitativos que generen mayor valor para las mujeres.
En el ámbito familiar, las mujeres controlan el 80 % de las decisiones sobre atención sanitaria en el hogar. Como principales cuidadoras de la familia, conciertan citas y toman decisiones de compra relacionadas con la atención sanitaria en nombre de sus parejas, hijos y padres, pese a que a menudo experimentan las mayores brechas de acceso a la salud.
Aunque el papel de las mujeres en la sociedad ha evolucionado, persiste la presión social para cumplir ciertas expectativas que pueden influir en decisiones importantes de la vida: cursar estudios superiores, abandonar sus carreras y convertirse en cuidadoras, o casarse a la edad «adecuada». Estos factores acumulativos deben tenerse en cuenta al explicar las diferencias en las conductas de búsqueda de atención sanitaria y la infrarrepresentación de las mujeres en el sector.
Por eso, nos corresponde a todos seguir dialogando y colaborando con partes interesadas que comparten nuestra visión para crear conciencia y formular políticas que generen soluciones significativas y duraderas y mejoren los resultados de salud de las mujeres en Asia-Pacífico y en todo el mundo.

