En la era actual de internet móvil, la enorme variedad de aplicaciones instaladas en nuestros teléfonos inteligentes nos permite controlar ampliamente las comodidades cotidianas con solo tocar la pantalla.
Las aplicaciones móviles suelen dividirse en tres categorías. Las aplicaciones sociales, como la plataforma de microblogs Weibo y las plataformas de mensajería WeChat y QQ, nos permiten interactuar e intercambiar información en tiempo real. Las aplicaciones de pago móvil, como Alipay y WeChat Wallet, sirven para pagar facturas o transferir dinero. Y gracias a las aplicaciones de servicios, podemos leer noticias de The Paper, ver vídeos en plataformas de alojamiento como Tencent o iQIYI, pedir un viaje con Didi Chuxing, encontrar una bicicleta compartida a través de Mobike u Ofo, y mucho más. Todas estas aplicaciones convierten tareas que antes resultaban engorrosas en unos pocos toques en nuestras pantallas.
Para la mayoría de los adultos jóvenes y de mediana edad, las ventajas de las nuevas tecnologías superan con creces sus inconvenientes. Estas aplicaciones hacen que la vida sea más cómoda, agradable y eficiente. Sin embargo, muchas personas mayores chinas no comparten esta actitud. Para ellas, la tecnología de la información se ha convertido en una barrera que las aísla de un mundo que cambia rápidamente.
Mi padre, de 74 años, siempre ha afrontado la vida con curiosidad por las cosas nuevas. Cada vez que descubre algo nuevo, tiene que probarlo. Empezó a comprar por internet y a usar Alipay mucho antes que yo, y desde entonces se ha convertido en un experto en aplicaciones en línea. En pocas palabras, acogió el desarrollo tecnológico y ahora disfruta de sus beneficios.
Mi madre, en cambio, es todo lo contrario. A sus 64 años, es una mujer fuerte, con una sólida formación académica y profesional. Pero a menudo se siente ansiosa en su vida cotidiana, una actitud estrechamente relacionada con la omnipresencia de la tecnología.
El uso que mi madre hace del teléfono se limita a llamar, enviar mensajes y reproducir música. Conoce varias aplicaciones populares, pero no sabe utilizarlas sin ayuda. No tiene idea de cómo funciona Alipay y no entiende cómo un simple escaneo de un código QR puede descontar dinero de su cuenta bancaria. Mi familia le enseñó a pedir un taxi con Didi Chuxing, pero cada vez que lo intenta por su cuenta termina fracasando.
Últimamente, mis padres han tenido varias discusiones acaloradas por la tecnofobia de mi madre. Por ejemplo, mi padre la ayuda a registrarse para una consulta médica en línea o le pide un taxi, pero ella no entiende qué debe hacer después. Si nadie la acompaña, es probable que no llegue a sus citas.
Por un lado, me alegra ver la inmensa comodidad que el progreso tecnológico ha aportado a nuestras vidas. Gracias a la difusión de los teléfonos inteligentes baratos, la revolución de la información está ahora firmemente en nuestras manos. Podemos acceder a información, hacer compras, socializar y disfrutar del entretenimiento sin salir de casa.
Por otro lado, la difusión de la tecnología de la información beneficia principalmente a los jóvenes. Las encuestas muestran que los usuarios chinos de internet nacidos entre 1990 y 2000 han pasado, en promedio, 7,5 años conectados desde que nacieron, es decir, casi 12 horas al día. En 2014, los usuarios de entre 19 y 35 años representaban el 72 % de toda la actividad mensual en Weibo. La edad media de los usuarios de WeChat es de 26 años, y el 86 % de todos los usuarios tiene entre 18 y 36 años.
El comportamiento en línea de estos llamados jóvenes de los noventa ha desempeñado un papel destacado en la evolución de internet en China. Sin embargo, al mismo tiempo, las personas mayores quedan excluidas por el avance tecnológico. Para ellas, las aplicaciones son extrañas y abstrusas, y les causan innumerables complicaciones en la vida cotidiana.
¿Cómo podemos resolver este problema? Además de la brecha tecnológica, las personas mayores también se sienten excluidas culturalmente. Nuestro futuro digital pone el énfasis en valorar e invertir en los jóvenes. Las personas mayores que no logran integrarse en esta cultura digital simplemente se quedan atrás. Muchas, como mi madre, pierden la confianza en sí mismas.
Mi madre se queja de que la sociedad la ha abandonado. Sufre un complejo de inferioridad frente a la generación más joven. Los gerontólogos llaman a esto «teoría de la salida del rol»: tras dejar la vida laboral, mi madre tiene dificultades para encontrar y aceptar otro papel social. Los avances actuales en tecnología de la información ponen claramente de manifiesto esta teoría, pues desatienden por completo la necesaria readaptación psicológica de las personas mayores y su integración social en un mundo cambiante. En cambio, la tecnología no hace más que acelerar su marginación.
Además, vemos con frecuencia artículos en plataformas de medios que exhortan a los jóvenes a enseñar a sus padres a usar dispositivos y tecnologías digitales. Estos artículos suelen aparecer en mayor número durante el Año Nuevo Lunar, el Día del Padre, el Día de la Madre y otras festividades importantes. Aunque debemos apoyar y defender cualquier postura que favorezca cerrar la brecha generacional, también debemos tener en cuenta que buena parte de estas tecnologías está estrechamente vinculada a la prestación de servicios públicos, como pedir taxis, comprar billetes de tren o reservar una cita médica.
Al ofrecer servicios públicos, las aplicaciones también deberían tener en cuenta a las personas mayores y adaptarse más directamente a sus necesidades, en lugar de obligar a los jóvenes a asumir la tarea de enseñar a sus padres y abuelos. Por ejemplo, estas empresas podrían abstenerse de digitalizar por completo sus servicios hasta que todas las generaciones tengan un nivel similar de alfabetización informática.
Deberíamos abordar el problema desde tres perspectivas adicionales. En primer lugar, desde el punto de vista de las políticas públicas, deberíamos tratar de comprender mejor los estilos de vida y las necesidades de las personas mayores. En segundo lugar, deberíamos adaptar nuestras directrices de responsabilidad social corporativa para garantizar que las empresas utilicen la tecnología para empoderar tanto a las personas mayores como a los jóvenes.
En tercer lugar, a medida que la población de China envejece, enseñar a las personas mayores a utilizar las tecnologías más recientes no basta por sí solo para garantizarles una vida segura y cómoda. Es más importante reducir su temor a abandonar un rol y empoderarlas para que sean dueñas de su propia vida, alentándolas a encontrar nuevas formas productivas de canalizar sus energías y recordando que las mejores interacciones siguen teniendo lugar cara a cara, no delante de una pantalla.

